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Esperanza Aguirre durante un acto con Ana Botella en el Ayuntamiento de Madrid.
Esperanza Aguirre durante un acto con Ana Botella en el Ayuntamiento de Madrid.

Esperanza Aguirre, la concejala

miércoles 29 de abril de 2015, 07:30h
Esperanza Aguirre fue concejala municipal durante trece años, siete de ellos en el equipo de Gobierno. Madridiario ha buceado en la hemeroteca para explicar la carrera municipal de la candidata del PP a la Alcaldía de Madrid, que llegó a ser la primera mujer presidenta del Senado, presidenta de la Comunidad de Madrid y presidenta del PP de Madrid.

"Es una concejala con vocación de ministra de la guerra cuyo único rasgo de modernidad, como el del resto de políticas del PP, es ponerse una minifalda, con permiso del Opus Dei". Así definía la portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, Dolores García Hierro, a Esperanza Aguirre. La derecha la alababa. En el diario ABC un columnista se refería a ella como "una política de discurso político refrescante y juvenil que ha sabido tomar lo mejor de la tradición de Adam Smith y Jeremy Bentham, y combinarlo con la lógica evolución liberal, hasta Margaret Thatcher", entonces tan en boga. Fue la política que Álvarez del Manzano echó del Pleno porque se negaba a dejar de decirle a los concejales de Izquierda Unida que el comunismo era un régimen tiránico y que la Pasionaria no se merecía una placa en Madrid. Una mujer que no dejaba indiferente.

En la oposición, entre 1983 y 1989, pasó por Unión Popular, Unión Liberal y Alianza Popular. Era portavoz popular en la Concejalía de Cultura y en el distrito de Moncloa. Pero fue desde su entrada en el Gobierno municipal, tras la moción de censura a Juan Barranco, cuando inició su carrera meteórica, que la llevó de ser una edil desconocida a ministra de Educación en el Gobierno de Aznar. Comenzó siendo la responsable municipal de Medio Ambiente. La ciudad tenía un serio problema de limpieza en las calles y los parques, los vertederos estaban a punto de colmatarse por la producción de basuras, la contaminación superaba los límites marcados por Europa y el Retiro agonizaba.

Su primera acción municipal fue la habilitación de un nuevo vertedero en la carretera de Burgos, tras la transformación de los de El Guijarro y San Martín de la Vega en parques. Fue un desahogo para la capital pero no evitó que desapareciesen las últimas huertas del río Manzanares. Sin embargo, su primer campanazo fue la recuperación definitiva de la Patrulla Verde para investigar situaciones medioambientales lesivas para los madrileños. Limitó el ruido de las sirenas de servicios públicos y estableció un sistema de multas para las alarmas antirrobo de particulares que superasen un nivel de decibelios. Comenzó a cerrar discotecas, como por ejemplo la famosa 'Jácara', y declaró zonas de protección de ruidos en la práctica totalidad de las áreas de ocio del distrito de Chamberí. Estableció medidas restrictivas contra el ruido, como la obligación de los locales a contar con aparcamiento o la limitación de los horarios de carga y descarga.

En ese primer año se enfrentó a una huelga de jardineros porque solo cobraban 65.000 pesetas y otra de transportistas de escombros, que criticaban los pésimos accesos al vertedero de Valdemingómez. También cerró por la noche el Retiro y planteó el uso del gas licuado en la EMT, los surtidores de gas en gasolineras para taxis, la subvención de catalizadores de gas en el transporte escolar y la carga y descarga, para reducir el NO2, cuyos niveles alcanzaban entre 200 y 300 microgramos por metro cúbico.

Puso en marcha la campaña 'Un árbol, una vida', en la que, por cada nacido en Madrid, se plantaba un árbol acompañado de una placa con el nombre del neonato. Fue el primer escándalo que envolvió a Aguirre. Poco tiempo después se conocía que adjudicó por 34 millones de pesetas la campaña publicitaria del proyecto a la empresa 'Sponsoring & Mecenazgo', en la que trabajaba su hermana. No fue el único problema que tuvo al comenzar la legislatura de coalición. Relevó a la responsable municipal de Parques Singulares, Coral Palomera, y a varios jardineros por la poda de plátanos del Retiro. Al grito de "la poda es la causa de la muerte de miles de árboles", cortó de raíz el grifo presupuestario a la campaña sistemática de podas, lo que le valió las críticas de la oposición y de algunas asociaciones ciudadanas, que le culparon del incremento de alergias que se produjo al año siguiente. También restringió la plantación de acacias, en favor de los castaños de indias, los madroños y los manzanos; e impulsó el trasplante de árboles mediante escayolado y la recuperación de la rosaleda del Parque del Oeste.

El centro, 'hotel' de mendigos

Esperanza Aguirre estrenó 1990 recogiendo excrementos de perro en la Plaza Mayor delante de los periodistas para presentar sus 'motocacas'. Sin embargo, su actuación más estratégica fue la implantación de un plan de rehabilitación del Retiro en el que pretendió sacar del parque la Feria del Libro y todos los eventos, para reducir el estrés de las plantas, que fueron pasto de la grafiosis en esa primavera. Para sufragar el proyecto, propuso construir un aparcamiento subterráneo bajo el Paseo de Coches, al estilo de Hyde Park, con la oposición de Juan Antonio Gómez Angulo, entonces concejal de Retiro, y de los ecologistas. Encargó la primera auditoría europea de la red de medición contaminación de Madrid mientras subvencionaba la sustitución de calderas de carbón, instaló los postes de difusión de información municipal y trató de privatizar el mantenimiento del parque Tierno Galván. A pesar de las actuaciones de choque, no logró recuperar el lamentable estado de la Casa de Campo y el arroyo Meaques, aunque sí consiguió sanear el Manzanares, hasta el punto de que, después de años, se pudo volver a pescar en el río.

Puso en marcha una campaña de recogida de vehículos abandonados para aumentar las plazas de aparcamiento en la ciudad, para mejorar el aspecto urbano y "para evitar que sean refugio de toxicómanos y mendigos" (de los que diría posteriormente que "no hay otra ciudad más que Madrid en la que se tome el centro como el hotel de inmigrantes ilegales y mendigos"). Comenzó a cobrar a los responsables de las pintadas de su limpieza, inició la recogida selectiva de basuras y de pilas usadas (en 1991 llegaría la recogida de papel y de neveras), e instaló el riego automático de la ciudad. Su mayor enfrentamiento del año fue por Valdemingómez. La empresa de eliminación de residuos Vertresa se puso en huelga y el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid acusó a la capital de delitos ecológicos (escombros incontrolados, aguas contaminadas que mataban reses, contaminación de acuíferos, mal sellado de basuras y mortandad de cigüeñas). Aguirre contraatacó recordando que los municipios de la corona metropolitana no pagaban el canon por tratamiento de basuras (también les recordaba que no pagaban por la depuración de aguas). Pronto, a las críticas se unió UGT, que denunció que había residuos radiactivos (desmentido por el Ciemat), restos sanitarios y hasta tumores humanos entre los escombros.

1991 comenzó con una de las mayores huelgas de basuras de la historia de Madrid. Los trabajadores pedían libranzas en los turnos de Navidad y ascensos a plazas intermedias por convenio. Criticaban que la plantilla se había reducido un 30 por ciento desde 1979. Aguirre se atrincheró tras la consigna de que el coste privado del servicio de limpieza era la mitad que el de los trabajadores públicos, y que los barrenderos tenían demasiados días libres (174). Las montañas de basura se amontonaron en las calles y los concejales de distrito trasladaron una queja unánime ante la inoperancia de Aguirre para solucionarlo. El 'sheriff' Ángel Matanzo amenazó con no presentarse al Pleno de Presupuestos (con el riesgo de bloquearlos) si no había una solución. Planteó la privatización absoluta del servicio (en ese momento, en 14 distritos se recogía por empresas privadas) frente a la remunicipalización que exigían los sindicatos, que se negaban a trabajar los fines de semana. Ganó el pulso, lo que le valió la tercera Tenencia de Alcaldía. Pronto abrirían fuego los jardineros. Y nunca mejor dicho porque la huelga de julio de 1991 acabó con varias zonas verdes afectadas por incendios por valor de 4.000 millones de pesetas. También se enfrentó a los sindicatos por el reparto de octavillas. Les multó, al igual que a la Federación de Vecinos. Quiso abrir el jardín de El Capricho cobrando entrada, impuso una tasa disuasoria por retirada de contenedores de obra para que no fuesen un foco de suciedad, abrió la planta de Valdemingómez y la de reciclado de papel (luego vendría la planta de vidrio), exigió el vallado de las zonas infantiles y diseminó los expendedores de bolsas para recoger los excrementos caninos.

Ese año, Madrid se convirtió en la primera ciudad europea con riego informatizado. Comenzaron a desfilar por la calle los 'elefantes' limpiadores, cubrió las depuradoras (en especial, la de la China, tras las quejas de Felipe González de que en Moncloa olía mal) y se instalaron pantallas acústicas en el barrio de San Lorenzo y en Fuente del Berro. Quiso poner un acuario en Arganzuela y creó un centro de conservación de lepidóprteros. También se anunció el proyecto que, indirectamente, fue su particular plataforma de lanzamiento: el parque de Felipe II en la Casa de Campo, lo que le valió el premio de Amigos de la Tierra.

La ciudad más sucia de Europa

En el año 1992 Madrid fue declarada la ciudad más sucia de Europa. Aguirre lo achacó al coste del servicio y a las huelgas. Y fue otro año repleto de paros. Los basureros se negaban a recoger los desperdicios tirados junto a los cubos. Fue cuando la popular espetó: "Un delegado sindical es un ausente permanente del trabajo porque no acude casi nunca". Finalmente, claudicarían y recogerían en fin de semana. Los jardineros volvieron a los paros pero, esta vez, fue la patronal la que se plantó ante la concejala porque el Ayuntamiento pagaba tarde y mal. La reacción fue amenazarles con rescindir los contratos, lo que encauzó el asunto.

Más difícil lo tuvo con el Canal de Isabel II. La sequía asolaba el país y la empresa de aguas, entonces en manos del PSOE regional, impuso restricciones e incluso amagó con subir los precios del agua. Aguirre hizo alegaciones al Plan Hidrológico del Tajo para usar agua regenerada en el riego y recuperar el caudal ecológico del Manzanares, propuso usar los pozos subterráneos, trasvasar agua del río Alberche, reducir las zonas de pradera de los parques, cambiar de suministrador de aguas, cobrar al Canal por la depuración de aguas y hasta hacer visitables las alcantarillas para que los madrileños supiesen qué infraestructura tienen bajo tierra. No obstante, comenzó a plantar abetos y a instalar pantallas acústicas en los bordes de la M-30, privatizó la depuradora sur, creó los puntos limpios y desarrolló el barrido mixto. La contaminación aumentaba y la concejala autorizaba la eliminación de 35.000 papeleras para que instalase otras tantas nuevas la adjudicataria del nuevo contrato, a pesar de que había barrios dotados de forma pésima.

En febrero de 1993, Aguirre se convirtió en concejala de Medio Ambiente, Educación, Cultura y Deportes, tras doblegar a Matanzo (del que diría en una reunión del Grupo Popular que tenía un "comportamiento psiquiátrico") y Pedro Ortiz. Álvarez del Manzano le puso como concejal ayudante a Luis Molina, con el que afrontaría la enésima huelga de basuras por una subida salarial, en la que hubo amenazas de bomba, detenidos, asaltos a la Casa de la Villa por parte de los trabajadores y horcas colgadas en las puertas de los centros de trabajo. Al tiempo, se denunciaba la baja productividad de las adjudicatarias de limpieza (a las que implantó un sistema de control en función de la calidad del servicio). En enero se produjo una de las alertas atmosféricas más importantes de la historia de la ciudad, para la que se anunciaron nuevas medidas restrictivas, como la prohición de encendido de calefacciones, la inmovilización de coches contaminantes, la limitación de carga y descarga, y la prohibición del aparcamiento en vías prioritarias. Aguirre comenzó a hablar del coche eléctrico y de extender los autobuses de gas a toda la flota de la EMT (con la oposición del Consorcio Regional de Transportes). Los patos y los peces morían en el Manzanares, y los vecinos de la zona le enviaban cartas con pinzas de la ropa a la concejalía por los malos olores. Poco después, el Ayuntamiento era sancionado por vertidos ilegales en el 'aprendiz de río' y en el Jarama. Una plaga de orugas se extendía por la ciudad. Y Valdemingómez necesitaba una ampliación, que fue muy criticada porque la parcela ideal para este efecto pertenecía a Vertresa, empresa de Alberto Cortina y Alberto Alcocer, que la ofrecían gratis a cambio de hacerse con el tratamiento de basuras de la capital. Quiso instalar un trolebús en la Castellana y puso un trenecito en el Retiro. Desarrolló un programa de compostaje y un sistema de riego por exudación. A cambio, permitió que la ampliación del aeropuerto acabase con un enorme pinar, a pesar de las advertencias del concejal de Barajas.

Entonces estalló el gran conflicto. La Comunidad de Madrid, con Joaquín Leguina y Julián Revenga a la cabeza, pretendieron ampliar la línea 10 de Metro construyendo un puente sobre el río y una vía al aire libre. Aguirre amenazó con encadenarse o, incluso, dimitir si era necesario para evitarlo. Desde los ecologistas hasta Aznar la apoyaron. Finalmente, el Gobierno regional se plegó a la construcción de un subterráneo bajo el parque. Sin embargo, el proyecto final lo impuso en 1995 el nuevo presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón, en el que se planteaba una infraestructura mixta.

En materia cultural, planteó potenciar el teatro y la zarzuela, en detrimento de los grandes espectáculos ("esos se pagan solos", dijo), abrió el auditorio del parque Juan Carlos I, trasladó al parque del Oeste el festival de cine del Retiro, reabrió el Teatro Español (aunque quiso privatizarlo, al igual que hizo con el Teatro Madrid) y San Antonio de la Florida, hizo una encuesta ciudadana para estudiar la colocación de la estatua de Carlos III (que se quedó en el sitio en el que estaba), creó una sección museística de la historia moderna de Madrid en el Conde Duque, cerró la terraza de Casa de Vacas y llevó la Feria del Libro al Paseo de Coches del Retiro. Se enfrentó a los ruidos del teatro Alfil y a muchos de los espectáculos heredados de la etapa socialista en la Alcaldía ("A los señores de la cultureta subvencionada se les acaba el momio", explicó).

Los grandes concursos de limpieza

Una nueva tala de árboles en el Retiro, las esculturas de Botero en el Paseo de Recoletos y la suelta de jilgueros en la Casa de Campo inauguraban el nuevo año. El Ayuntamiento echaba al Canal de la empresa mixta de la depuradora sur, recurría la Ley del Parque Regional del Manzanares que pretendía convertir Valdemingómez en zona ambientalmente protegida e investigaba las denuncias de restos de amianto en el vertedero. Aguirre privatizó la limpieza de los distritos de Tetuán y Chamartín, y adjudicó el concurso de limpieza de 16 distritos a FCC, de recogida de basuras domiciliarias a una UTE entre FCC, Dragados y Cespa, ambos hasta 2002; y el de mobiliario urbano a JC Decaux hasta 2010. Medio Ambiente proyectó los jardines elevados de la Plaza de Felipe II, un puente de tirantes en el Manzanares y un plan de recuperación de medianas vegetales. Las orugas arreciaban y una plaga de pulgas asolaba Villaverde tras abonar los jardines de Plata y Castañar. El Tribunal de Cuentas acusó a Esperanza Aguirre de abusar de la adjudicación directa, al asignar con este método el 94 por ciento de los contratos que realizó en 1990, destacando los realizados en publicidad y limpieza viaria, de los que la oposición dijo que, directamente, se habían adjudicado a dedo. La edil respondía que todo se trataba de un problema de fechas en los contratos y que no existía ninguna irregularidad.

Un año más tarde se negó a cerrar la Casa de Campo al tráfico con el argumento que el cierre podía ser todavía más contaminante que el paso de coches. Madrid era para entonces la segunda ciudad del mundo en zonas verdes, aunque algunas, como el parque Tierno Galván, estaban en las últimas. Regresaron la huelga de basuras y las denuncias de las empresas adjudicatarias por los impagos municipales, poco antes de las elecciones, y Aguirre declaraba ante la Fiscalía por la tala de 2.000 árboles en 1990 en el Club de Campo, con la explicación de que no era zona verde. La concejala persiguió al 'mataperros' del Retiro y obligó al Parque de Atracciones a reducir sus emisiones de ruido. Consiguió que se realizase un plan coordinado de cierre de locales de ocio entre administraciones que solucionase los problemas sonoros de la noche madrileña. Abogó porque se quedasen en la ciudad las industrias limpias. Su última jugada como edil medioambiental fue tratar de que la Comunidad se quedase las competencias de salud y educación.

Aguirre despuntaba en lo político y hacía una campaña para salir del socialismo. En junio de 1995, tras las elecciones, se convertía en primera teniente de alcalde, portavoz del PP y coordinadora de gestión de áreas. Recortó cargos de confianza y asesores, no repuso vacantes de funcionarios y lideró la creación de una fundación para salvar la casa de Vicente Aleixandre. Partidaria del 'modelo Thatcher', propuso privatizar más servicios y eliminar los consorcios ("el colmo de la irresponsabilidad ante las pérdidas", aseguró) y convertir al ciudadano en cliente de la administración. En este sentido, trató de privatizar el cobro de las multas de tráfico mediante los abogados, y del servicio de parquímetros y grúa. Su siguiente paso fue enfrentarse al ministro de Fomento, José Borrell, por la adjudicación de la televisión por cable en la capital, defendiendo su gestión del dominio público y llegando a sacar dicha televisión a concurso. En esos días la nombraron consejera de Caja Madrid y pronto sería miembro de la Ejecutiva nacional del PP y número 1 del Senado por el Partido Popular. Su mirada ya estaba en la Cámara Alta... pero eso ya es otra historia.

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