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Cuando más es menos: la lista de despropósitos del Mad Cool
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(Foto: Kike Rincón)

Cuando más es menos: la lista de despropósitos del Mad Cool

lunes 16 de julio de 2018, 18:58h
Las polémicas en el Mad Cool, en esta y otras ediciones.

Nació para poner a Madrid en el mapa de los cada vez más populares festivales de música, el mapa, a la postre, de un ‘turismo de festivales’ en alza, que mueve mucha gente, mucha cultura, mucha imagen y, sobre todo, mucho dinero a lo largo y ancho del mundo cada año. Pero su voluntad de colocarse en la parte alta del ranking en sus (solo) tres años de vida le ha salido caro al Mad Cool. Mudarse de la Caja Mágica a los terrenos de Valdebebas, a espaldas de Ifema, para duplicar su aforo y acoger a unas 80.000 personas diarias ha dado como resultado una edición accidentada en la que se ha terminado hablando de todo menos de música –y la hubo, mucha, y muy buena-, y eso es lo peor que puede pasarle a un festival.

Colas de récord

En los festivales de música el tiempo se reparte entre ver/cantar/escuchar a los cabeza de cartel y hacer colas. Sin embargo, lo del Mad Cool este año se ha ido de madre.

Al final, la organización resume los muchos problemas de aglomeración en fallos técnicos relacionados con la cobertura, tanto de las PDA con las que se validaban las entradas como de los datafonos con los que se cobraba en la zona de restauración. Sea como fuere, el resultado fue el de larguísimas colas tanto a la entrada -haciendo que muchos de los asistentes entraran con los conciertos ya empezados y después de haber pasado horas esperando a una temperatura que superaba los 30 grados- como para pedir comida o bebida.

La organización pareció entender que duplicar asistentes significaba necesariamente invertir más en personal, y durante la segunda y la tercera jornada las esperas disminuyeron. Sin embargo, algunos de los asistentes han asegurado a Madridiario que “saltaba a la vista” que buena parte de los camareros carecían de la experiencia necesaria para enfrentarse a un evento de esta magnitud, provocando todavía esperas y situaciones de “poca profesionalidad”.



Transporte caótico

Ya desde semanas antes de dar comienzo el festival, quedaba en suspenso la garantía de que esas 80.000 personas diarias pudieran volver a sus casa después de los conciertos: el necesario refuerzo del transporte público mantuvo en vilo a los asistentes y no se aprobó de forma definitiva hasta apenas unas horas antes del arranque.

Finalmente, se anunció que la línea 8 de Metro abriría durante toda la noche con una lanzadera entre Feria de Madrid y Nuevos Ministerios y que habría un servicio especial de la EMT, además de los autobuses puestos por la organización y para los que había que sacar un ticket.

Sin embargo, las esperas fueron, de nuevo, larguísimas y la gestión de los autobuses privados del Mad Cool, caótica.

Hay quien ha querido hacer una metáfora visual con el autobús de la EMT que se dirigía al festival dentro del refuerzo especial para el festival y acabó suspendido de un puente. Un accidente –sin víctimas- que no tuvo nada que ver con la organización pero que muchos han elevado a la categoría de revelador.



Cancelación de Massive Attack

Si de algo sí podía presumir el Mad Cool es de haber conseguido un cartel a la altura, con nombres de la talla de Pearl Jam, Depeche Mode, Queens of Stone Age o Arctic Monkeys.

Sin embargo, ni siquiera la parte musical ha estado exenta de polémica, dada la cancelación del concierto de Massive Attack el viernes, con una actitud nefasta, eso sí, por parte de los de Bristol, tal y como han comentado a este digital asistentes al (no) concierto. Según la banda, se colaba el sonido de uno de los escenarios cercanos, aunque testimonios de quienes estuvieron en Valdebebas ese mismo día aseguran que no había interferencias significativas entre los distintos puntos del festival. Además, el resto de grupos accedieron a retrasar sus conciertos para que Massive Attack pudiera actuar en solitario y, aun así, decidieron cancelar el concierto.

Las dos anteriores ediciones

No es la primera vez que el Mad Cool se envuelve en polémica. En su primera edición, en 2016, se puso en tela de juicio la seguridad del evento a apenas una semana de su celebración, a pesar de que finalmente se desarrolló sin problemas.

El año pasado, en su segunda edición, la muerte del acróbata Pedro Aunión durante un espectáculo en directo volvió a empañar, de una u otra forma, el normal desarrollo del festival, con críticas a la organización por no avisar del suceso a los grupos que debían tocar inmediatamente después.

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