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Representación de La Celestina (Compañía Nacional de Teatro Clásico)
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Representación de La Celestina (Compañía Nacional de Teatro Clásico) (Foto: Sergio Parra)

‘La Celestina’ o José Luis Gómez

martes 12 de abril de 2016, 17:40h
La Compañía Nacional de Teatro Clásico se apunta otro tanto –ya no quedan entradas- con la producción de ‘La Celestina’ que dirige y protagoniza José Luis Gómez. Una propuesta inquietante y con cierta sordidez sobre la famosa alcahueta y sus víctimas. Gómez plantea una hermosa escenografía que puede ser cualquier callejón o laberinto de una judería. Pasarelas y escaleras intercomunicadas para el tránsito de los protagonistas y la figuración.

La mancebía de Celestina surge siempre del sótano, de los bajos fondos. No necesita más ambientes el director. La circulación de los personajes nos va ubicando en cada escenario. Esta opción también tiene algunas dificultades, porque las acciones muy laterales quedan ocultas a buena parte de los espectadores que no están frente al escenario. El vestuario es extraño en su conjunto. Especialmente el de Celestina. No sabemos si va a subir a un tablao a arrancarse por soleares o va a hacer los baños del teatro.

José Luis Gómez no se ha resistido a encarnar a la puta vieja con una caracterización que, para mí, lo convierte en la máscara de Rodero. Creí estar viéndolo durante toda la representación. No es tan raro –pero no frecuente- que los grandes personajes sean interpretados por actores de sexo diferente al indicado por el autor. El mismo José María Rodero, cuando cayó enfermo de muerte, estaba a punto de estrenar ‘Hazme de la noche un cuento’, convenientemente travestido. Facio convirtió en 1976 a Ismael Merlo en la Bernarda Alba. Y no pasó nada, porque tampoco aportaba nada al texto. Más habitual es que mujeres den vida a personajes masculinos, desde Próspero a Hamlet o Segismundo.

Así que Gómez se plantea a sí mismo el reto de feminizar o, por lo menos, asexuar a la Celestina. Habrá a quien entusiasme su trabajo y a quien no. A mí me dejo frío, tal vez porque no entiendo qué quiere conseguir con este cambio de sexo. Por otra parte sus frecuentes subidas y bajadas por las pasarelas acaban lastrando el ritmo del espectáculo en general, que adolece de una escasez de tensión dramática.

Como suele pasar en este tipo de obras, los personajes de segunda fila acaban apoderándose del protagonismo. Aquí Pármeno, Sempronio, Areusa y Elicia acaban destacando por las eficientes interpretaciones de Torrijos, Inma Nieto, Nerea Moreno y Miguel Cubero. Por cierto que hemos visto otros montajes de Celestina más ‘desvergonzados’ que éste. Por ejemplo el de Facio en el Círculo de Bellas Artes en 1984.

‘La Celestina’ como tantas obras clásicas, suelen tener el problema del final. Aquí, cuando muere Celestina, deja de interesarnos lo que pasa en el escenario. Y todavía hay que pasar el largo monólogo de Melibea contándonos todo lo que acabamos de ver y el larguísimo del padre, lamentando sus desventuras.

Formalmente esta Celestina es un espectáculo cuidado y original. Yo echo de menos más dinamismo, más libertinaje y tensión dramática. Creo recordar que a la versión de Marsillach de 1988, en este mismo escenario, también le advertí las mismas carencias. Tal vez el problema no sea del trabajo teatral sino del texto en sí, de la traslación de una novela a la escena.

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