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Dispuestas a luchar, las mujeres llegan al centro embarazadas o con su bebé en brazos.
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Dispuestas a luchar, las mujeres llegan al centro embarazadas o con su bebé en brazos. (Foto: Kike Rincón)

Madres sin recursos: el punto y aparte que lo cambia todo

Un centro maternal como la Residencia Norte de Madrid ofrece mucho más que techo y comida. Aquí la mujer recibe asistencia psicológica, se forma, aprende a buscar trabajo y a ejercer una maternidad positiva. Además de ayudas, tiene responsabilidades. ¿El gran objetivo? Que tome las riendas de su vida.

Desde fuera, parece un edificio residencial más. Al entrar, se empieza a adivinar que sus paredes no solo ofrecen cobijo y alimentación. Se respira vida y juventud; optimismo a pesar de todo. Y espíritu de superación. Las residentes de un centro maternal son mujeres y luchadoras. Todas arrastran una mochila vital que pesa tanto que les nubla el futuro hasta hacerlo desaparecer.

Algunas han sido abandonadas; muchas, maltratadas. A todas les ha fallado su entorno más íntimo. A la Residencia Norte de la Comunidad de Madrid llegan, en un momento de máxima fragilidad, embarazadas o con su bebé en brazos. Pero quieren salir adelante. Tienen la firme determinación de hacerlo y allí las ayudan, las guían y les dan la mano para que lleguen a ser madres y mujeres independientes: ese es el principal objetivo. “Es un lugar en el que reparar daños y donde impulsarte para la vida”, resume Ángeles San José, su directora.

Detrás de esa descripción se esconden el dolor, la incertidumbre y el miedo. “Cuando llegan aquí se encuentran en una situación de máxima vulnerabilidad. Generalmente, hay una desestructuración familiar sostenida en el tiempo. Por ello, cuando surge la maternidad se encuentran aisladas y en situaciones de exclusión social bastante graves”, explica San José a Madridiario.

Ayudas y responsabilidades

Se sienten solas, perdidas y no tienen recursos. Pero es entonces cuando subyace su gran aliada, la resiliencia: “Hacen un punto y aparte para poder tomar impulso”. No obstante, “es esencial que tengan voluntad”: “No podemos introducir en ellas algo que no quieran recibir. Pero la mamá que quiere un cambio tiene todos los instrumentos a su mano para poder hacerlo”.

El giro en sus vidas pasa por una formación integral: aquí aprenden a ser madres y construyen su futuro. En esta residencia reciben mucho más que techo y comida. Aquí les ofrecen asistencia psicológica, reciben formación, buscan trabajo… Además de ayudas, tienen responsabilidades. Y un gran objetivo: tomar las riendas de su vida. “Es un centro formativo y educativo” que se adapta a las circunstancias y necesidades de cada residente, ya que, por ejemplo, “una adulta de 30 años no tiene los mismos intereses que una niña de 14”.

Fortalecer su autoestima y huir de la violencia de género son solo dos de los muchos aspectos que se tratan “para desarrollar habilidades sociales y tener unas relaciones normalizadas”. También se trabaja en una maternidad positiva y el vínculo madre-bebé, que “a veces no está establecido”, advierte Charo Sabio, subdirectora del centro.


“Trato de ser la mejor madre para mi hijo”

Como sucede con el programa de renuncias hospitalarias, el proyecto refleja la “importante labor que desarrollan los Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid”, afirma Alberto San Juan, director general de la Familia y el Menor del Ejecutivo autonómico: puede ser la madre quien pida ayuda o que un trabajador social le ofrezca este recurso. “A partir de ahí se abre un proceso para fijar una entrevista en la que nos conocemos, sabemos cuáles son sus intereses y vemos si hay un acople y está interesada en venir”, detallan las responsables de la residencia.

Una de ellas es Carmen, a quien se le ilumina la mirada cuando se refiere al centro y a su pequeño. Tras hablar con una asistenta social, llegó aquí sin miedo, pero con una lógica incertidumbre: “Siempre tienes la duda de con qué te vas a encontrar, cómo va a ser, qué clases de personas hay… las preguntas que creo que se haría cualquier persona”, confiesa a este digital.

“Trato de ser la mejor madre para mi bebé”, dice con satisfacción. El balance de sus primeros meses en la Residencia Norte es “muy bueno”, y no solo porque ha encontrado empleo: “Aprendes a tratar a tu hijo, qué hacer para que esté a gusto, te ayudan a buscar trabajo…”. Ella no olvida ni su pasado ni sus raíces, pero mira al futuro con optimismo y fortaleza. Sabe que lo mejor está por venir. “Te enseñan a administrar el dinero, y eso también es muy importante porque el día que salgas de aquí tienes unos ahorros”, reconoce agradecida.


Del piso de acogida a ‘volar’ con sus bebés

Algunas veces el camino es más largo que otras, pero siempre da sus frutos, lo que se traduce en el nivel de autonomía de la madre. Los primeros pasos, mucho más vigilados, los da en un piso de acogida, donde prueba su adaptación al centro. “Si todo va bien y el proyecto le encaja, pasa a un piso de consolidación”, explica la máxima responsable.

Un año después, las mayores de edad deciden qué senda toma su camino: se pueden marchar o ir a un piso de autonomía, donde dos días a la semana reciben la visita de las educadoras para desarrollar programas de formación a la carta. “Para pasar ahí tienen que estar trabajando”, al igual que para dar el salto casi definitivo, el piso de independencia, donde “acaban de aquilatar las condiciones de vida externa”: “Ahí ya prácticamente nos retiramos, solo las visitamos una vez al mes”, añade San José.

Que llegue el momento de echar a 'volar' con sus bebés, una vida reestructurada y un futuro que parecía imposible es cuestión de tiempo. La actitud la tienen cuando llegan al centro maternal y la demuestran día a día durante su estancia: “Lo más importante es que hayamos creado una semilla para el cambio y que la madre salga con la sensación de que se lleva una armadura”. En definitiva, un centro maternal, la Residencia Norte, en el que digerir el pasado, gestionar el presente y forjar el futuro. “Que la mujer con problemas, embarazada o que ya haya dado a luz, sepa que tiene opciones”, recuerda San Juan. Para ella y para su hijo. “Reestructurar tu vida sin olvidarte de que tienes un pasado”, sentencia la directora.

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