www.madridiario.es

TAL DÍA COMO HOY

Capilla del Cristo de los Dolores de la Venerable Orden Tercera, conocida como 'San Frascisquín'.
Ampliar
Capilla del Cristo de los Dolores de la Venerable Orden Tercera, conocida como 'San Frascisquín'. (Foto: Web Capilla Cristo de los Dolores)

Bautizo de la capilla de 'San Francisquín', joya del barroco madrileño

viernes 03 de mayo de 2019, 08:05h

Ilustres personajes como Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca o Felipe III vistieron el hábito de la Venerable Orden Tercera, que estableció su espacio fijo de culto en 1668 en la capilla del Santísimo Cristo de los Dolores. 'San Francisquín', como se conoce de forma popular al templo, dota a la zona de Las Vistillas de una singular obra del protobarroco madrileño. Sobrevivió a los saqueos de la Guerra Civil, pero no a una reforma en la que perdió parte de su identidad.

En la calle de San Buenaventura, en la popular zona Las Vistillas, anexa a la Basílica de San Francisco el Grande y con acceso exclusivo desde esta, se levanta la capilla del Santísimo Cristo de los Dolores, 'San Frascisquín'. Propiedad de la Venerable Orden Tercera, fundada en torno a 1121 por el beato que da nombre a ambos templos, se construyó con vistas a ofrecer al mundo seglar el ideal de vida evangélica, tal como lo describe la institución.

El propio monarca Felipe III y su familia vistieron su hábito, así como renombradas figuras de la literatura nacional. Quevedo, Lope de Vega y Calderón de la Barca participaron en sus actos de culto que, cada vez más multitudinarios, requirieron la construcción de una iglesia en 1662. La Fraternidad ordenó la edificación al arquitecto jesuita Francisco Bautista, quien proyectó un templo del temprano barroco madrileño de una sola nave, con planta rectangular y sin capillas laterales.

Su singular belleza se esconde en el interior, donde los elementos arquitectónicos dirigen la mirada hacia el baldaquino que custodia la imagen del Cristo de los Dolores, encajado en el altar mayor y tallado en madera policromada. Diseñado por Sebastián de Herrera y ejecutado por Juan Ursularre Echevarría, la escultura es una copia del Cristo de la Serradilla de Cáceres y representa a Jesús con las marcas de la flagelación en la espalda.

Dos siglos después de su inauguración, fechada el 3 de mayo de 1668, 'San Francisquín' se vio amenazada por un derribo que al final se paralizó. Más tarde sobreviviría también a los saqueos e incendios de la Guerra Civil. Sin embargo, sucumbió ante una reforma que se desarrolló en 1968 y que modificó la ubicación del altar e hizo desaparer la decoración barroca de retablos e imágenes, entre otros cambios.

No obstante, en 1980 volvió a pasar por 'chapa y pintura' para volver a su apariencia original. María Ángeles Rubio se encargó de devolverle su aspecto inicial entre 1975 y 1980, pero no pudo salvar los altares churriguerescos que habían permanecido dos años a la intemperie. Esta obre fue posible gracias a que el conjunto fue declarado Patrimonio Nacional en 1969 y el Estado intervino en su restauración.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios