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La lideresa les miraba con un aire indescifrable, ya no con la mueca burlona de antes pero tampoco sabiendo si tomarles en serio
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La lideresa les miraba con un aire indescifrable, ya no con la mueca burlona de antes pero tampoco sabiendo si tomarles en serio

Capítulo 6. 'La lideresa'

Capítulo 1 'Rosita'

Capítulo 2 'Alianzas'

Capítulo 3 'Cibeles'

Capítulo 4 'Cataluña'

Capítulo 5 'Los bajos fondos'

En la planta que ocupaba el partido conservador en la calle Mayor reinaba una actividad frenética. Según se abría la puerta metálica, un bombardeo de mensajes (como en Cuba, pero al revés), golpeaba sin piedad el aparato simpático y parasimpático del visitante: “La derecha es lo que mola” (rezaba una pancarta encima del mostrador de entrada). Un poco más allá, en los trozos de pared que dejaban los amplios ventanales que daban al callejón lateral de la calle Mayor, enormes posters de campañas realizadas: “Los impuestos, inmorales, que los pague Evo Morales” o “Paloma: es lo que tiene”.

Justo antes de entrar en el despacho del fondo, el más amplio y luminoso, al que se accedía teniendo que teclear unas claves de un código secreto que cambiaba cada día, que tenía los cristales tintados para que no se viese quién estaba dentro, el despacho en el que dos veces al día se hacía un barrido anti-micrófonos, y al que las señoras de la limpieza sólo podían entrar acompañadas por el segurata contratado por el PP… en suma, el despacho de Paloma Larrañaga… justo antes, había una pizarra con los lemas del día. El que había cuando llegaron los decrépitos conjurados decía: “RECORDAD: los de Ciudadanos, son unos enanos”.

Un grupo de escolares de colegios (concertados, por supuesto, y regentados por la empresa de un yerno de la lideresa) freía a preguntas al relaciones públicas que les atendía:

- Y oiga usté, ¿por qué se llaman todos Pepe, aquí?

- No, niño, Pepe no, PP. No es un nombre, es un partido político

- ¿Cómo que no? -Insistía el coñazo pitagorín- Será un nombre de un partido político, pero nombre es –dijo ajustándose las gafas de culo de vaso.

- Bueno, quería decir que no era nombre de persona –dijo el relamido guía un poco mosca.

- Anda, pues mi padre, cuando quiso llamar a un hermano mío Aznar,

y le dijeron que no podía, le puso Pepé

El relamido le miró con ojos de fulminar

- ¡Coño! Que Pepe sí se puede poner…

- Pero ¿no nos ha dicho que no era un nombre y no se podía poner? –Dijeron veinte voces infantiles incordiantes y chillonas…

Varios asesores tuvieron que hacer el boca a boca al relaciones públicas que se había desmayado

- ¡Qué asco! Decía el pitagorín.

- Que lo haga un vigilante de la playa, apuntó un niño con aspecto marciano

Un asesor se asomó desde el despacho de la lideresa

- ¡Coño! Largaos a otra parte que aquí estamos trabajando…

Desde dentro se oyó una voz chillona. Era la voz de Paloma Larrañaga, una mujer de edad madura, que había sido pintona y de la que destacaban, sobre su cara un tanto afilada y enmarcada por un peinado con teñido rubiejo, cardado estilo-señora-conservadora, unos ojos penetrantes que daban, junto a una heladora sonrisa, un aire terrorífico a su persona. Paloma Larrañaga había sido TODO en política y gran valedora de la facción más conservadora del partido conservador: concejala, diputada, ministra, presidenta del senado, presidenta regional. Cuando daba por hecho que sería la siguiente alcaldesa (el partido conservador había conservado la alcaldía de Madrid por veinticinco años), la aparición de Marisa Cantera había trastocado todo lo previsto y el cataclismo era absoluto en sus filas.

- ¿Han llegado ya esos coñazos? ¿Digo… - al ver que uno de los niños asomaba la cabeza por la puerta- …esos ciudadanos?

- Sí, oh, lideresa, han llegado –dijo el asesor que antes había espantado a los niños

- Pues que esperen… ¿Cuánto les ponemos Josep Lluis? –dijo la lideresa con sorna-

El aludido era un hombre de baja estatura y muy vivaracho. Su cara aniñada y las grandes gafas y su abundante cabellera de rebelde peinado, le daban un aire adolescente. Su rabieta, era como la de un alumno con su profesora.

- Paloma, ¡que no me llames Josep Lluis!, soy José Luis… y ¡soy abogado del Estado! ¡Y no sé por qué no puedo ponerme pantalones largos cuando estamos en Mayor…!

- Te lo he explicado mil veces… Por disciplina, como ejemplo de jerarquía. A lo mejor llega un momento en que tú me sucedas… o a lo mejor no… A lo mejor me sucede Percival…o a lo mejor tampoco – jugueteaba la lideresa con un afilado abrecartas- A lo mejor me sucede Íñigo…

- ¡No! ¡Yo! ¡Yo voy a sucederte, Paloma…-decía el concejal bajito desde su silla puesta más baja todavía, que casi rozaba el suelo-

- Bueno, bueno, ya veremos. Íñigo es más listo que tú y Percival tiene

un nombre mucho más elegante… ¿No crees? Para que seas tú mi sucesor ¿Qué es lo que tienes que hacer, Josep Lluis?

- ¡Morder, morder y ladrar al que tú me digas!

- Muy bien, ¿y qué más?

- Eeee…pues –dudó mirando a su alrededor- pues… ¡no hablar nunca de las bolsas de basura que te dejó Nachete!

La lideresa casi le lanza el abrecartas, y le lanzó una mirada de acero:

- Pero, ¡qué sabes tú de eso, mierdecilla!

- ¡Nada, nada!, ¡no existen!, no sé de qué me habla, señoría, no sé, no sé, ¡de verdad!... No me consta…

La mujer sonrió satisfecha de ver el pavor que provocaba:

- Bueno, bueno… tranquilo, tranquilo. Ya pasó, ya pasoooó. ¿En qué estábamos? Ah, sí. ¿Cuánto hacemos esperar a estos que vienen a contarnos una cosa rara de Cataluña? Otra más…

- Pues lo normal… ¿media hora?

- ¿Cuánto llevan?

- Veinte minutos

- Bueno, que pasen ya, que tengo prisa. Tengo que ir a Génova y antes pasarme por la peluquería.

- ¡Estás estupenda, Paloma!

- No me hagas la pelota, idiota, que al cabo de tantos años tengo un master en peloteo. Un master de verdad, no como el de Casadillo… En fin, que pasen.

Genaro y Aurelio entraron como quien entra en la casa de la bruja del bosque. La sonrisa y la mirada de la lideresa eran exactas a la de la serpiente del Libro de la selva. No podías apartar la mirada. Su embrujo te atrapaba inmediatamente. La hipnosis era total, y ella lo sabía…

- Hola, queridos ciudadanos –les dijo tendiéndoles la mano

Como dos autómatas, los vejetes extendieron sus manos con los brazos ridículamente rígidos y empezaron a balbucear:

- Gra, ¡gracias por recibirnos, presidenta! –dijo Genaro

- Sí, recias por agraciarnos – farfulló Aurelio

Encantada de ver su turbación, Paloma le indicó al concejal pequeñín que les sentara en dos incómodas sillas

- Pues vosotros diréis. ¿En qué os puede ayudar el partido popular? El partido que, os recuerdo, ganó las elecciones –añadió mirándoles burlonamente mientras se sentaba enfrente en un cómodo sofá y plegaba su elegante falta inglesa-. De no ser por el botarate de Carmona, ahora no estaría esa malvada Cantera… En fin, la vida sigue.

¿Qué queréis? –les apremió

Sólo ese levísimo cambio de registro les atemorizó tanto que no sabían cómo empezar:

- Yo… este… mi primo… en Cataluña…

- Los de Esquerra Republicana…

- Que quieren las pensiones…

- Por la puerta de atrás…

Paloma les miró como a dos escapados del psiquiátrico y ya estaba a punto de largarles sin contemplaciones, cuando Genaro por fin acertó a explicarse y soltó un chorro todo seguido:

- Mire, Señora Larrañaga: tengounprimoenelCNIcatalánquehadescubiertoquelosdeEsquerra quierenhacerseconlaspensionesdeloscatalanesporlapuertadeatrásy hanpuestoenmarchaunmecanismoparahacerlo…

- ¡Dios mío! -dijo tronchada- ¡Respira, criatura! Que te va a dar algo…

Genaro, que estaba entre rojo y morado, aprovechó la interrupción para tomar aire y serenarse un poco

- ¡Gracias, presidenta! Es que estoy un poco nervioso…

- José Luis, tráele un poco de agua a este hombre, que se nos queda en el sitio…y lo tengo ya muy lleno de cadáveres –guiñó un ojo al concejal…políticos, se entiende…

Tras el trago de agua y ya un poco más calmado, continuó Genaro:

- Pues lo que le decía. Como han descubierto que sabía de la operación y no era de su cuerda, le han obligado a jubilarse. Pero mi primo es un patriota y va a venir a Madrid a reventarles el plan…

La lideresa les miraba con un aire indescifrable, ya no con la mueca burlona de antes pero tampoco sabiendo si tomarles en serio

- ¿Tú qué opinas José Lluis? –volvió a medio bromear

- Pues que habría que ir a la policía y que hagan su trabajo ¿no? –dijo mirando hacia arriba desde su sillita

- Quizás sería lo correcto. Podemos hablar con el ministro. Es un

zoquete, pero es mentarle Cataluña y se transfigura. No es que se vuelva más listo, pero por lo menos suelta por un rato la estampita de la virgen y te hace caso…

Genaro volvió a aturullarse.

- Bueno… la cosa es que… mi primo…

- ¿Qué pasa con tu primo? joroba –dijo ella ya impaciente

- Pues que… él quiere contárselo a Marisa Cantera, que dice que es jueza y la más independiente de España y que seguro que ella lo para…

Como si le hubiesen mentado al demonio, la presidenta dio un bote en el sofá y se quedó, amenazadora, de pie ante ellos, echando fuego:


¿Cómo? ¿Qué se lo quiere decir a esa? haciendo aquí, haciéndonos perder el tiempo, pedazos de…?

Genaro casi se arrastró por el suelo y con un hilo de voz pudo decir

- Noooo, Presidenta…Es que yo creo que sólo usted puede enfrentarse a los catalanes. La alcaldesa va a recibir un día de estos a esa gente y seguro que la lían. Se lo quería decir a mi primo cuando venga, pero antes quería saber si ustedes nos podrían ayudar…

Paloma se había acercado a su escritorio, había recuperado el afilado abrecartas y se pinchaba suavemente un dedo.

- Bueno, eso es otra cosa…Dile a tu primo que o ella o yo, pero que no me pienso meter a esta merdé si Cantera está también en medio

Sin dejar de mirar el afilado abrecartas que manejaba, los conjurados se levantaron y caminando hacia atrás, se fueron retirando prudentemente:

- Por supuesto, sí, muchas gracias, se lo diremos, por supuestos, hasta adiós, muchas prontos, gracias, adiós.

Y con gran alivio cerraron la puerta tras ellos.

Autor : Luis Cueto.
ilustraciones: Danish Xavier J. Morales B.

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