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Agentes de la Unidad Central de Atención a la Familia y la Mujer en la jornada 'Testigos del cambio' de Clece.
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Agentes de la Unidad Central de Atención a la Familia y la Mujer en la jornada 'Testigos del cambio' de Clece. (Foto: Clece)

El empleo como elemento clave para recuperar la normalidad de las víctimas de violencia de género

martes 20 de noviembre de 2018, 15:42h

Clece ha celebrado este martes la jornada 'Testigos del cambio', un encuentro que ha abordado el momento de cambio en la lucha contra la violencia de género tras un año marcado por el Pacto de Estado y una mayor sensibilización social.

El empleo es un elemento clave para recobrar la normalidad de las víctimas de violencia de género posibilitando su autonomía económica, ayudando a recuperar su autoestima y evitando que las situaciones de violencia se reproduzcan. Esta es una de las conclusiones de la jornada sobre esta temática organizada ayer por Clece.

Bajo el lema “Testigos del cambio”, el encuentro quiso reflejar el actual punto de inflexión en la lucha contra la violencia de género tras un año marcado por hitos como el Pacto de Estado o la movilización social. Para ello reunió los puntos de vista de profesionales de los ámbitos de la administración, las entidades sociales, las fuerzas y cuerpos de seguridad, la justicia, los medios de comunicación y la empresa.

María Jesús Ordoñez, anterior Delegada del Gobierno para la Violencia de Género, hizo una retrospectiva para destacar los importantes avances de los últimos años en la lucha contra la violencia de género. Ordoñez se remontó 20 años atrás recordando el caso de Ana Orantes como el crimen que cambió la visión de la violencia machista en España. Desde entonces, “con ayuda de las organizaciones sociales, asociaciones de mujeres, medios de comunicación y empresas hemos dado un cambio positivo” afirmó. Reiterando que en nuestro país “se han dado pasos certeros y eficaces, con tenacidad y mucho rigor”. En ese camino, el Pacto de Estado aprobado en septiembre de 2017 significaría un “antes y un después” reflejando el consenso alcanzado entre las distintas fuerzas políticas para adoptar las medidas necesarias de protección a las víctimas.

Beatriz Naveira Sanjurjo y Laura Madruga del Ganso, miembros de la Unidad Central de Familia y Mujer de la Policía Nacional, UCFAM, explicaron pormenorizadamente el protocolo de atención a las mujeres y el funcionamiento del Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género, Sistema VioGén. “En el momento de poner la denuncia se tiene que informar en todo momento del procedimiento. A veces es difícil explicarles muchas cosas porque están aturdidas”. De ahí la importancia de la especialización y formación en género que se exige a los agentes.

La complejidad del problema se puso de manifiesto al afirmar que tras la denuncia “muchas veces se tienen que volver al domicilio. Muchas no tienen trabajo, dependen económicamente del agresor. Muchos agresores utilizan la violencia económica. ‘Como no tienes dinero tienes que estar conmigo’ les dicen. Otras muchas no llegan por si mismas sino porque ha habido un testigo, un vecino o alguien en la calle. Están tan encerradas y coaccionadas que no pueden salir. Muchas veces es en el momento en que ven peligrar la integridad de sus hijos cuando se deciden a actuar”.

Las agentes también expusieron el protocolo de valoración del riesgo y la importancia de la transversalidad, cuestión en la que se debatió sobre la necesidad de convertir VioGén en una herramienta realmente transversal para dar el salto de “una evaluación policial a una evaluación integral”.

Amparo Echávarri Rodríguez, vocal de la subcomisión de la Violencia de Género de la Abogacía General del Estado, resaltó que “llegar a la denuncia es un acto de heroicidad total”. En este sentido defendió la importancia de que “tengan a su disposición un abogado especializado a su servicio las 24 horas, los 365 del año”. La asistencia del abogado es además presencial e inmediata desplazándose al lugar donde la víctima se encuentre. Echávarri, quiso también llamar la atención sobre el bajo porcentaje de denuncias que salen del entorno de la víctima. “En 2017 solo un 2% de las denuncias fueron de familiares y amigos, un índice absolutamente bajo. Demuestra que la sociedad sigue mirando para otro lado. Las que llaman al 016 básicamente son las víctimas. Ni familiares, ni amigos”.

Marta Pastor, periodista y directora del programa de Radio5, “Ellas Pueden”, cerró las intervenciones de la mañana con la ponencia “Momento histórico, un clamor global” haciendo referencia a un año protagonizado por la movilización social. “En 2017 las mujeres entramos en una dinámica de profundo cansancio” expuso. “Se vive un hartazgo máximo, pero la feminista ya no está sola, sale al mundo a través de Twitter. Empiezan movimientos tan importantes como #metoo y en Hollywood se organiza algo impensable. En España #lacajadepandora con mujeres también denunciando situaciones de acoso. O el movimiento #niunamenos. Granito a granito va eclosionando hasta que algunos hombres dicen que también son feministas. Algo impensable hace solo cinco años. Es un paso más porque el problema no lo tienen las mujeres, lo tienen ellos.” Una situación de “hartazgo máximo” que en 2018 llevaría a la acción como quedó de manifiesto el 8 de marzo, expuso la periodista.

Trabajo e independencia económica

La jornada se reanudó por la tarde abordando otro ámbito de interés: el acceso al mercado laboral de las mujeres víctimas. “Hay consenso sobre que el empleo cierra el círculo para salir de la violencia de género. Sin embargo, no conseguimos integrar laboralmente a las supervivientes. ¿Por qué?” preguntó a los asistentes Daniela Macías, delegada social de Clece.

“La mayoría de las supervivientes quieren simplemente recuperar su vida, normalizar su situación. Esto quiere decir que el empleo es vital” afirmó. “Cuando se sale de casa, se conoce gente y se hacen vínculos, se consigue una red de apoyo mejor. El trabajo permite desconectar del ámbito personal y descubrir nuevas motivaciones. Así, el empleo se convierte en un mecanismo para prevenir una nueva situación de violencia”. Sin embargo, aún existen muchos prejuicios como “que el maltratador se va a presentar en el centro de trabajo, que son mujeres débiles o frágiles o que se pueden generar situaciones de agravio comparativo con sus compañeros” explicó.

Estos prejuicios son los que Clece intenta derribar con su proyecto social gracias al que 240 supervivientes trabajan en su plantilla. “Entendemos que no hacemos un favor a las mujeres cuando la contratamos. Somos una empresa. Necesitamos trabajadores competentes y en igualdad de oportunidades. Si es buena y está preparada para el puesto tendrá una oportunidad en Clece” concluyó.

Seguridad y libertad de las víctimas en conflicto

Daniel Moreno Gómez, alférez de la Guardia Civil y miembro de la Unidad Técnica de Policía Judicial, fue el encargado de cerrar el turno de intervenciones hablando de los nuevos escenarios de violencia de género abiertos con las nuevas tecnologías. Moreno explicó cómo se pueden utilizar como instrumento directo para amenazar, insultar u hostigar a las víctimas o como un medio para facilitar otras agresiones tales como obtener información personal de la víctima, suplantar la identidad, vigilar, seguir y controlar. Nuevos escenarios especialmente preocupantes para los jóvenes. No hay conciencia por parte de nativos digitales de todo lo que se comparte en redes. Si damos datos personales exponemos la intimidad de manera innecesaria, pero es como funciona ahora la sociedad. Los jóvenes se exponen más” explicó.

Sobre las consecuencias en la víctima, apuntó que “el daño es principalmente psicológico y emocional e incluye miedo, enojo, estrés y depresión. Pero, además, el abuso en línea, si no se controla, puede escalar hacia un abuso físico en la vida real. En algunos casos, la violencia relacionada con la tecnología ha desembocado en suicidios”.

Para evitar estas situaciones, “los consejos al final limitan la libertad de la víctima”. Entre otros, “crear nuevos perfiles, utilizar un ordenador seguro, no colgar fotos, no etiquetar. Si pertenece a asociaciones o grupos pedir que no se cuelguen o se etiqueten fotos, tener más de una cuenta de correo y cambiar las contraseñas si previamente se han compartido con la expareja”.

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