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TAL DÍA COMO HOY

Curro Romero
Curro Romero (Foto: Fselcimajo)

Curro Romero, a comisaría por negarse a matar un toro en Las Ventas

jueves 12 de julio de 2018, 07:39h

Tal día como hoy, Curro Romero protagonizó uno de los mayores escándalos que se recuerdan sobre la arena de la Monumental de Las Ventas y de su carrera profesional. El diestro, originario de Camas, se negó a matar un toro ante los presentes a la corrida. Un suceso que no sentó nada bien al público y que provocó una eufórica lluvia de almohadillas sobre las cabezas del torero y sus peones. No sin que antes, un espectador envalentonado saltase al ruedo para agredir al diestro. Una tarde para el olvido, o tal vez para el recuerdo, en la que Romero acabó declarando en comisaría y amenazado de muerte.

Un 12 de julio de 1987, la Monumental de Las Ventas sirvió como escenario de una de las estampas más inusuales del mundo taurino. El protagonista: Curro Romero; el único torero que ha sido capaz de salir a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas en cinco ocasiones y a la vez, abandonar el ruedo escoltado bajo una lluvia de objetos, insultos y amenazas.

El diestro camero primero, se negó a matar al toro por la sencilla razón de que ya lo consideró “toreao”; después sucedió lo que nadie esperaba: la invasión de un furioso espectador, cuyo motivo principal para irrumpir en la arena y golpear al torero era el sentimiento de estafa; y una escena irrepetible que terminó con el agresor por los suelos, golpeado por los peones y con Curro Romero escoltado por la policía, al término de la corrida, bajo la lluvia de insultos y almohadillas.

Cita el diario El País al día siguiente que “unas doscientas personas que le esperaban a la salida de Las Ventas impidieron a Curro abandonar la plaza. Estas personas profirieron fuertes insultos dirigidos al torero, algunos de los cuales, como "sinverguenza", "estafador" y "cobarde", ya se habían escuchado cantados a coro en los tendidos del coso”.

Tuvieron que pasar hasta cuarenta y cinco minutos de refugio de Curro Romero en los interiores de la plaza a causa del violento furor que su decisión había provocado. Mientras, los espectadores más revolucionados e incomprensibles, los de menos empatía (claramente hacia el toro), propiciaban continúas amenazas de muerte al torero culpable. Culpable de negarse a matar a un animal a quien ya le había pegado un buen ‘meneo’.

Fácil es intuir que no solo fue escoltado hasta donde las miradas del público no alcanzasen, sino que, al final, fue acompañado hasta la comisaría de Ventas donde, una vez allí el veterano Romero se negó a declarar aconsejado por su abogado. Por su parte, la Policía se limitó a tomarle declaración para hacer un informe de lo ocurrido y esta declaración, pasó al juez de guardia. Como no, el torero quedó en libertad.

La tormenta de aquel día aportó mucho más esperpentismo a una imagen decadente de la sociedad queriendo matar a quien no lo quiso hacer. Y al final, fue la misma lluvia la que disipó a los indignados sobre las diez de la noche. Una hora prudente para alcanzar a cometer un vago impulso de esperar al torero a la salida y acabar marchando a sus respectivas viviendas.

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