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TAL DÍA COMO HOY

El intermitente descanso eterno de la duquesa de Alba
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(Foto: Juan Luis Jaén)

El intermitente descanso eterno de la duquesa de Alba

sábado 17 de noviembre de 2018, 09:00h
Tal día como hoy, en la antigua Sacramental de San Isidro de Madrid, el cuerpo ya enterrado de María Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, fue exhumado por segunda vez, bajo la inspección de tres doctores para poder ser estudiado y concluir si realmente la duquesa había sido envenenada o no en 1802, año en el que falleció a la pronta edad de 40 años. Su cuerpo, al ser descubierto, se econtraba con un pie amputado y una pierna a medio serrar.
Un 17 de noviembre de 1945 se puso fin al mito. La desdichada, María Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, quien fue la XIII duquesa de Alba, era interrumpida de su descanso eterno para, de una vez por todas, confirmar si las conspiraciones fueron ciertas o no.

La muerte de la duquesa de Alba estuvo rodeada por un aura de misterio y crimen desde el día de su sepultación en 1802. Con su fallecimiento prematuro a los 40 años, las cábalas que comenzaron a circular por aquel Madrid coincidían en que podía haber sido envenenada por sus sirvientes o incluso por parte de Manuel Godoy bajo las instrucciones de la esposa del rey Carlos IV, la reina María Luisa de Parma, con quién mantuvo una declarada enemistad por disputas amorosas.

Aclarado el misterio, los doctores presentes en el desentierro confirmaron que su muerte fue atribuida a una meningoencefalitis de origen tuberculoso, lo que puso punto y final a la leyenda del presunto envenenamiento.

La caprichosa casualidad de la historia quiso que esta segunda exhumación coincidiese con la practicada a la propia duquesa, casi un siglo antes, en 1842. En aquella ocasión, también, tal día como hoy, la interrupción del descanso de la noble Cayetana se debió a la orden de traslado de sus restos desde su sepultura original en la capilla de los Alba en la Iglesia del Salvador y San Nicolás al cementerio de la Sacramental de San Isidro. La sorpresa de de esta casual efeméride fue que los encargados de manipular sus restos descubrieron que el cuerpo de Cayetana había sido parcialmente mutilado: tenía las piernas serradas y le faltaba un pie. Sin embargo, esta no acarreó más misterio que el de la ocupación dentro del ataúd. La duquesa de Alba era demasiado alta e impedía su correcta colocación en el féretro, por lo que los encargados optaron por esta rudimentaria práctica.
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