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ENTREVISTA

"El 11S hizo saltar las alarmas sobre la necesidad de educar en inteligencia emocional"

lunes 13 de marzo de 2017, 07:59h
¿Qué aprenden los niños en el colegio más allá de lo que hay en los libros? La psicóloga y orientadora del colegio SEK-Ciudalcampo, Sofía Gigliani, ofrece las claves de la integración de la inteligencia emocional en los modelos educativos, una tendencia al alza que, vistos sus resultados, se está extendiendo a etapas escolares cada vez más tempranas.

Es una de las imágenes grabadas a fuego en el imaginario colectivo del siglo XXI: las Torres Gemelas de Manhattan desplomándose en mitad del World Trade Center. La conmoción mundial se materializaba en cada casa, donde las imágenes se colaron en directo a la hora de comer. Según la psicóloga especializada en terapia familiar Sofía Gigliani, el impacto global de aquel atentado, de cuyo alcance informativo era imposible aislar a los más pequeños, puso de manifiesto la importancia de desarrollar la inteligencia emocional como parte de la educación más temprana; un concepto, que parte de las inteligencias múltiples definidas a principios de los ochenta por el psicólogo Howard Gardner, integrado ya a mediados de los noventa en muchos colegios de EEUU y de algunos países europeos, pero aún no generalizado en nuestro país al comienzo del nuevo siglo.

Gigliani, que trabaja actualmente como orientadora en uno de los colegios de la institución SEK -una de las pioneras en España en la aplicación de la inteligencia emocional a sus programas educativos-, apuesta por el énfasis en la educación emocional desde las primeras etapas de la escuela infantil. Un modelo que engloba colegio y familia como un todo y que, tras quince años practicándose en el centro, ha demostrado efectos positivos en el propio aprendizaje cognitivo, además de en el desarrollo individual y colectivo de los niños.


¿Desde cuándo se puede trabajar la inteligencia emocional de un niño?

Trabajamos con los niños desde incluso antes de los tres años hasta los más mayores de 18.

¿En qué consiste ese trabajo en las edades más tempranas?

Sobre todo en expresar emociones. Aceptamos que los conflictos son algo normal y natural, que no porque trabajemos con ello en casa o en el colegio van a dejar de existir. Nuestra idea es que ellos, desde pequeños, sepan detectar cuál es el conflicto y qué pueden hacer al respecto. Haciéndolo desde las edades más tempranas se consigue que de mayores tengan esas capacidades adquiridas. El trabajo consiste en expresar sentimientos, que sepan qué significa cuando están rabiosos, cuando están contentos o cómo se pueden motivar. Trabajamos mucho la autoestima y la autosuficiencia: ellos mismos proponen ideas sobre sus sentimientos y qué hacer para afrontarlos; es lo que llamamos, dentro del programa de Inteligencia Emocional, la Resolución Creativa de Conflictos, una creatividad que parte de ellos mismos para solucionar sus problemas.

¿Cómo se llega a esa creatividad y autosuficiencia? ¿Qué tipo de actividades o estrategias pueden aplicarse con niños tan pequeños?

Hablando mucho con los profesores y, en especial, haciendo mucho trabajo en equipo, siempre de forma colaborativa, desde los más pequeñitos. Por ejemplo, se hace un círculo y cada uno expresa cómo está ese día: yo estoy contento, hoy me he levantado revuelto, tengo hambre. A veces, también a través de dibujos: una cara triste, una feliz. Al final, con las limitaciones de un niño de entre tres y seis años, cada uno es capaz de expresarse. Aprenden a ponerle palabras a lo que están sintiendo, que creo que es una de las cosas que más le cuesta incluso a un adulto. Y no sólo ponerle palabras para uno mismo, sino poder expresarlo hacia los demás, e incluso pedir al resto algo que uno necesita para sentirse mejor: a lo mejor hoy tengo un mal día, me he peleado con alguien en el patio y necesito encontrar mi tranquilidad un rato, quizás resolver el conflicto más tarde. Aprender a identificar y transmitir esos tiempos también es importante.

Este tipo de ‘asambleas’ se hacen todos los días. En los más mayores, a partir de primaria, sí que hay unas tutorías específicas, más estructuradas, pero en los pequeños es algo transversal a través de actividades constantes. El objetivo es que se convierta en algo natural.

Esta tendencia hacia la naturalidad, ¿debe implicar también el trabajo con las familias?
Sin duda, las familias tienen que formar parte de este modelo educativo. Nosotros en el colegio podemos dar unas pautas, pero si esa base educativa se refuerza en casa va a ser mucho más sólida. Si nosotros hablamos en un idioma en casa y otro en la escuela, es más difícil que cale. Con esto pasa lo mismo: si nosotros hablamos de unas cosas y en casa hablan de otras completamente diferentes, es difícil que el niño entienda bien cómo crecer de manera sana y tranquila. La institución SEK es para mí algo bastante poco común dentro de la enseñanza en España. Lo más importante para mí es que este modelo te forma como persona, no sólo a nivel educativo entendido de manera tradicional, y los padres tienen que elegir si quieren este camino.

¿Cómo se trabaja con los profesores para que sean capaces de hacer ese trabajo desde las aulas?

Los profesores de este tipo de centros deben estar formados en inteligencia emocional. En SEK hemos desarrollado desde formaciones impartidas por profesionales de la talla de Linda Lantieri, compañera de David Goleman –principal divulgador del concepto de inteligencia emocional-, hasta charlas de los orientadores y programas de valores o mediación.

Es una concepción relativamente nueva de lo que tiene que ser el aprendizaje en el colegio…

Antes se educaba en callarte las emociones, en no expresar. Ahora al revés: se educa en expresar, en contar, en que si tienes un momento de rabieta de cara al público, se acepta, aunque a todos nos puede dar un poquito de vergüenza, como algo natural. Antes era algo mucho más reprimido. Las sociedades están aprendiendo que cuanto más expresemos, más sanos seremos, a nivel individual y a nivel grupal.

¿En qué momento nos damos cuenta de que es importante este tipo de educación emocional en la escuela?

En estos colegios empezó, en concreto, a raíz del 11S. El caos que se creó en el mundo hizo saltar las alarmas también en ese sentido: en la necesidad de centrarse en la educación emocional, en valores y empatía. Desde entonces, hemos tenido muchos programas que se han ido renovando y reestructurando con el tiempo.

Con la perspectiva que dan ya quince años con este tipo de programas, ¿qué se nota, a medida que crecen, en los alumnos a los que se ha educado en base a las inteligencias múltiples?

Pues, por ejemplo, en que un niño con diez años sabe perfectamente lo que es la empatía, sabe identificarla, explicarla y practicarla. Se nota en la autoestima, sin duda: en ser capaz de mostrarte cómo eres ante los demás y también en entender y aceptar cómo son los otros. Se nota en la capacidad de enfrentarse a situaciones difíciles: desde una presentación en público a una tarea complicada, pasando por una competición deportiva. También en la facilidad para trabajar en equipo, algo con lo que nos encontramos frecuentemente de mayores. Desde pequeños, se sientan en mesas intentando fomentar las habilidades: el que habla inglés fenomenal con el que habla un español perfecto, y hay que trabajar con el de lado. Eso se convierte a la larga en natural.

Se nota mucho, además, en las capacidades para resolver conflictos, ya no problemas difíciles, sino conflictos del día a día que son los que realmente a la mayoría nos pesan: conflictos con un alumno, con un profesor, en casa con los hermanos… cosas cotidianas. Cuando son un poco más mayores, en torno a los diez años, proponemos a niños como mediadores de conflictos, a los que llamamos SEK managers. Les formamos en comunicación y escucha activa y les damos la misión de mediar entre alumnos, normalmente más pequeños, que tengan algún conflicto, siempre y cuando sea un problema adecuado a la edad del mediador, claro. Te das cuenta de que los niños son mucho más creativos que nosotros y de que entre ellos se entienden mejor. Nosotros decimos que hablan el mismo idioma, que no siempre es el mismo que el del adulto, y a veces valoran mucho más las opiniones de sus iguales.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4622 | Andrea - 13/03/2017 @ 18:06:35 (GMT+1)
    ¡¡Qué interesante!!

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