En esta semana con numerosos estrenos teatrales destaca uno: 'Salvator Rosa o el artista', una obra de Francisco Nieva que llega al María Guerrero. Escrita en los años setenta del siglo pasado, nunca fue estrenada porque, según el autor, era muy caro ponerla en pie. Ahora lo hace el Centro Dramático Nacional, con dirección de Guillermo Heras y un extenso reparto que encabezan Nancho Novo, Juan Meseguer, Ángeles Martín, Beatriz Bergamín y Gabriel Garbisu. Permanecerá en cartel hasta el 5 de abril.
Nieva se ha confesado hoy como "un vanguardista que aspira a ser clásico". El dramaturgo es, seguramente, la figura patriarcal de la escena española. El suyo es un teatro de tan difícil clasificación que hubo que inventarle denominaciones: furioso, reópera... Pero Nieva dice beber del absurdo.
Salvator Rosa es una sátira sobre el poder en el escenario del Nápoles revolucionario de 1640. El entonces virrey de España aplicó elevados impuestos a la fruta, lo que desencadenó la revuelta. Masanielo se convierte en su cabecilla, pero es suplantado ante la autoridad por el pintor Salvator Rosa.
En la realidad, ambos personajes nunca coincidieron en el tiempo. Formalmente es un gran espectáculo con escenografía de Gerardo Trotti. El elenco es numeroso: catorce intérpretes. Mónica Runde se ha encargado del movimiento escénico.
El teatro nacional español ya ha afrontado anteriormente otros ambiciosos montajes Nieva: La Paz, Coronada y el toro, Pelo de tormenta... Hace cinco años estrenó otro texto no representado hasta entonces: Tórtolas, crepúsculo y telón.
Así que la expectación está justificada: Francisco Nieva es, por derecho propio, parte importante de la historia del teatro español de los últimos cincuenta años.