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ENTREVISTA

Ferrer: 'El Fuero de 1202 fue como un 15-M del siglo XIII'
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(Foto: Sergio Toro)

Ferrer: "El Fuero de 1202 fue como un 15-M del siglo XIII"

martes 14 de junio de 2016, 07:46h
Nuria Ferrer (Madrid, 1970) es historiadora. Ha publicado 'Los orígenes de Madrid. La historia de Madrid hasta la Edad Media a través de su Fuero y sus ordenanzas' (Ed. La Librería), en el que analiza la evolución de la Villa a través de sus ordenanzas medievales.

¿Cómo surgió esta investigación?
Trabajo desde hace muchos años en una editorial jurídica. Un cliente nos pidió una ordenanza madrileña de 1948. A raíz de esa ordenanza -aún vigente-, que reflejaba muy bien el Madrid de la Posguerra, me empecé a interesar por la literatura normativa de Madrid, hasta que alcancé los orígenes de la ciudad. Realmente, el inicio del libro es la Prehistoria, pero el germen es el Fuero de Madrid.

¿No hay literatura normativa en época musulmana?
Realmente, la ciudad comienza a ser jurídicamente importante a partir del Fuero. Incluso antes de este texto, depende del Fuero de Toledo. Pero la ciudad empieza a ser ciudad en 1202, pues se regula por su propia normativa, la que crea el Concejo.

Son documentos jurídicos que ordenan la vida en la ciudad.
Sí, en todos los ámbitos. Es una lectura preciosa. He tardado cuatro años en hilar todos los aspectos porque, como historiadora, no me puedo dejar un aspecto suelto. He buscado hacer un texto divulgativo que exceda la mera anécdota, aunque las hay. Quiero contextualizar el origen de la ciudad. Ese es el hilo conductor, basado en el documento escrito.

Son documentos que construye la propia población ¿Qué idea tienen ellos mismos de lo que es Madrid?
La cosa cambia mucho en el siglo XIV. Al principio, empezamos bien. Es un conjunto de gente que son vecinos porque viven y pagan para que la ciudad sea lo que era. Una especie de 15-M del siglo XIII. Los representantes del Concejo tenían que ser buenos, honestos y probos, pero va degenerando. Se va perdiendo el alto concepto que se tenía de la ciudadanía porque los caballeros, que ya no son militares, tienen que tener una ocupación y se meten en política. Ahí es cuando se mete la figura del corregidor y se acaba el concepto del Concejo abierto. Con los Reyes Católicos, el aparato burocrático crece y se va perdiendo el Madrid vecinal y concejil. Aparecen las juntas para todo y se comienzan a acumular cargos. Se va perdiendo la magia inicial. No es que la historia se repita pero tiene cosas muy parecidas. Es como el ordenamiento de menestrales durante la Peste Negra, que, como los terrenos de la nobleza están sin trabajar, se obliga a los campesinos sin labor a cultivar la tierra, y encima se les baja el sueldo. Como podremos entender, la de hace algunos años no es la primera reforma laboral que sufre España.

¿También escriben la historia los representantes?
Los textos los escribe el Concejo, que se defiende de agentes externos que tratan de privar a la ciudad de sus propiedades y frutos. Por ejemplo, Segovia está constantemente intentando hacerse con los suculentos alrededores del alfoz de Madrid, que tiene bosques, zonas cerealeras y mucha agua. En Vallecas hay pan, en Parla hay vino, en el norte hay caza... El Fuero delimita los límites y regula dentro de estos. Hasta el siglo XV no se empieza a consolidar el territorio, pleiteando hasta casi la ruina con la nobleza, el clero y otras ciudades. Así, van recuperando lo que les van quitando. Todo para poder disfrutar de ello los autóctonos. Los pecheros que pagan y todos los que no pagan impuestos.

¿Cómo vivían los madrileños medievales?
Había ciudadanos de primera, de segunda y de tercera. No era lo mismo ser vecino o morador. Los fueros se hacían para la gente que vivía en la ciudad. Luego están los exentos de pagar impuestos y los reducidos por su condición religiosa. No era lo mismo ser cristiano, que musulmán, que judío. El cristiano era el que se beneficiaba. En el Fuero, los otros dos no tenían categoría de vecinos, sino de moradores. Y, aún así, convivían, incluso mezclados, en el caso de judíos y moros. Eran culturas y costumbres muy distintas. Dentro de todos ellos, estaba la gente de la administración, que vivía mejor que la que no. Las ordenanzas reflejan la intolerancia religiosa, pero también la situación de competencia entre comunidades. Se consideraba que los judíos atentaban contra los cristianos en las profesiones liberales, porque estaban mejor preparados y, en cierta forma, protegidos por los reyes, llegando a ostentar cargos importantes. Los cristianos viejos se quejaban. Además, vivían en comunidades cerradas, con sus propios jueces y concejos. Cuando se convertían, volvían a tener buenos puestos en la administración, y los caballeros se levantaban contra ellos, como ocurrió en el siglo XIV. La oligarquía cristiana fue asentándose durante los siglos XIV y XV, llevando la situación concejil a un estado desastroso, pues solo se entraba en la institución por herencia.

¿Madrid era una ciudad importante?
Madrid siempre guerreó en el bando de los reyes perdedores. .. Y lo paga. Enrique II comienza a desmembrar la ciudad con su alfoz. Le hace perder términos como Rivas. Con Juan I, se da la circunstancia histórica de que es el único momento en que la ciudad pertenece a un señor: León V de Armenia. La segunda reina a la que apoyan es a Juana 'La Beltraneja', que nace en la ciudad. Isabel de Trastámara -La Católica- carga las tintas con Madrid. Desguarnece la zona, desmontando las torres. Se pierde el concepto de fortaleza. Castigan a la ciudad hasta el siglo XVI, momento en que pasa de ser una ciudad menor a la capital de un Imperio, con Felipe II.

Para aclararnos, ¿Madrid fue capital de Armenia?
No, y Madrid no le quiere tampoco. Salvo en ese período siempre es un territorio de realengo, como exigen los propios madrileños a Enrique III, sin perdonar a su padre que hubiesen entregado la zona a un noble. Lo lógico era estar supeditada a un señor noble pero esos madrileños se defienden de cualquier apropiación indebida y cualquier dominio que no sea el real.

Por momentos, los cronistas hablan de Madrid como un vergel paradisíaco.
Eso dice Jerónimo de Quintana en el siglo XVI. Tiene que hacer propaganda de la ciudad de Felipe II. No obstante, Madrid gozaba de muy buenos aires hasta muy pocos años. Tenía mucha agua, a pesar de que vivía de espaldas al río y estaba centrada en los pozos subterráneos, fuentes y manantiales.

¿Ha pervivido algo de esas esencias normativas medievales?
No soy experta jurídica. Espero que algo se conserve. Históricamente, ha cambiado todo mucho. El problema es que el fuero es una ordenanza recopilatoria, pero, cuando más evolucionados estamos, más reglamentos tenemos, más normas necesitamos y más controlados estamos. Percibo como ciudadana que estoy absolutamente controlada. Mientras, en el Fuero, la pena máxima era ser expulsado de la ciudad, que te resolvía tu vida, pues la regulaba. Desde lo que comes, la cantidad de comida, la seguridad, la casa... Mientras pagues, claro. La mayor pena era la expulsión. Ese concepto se ha perdido en el ámbito urbano.
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    Últimos comentarios de los lectores (5)

    1628 | Susana - 15/06/2016 @ 10:04:02 (GMT+1)
    Me parece un libro muy interesante para conocer realmente la historia de Madrid ,esta escritora ha realizado un gran trabajo ,lo recomiendo a todo el mundo ,saludos y felicitaciones a Nuria Ferrer García.
    1626 | Pedro Garcia - 14/06/2016 @ 15:20:24 (GMT+1)
    Madrid mi querido eterno y soñado Madrid siempre acogedor siempre abierto corazón de Castilla y España de lejos te recuerdo tanto te añoro y te quiero que ha pesar de encontrarme tan lejos de ti ,regresaré algun dia a respirar tú aire ,a sentir tú alma por que mi alma siempre será de madrileño.
    1624 | Marina - 14/06/2016 @ 14:34:48 (GMT+1)
    Me ha encantado el artículo. Y el libro es fascinante. Es una pena que sepamos tan poco de Madrid.
    1623 | El - 14/06/2016 @ 12:34:38 (GMT+1)
    Hola el libro es muy interesante.ya que hay muy pocos historiadores que cuenten con tanto conocimiento la historia de nuestro Madrid.
    1621 | David - 14/06/2016 @ 11:08:28 (GMT+1)
    Interesantísimo reportaje, realmente es muy poco lo que se conoce de nuestra ciudad en esa época, hacía falta un libro de estas características.

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