El incendio y posterior derribo del Alcázar de Madrid dio lugar al actual Palacio Real.
El incendio del Alcázar de Madrid en la noche del 24 de diciembre de 1734 supuso una de las grandes pérdidas de patrimonio de la capital, por su arquitectura y por las grandes obras de pintura y objetos de valor que encerraba dentro.
Su origen musulmán y su función como residencia de reyes quedaron sepultados bajo el fuego y los escombros quedaron a la vista de todos, recordando aquello que allí había y ya no se encontraba.
La reconversión
El 7 de enero de 1737, dos años después del incendio, las cuatro paredes que quedaban del alcázar se demolieron, dando paso a un nuevo proyecto que devolvería el esplendor a la ribera del Manzanares.
Tras el derribo de los últimos escombros,
Felipe V ordenó la construcción de un palacio completamente diferente al alcázar que tan poco le gustó. Así, en 1738 se colocó la que fue la primera piedra del actual
Palacio Real, terminado en
1764.