www.madridiario.es

Los Apisquillos, la vida en el campo

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 28 de noviembre de 2012, 00:00h
Hace más de una década que siete jóvenes decidieron dejar la ciudad y buscar la esencia de la vida en el campo. Hoy continúan con su proyecto en Puebla de la Sierra: una cooperativa de pastores con economía comunal.
Si el escritor y filósofo estadounidense Henry David Thoreau se fue a vivir a los bosques de Massachusetts en 1845 para liberarse de las ataduras de la sociedad industrial, resistiéndose a que el camino que marca esta sea el único, siete jóvenes reunidos en el colectivo Los Apisquillos hicieron algo similar, con la diferencia de que su apuesta es comunitaria, en 2001 en Madrid marchándose a un pequeño municipio de la Sierra Norte a vivir del campo.

Thoreau relató aquella experiencia en 'Walden, la vida en los bosques', una de las obras de no ficción más conocidas de la literatura norteamericana. El título toma el nombre del lago junto al que el filósofo se construyó una cabaña. El colectivo dedicado a la agroecología, que en la actualidad mantiene un rebaño de 200 ovejas y otras tantas cabras, también coge su nombre de uno de los parajes de su entorno y con el tiempo puede que también dé como fruto algún documento escrito. Esa es al menos la intención de uno de sus miembros fundadores.

Los Apisquillos empezaron en 2001. Eran cuatro chicas y tres chicos, con estudios de Agrónomos, Ingeniería Forestal, Veterinaria o Biología, que decidieron invertir el poco dinero que tenían en una nueva vida en Puebla de la Sierra, el último municipio de la Comunidad en el límite con Guadalajara, lugar que habían conocido por su trabajo en los retenes antiincendios. Las referencias con las que contaban para poner en marcha su proyecto, único en Madrid, eran algunas experiencias de pueblos okupados y algunas cooperativas francesas. Se mudaron a viviendas de alquiler de Puebla y, con las ayudas de primera instalación de jóvenes agricultores, compraron 200 ovejas, ganadería que al año siguiente ampliaron con 200 cabras. Esta rebaño sigue siendo a día de hoy su principal ocupación productiva y fuente de ingresos.

Autonomía y consenso
"Buscábamos darle sentido a nuestra actividad. No queríamos tener un trabajo asalariado. Muchas veces no sabes por qué estás trabajando y las decisiones que tomas se limitan a si compras esto o lo otro. Aquí al tener cierta autonomía material y ver que podemos alimentarnos por nosotros mismos también tenemos mayor autonomía mental. Vemos que el mundo se puede organizar de otra manera", explica pensando cada palabra Álvaro, uno de los componentes originarios de Los Apisquillos. Buen ejemplo de esta declaración de intenciones es Dani, quien lleva unos meses en el proyecto y participa en él de forma temporal. Sin quitar la vista de las ovejas que pastan en una cañada junto al pueblo, afirma totalmente convencido que le gusta esa labor. "En mi antiguo trabajo no compartía muchas decisiones. Ahora llegamos a acuerdos entre todos", comenta.

La toma de decisiones en la cooperativa se hace por consenso, un método que ha hecho familiar el 15M pero que tiene una larga tradición, y se extiende a la organización del trabajo y a la economía que gestionan de forma comunal. No tienen un sueldo cada uno, sino un fondo al que todos pueden recurrir. Cada miembros coge lo que necesita y lo apunta. "A nadie se le ha dado todavía por irse de vacaciones al Caribe", matiza Álvaro. En ese sistema la confianza es fundamental.

"Nos da para mantenernos a duras penas", indica. Más ahora que con la crisis tienen más dificultades para vender sus productos. En cualquier caso, en estos años han podido reunir el dinero suficiente para construirse una amplia vivienda en el casco urbano del pueblo. "Queríamos demostrar que se puede hacer una casa con los materiales que tienes ahí: madera de roble, tierra, piedras". También recurrieron al reciclaje, por ejemplo, usando ventanas y puertas de otros edificios. Así el coste "fue mínimo", aunque supuso "mucho trabajo".

La casa es la base de operaciones de Los Apisquillos, aunque para ser de la cooperativa no hace falta residir en este lugar. Ahora viven allí cuatro personas de manera continua y una quinta que abandonará pronto el proyecto. Pero también hay gente que pasa por esta residencia de forma temporal, porque está interesada en el proyecto o para prepararse antes de dar el salto al campo. La cooperativa hace un importante trabajo de transmisión de conocimientos sobre el pastoreo y la agroecología en general. En estos momentos, hay varias personas de estancia temporal que participan de los trabajos como los demás. Los actuales moradores tienen entre 25 y 40 años.

Trabajo intenso
De los 'exploradores' iniciales quedan tres en la actualidad, pero los miembros se van renovando cada cierto tiempo. El proyecto también crece gracias a los niños. Además, en torno a Los Apisquillos giran muchas actividades en el comarca y la casa es un centro de reunión social. "Siempre que va a entrar alguien a la cooperativa intentamos que haya contacto previo. No hay un protocolo, pero hay cosas que son evidentes", detalla Álvaro. Según explica este pastor, que además es esquilador, en este tiempo no han tenido grandes sobresaltos entre los miembros, y los problemas que han podido tener han sido por cuestiones de trabajo o de convivencia. Pese a los temores iniciales, la economía compartida "se ha convertido en algo sencillo, de andar por casa".

Cada una de las personas que ha pasado por Los Apisquillos tiene sus motivos para entrar y, en su caso, salir. "¿Tú sabes lo que es el estrés rural?", pregunta uno de los hombres que abandona ahora el colectivo influido por cuestiones personales. Él entró, según asegura, porque le gustan las cabras. "Quería levantarme y ver las montañas. También trabajar al aire libre", apunta una de las mujeres.

El trabajo es intenso. Tienen que sacar adelante 200 ovejas y 200 cabras, y eso supone llevarlas a pastar o darles de comer mañana y tarde, ordeñarlas, atenderlas en todo momento. Y después llevar al matadero los cabritos y corderos, que son la base de su economía. Asimismo, hacen yogur, chorizos y otros derivados, sobre todo para autoabastecerse, aunque también para grupos de consumo. Y cultivan algunos huertos que tienen cedidos.

El principal proyecto de la cooperativa es montar una quesería y ya tienen el local, pero por ahora las autoridades les están poniendo trabas. "El tamaño del local no tiene por qué estar reñido con la higiene. En Francia una familia puede tener una pequeña quesería en su cocina y vivir de sus animales", se queja Álvaro, quien en la línea de la Federación Estatal de Pastores pide que se cambien las leyes españolas para permitir pequeñas producciones artesanales, al igual que sucede otros países europeos.

Debajo de todo este trabajo, muy físico, subyace también una posición vital. "Es una sensación de extrañeza sobre cómo está organizado el mundo. Las imposiciones son tremendas. Se están destrozando las bases de supervivencia del futuro y estamos inmersos en una vorágine que da vértigo. Creo que todo el mundo con un poco de sentido común tiene esa sensación. Nosotros pretendemos que este sea un sitio que escape un poco a esa lógica normal ", reflexiona Álvaro, quien rehúye etiquetas y clasificaciones sobre el colectivo. "Deberíamos poder decidir más ampliamente sobre cada esfuerzo común. Delegamos todo en esta sociedad. Todo se nos escapa", sentencia.

Los Apisquillos son una apuesta por construir una organización que refleje estos ideales de autogesión y vida compartida, con el recurso principal de la vuelta al origen: el campo y la búsqueda del autoabastecimiento. El colectivo vive todavía siguiendo los ciclos naturales. Cada estación y cada temporada se respeta en el proceso productivo y las jornadas van de sol a sol.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios