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Javier Cacho, científico especializado en temas atmosféricos y escritor.
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Javier Cacho, científico especializado en temas atmosféricos y escritor.

Una isla de la Antártida recibe el nombre de un científico madrileño

sábado 06 de junio de 2020, 09:00h

En 1986 el científico y divulgador Javier Cacho participó en la primera expedición científica española a la Antártida. Ahora, 34 años después, si decidiera volver a ese remoto lugar del globo terráqueo podría visitar una isla que lleva su nombre y apellido.

Cacho comenzó su trayectoria profesional vinculando la investigación y la atmósfera, pero el descubrimiento del agujero de ozono en la Antártida hizo que su atención se centrara en este continente. Desde entonces, el madrileño ha pasado largas temporadas de su vida en esa zona, investigando, descubriendo y escribiendo sobre ella. Tanto es así que ha publicado cinco libros relacionados con la historia de la exploración polar. Además, ha participado en varias campañas de investigación como jefe de la base antártica española Juan Carlos I y ha sido director de la Unidad de Cultura Científica del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial INTA.

La pasión por su trabajo y la cantidad de tiempo invertido en él le ha otorgado un inesperado reconocimiento: el Diccionario Geográfico Internacional del SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research), la máxima autoridad científica antártica, recogía hace unos días una nueva entrada con el nombre de "Cacho Island", en reconocimiento a la labor de Javier Cacho en aquel continente. Es decir, una isla ubicada en medio del Océano Atlántico tiene ahora el nombre del científico.

Cacho Island

La Isla Cacho forma parte del archipiélago de las Shetland del Sur, un grupo de islas de muy diferentes tamaños que se extienden a lo largo de casi 500 kilómetros en paralelo a la Península Antártica, el extremo más septentrional del continente blanco.

El archipiélago está formado por 11 grandes islas y un número mayor de otras de diferentes tamaños, siendo la Isla Cacho una de ellas. Se trata de una zona rocosa de 750 m de largo y 350 m de ancho separada por un estrecho pasaje de la península de Hall, uno de los accidentes geográficos de la costa este de Snow Island.

Son muy pocos los españoles con cuyo nombre se ha bautizado un accidente geográfico en el continente austral. Para que esto suceda hace falta una propuesta formal. Cualquier país que sea miembro del Tratado Antártico puede solicitarlo, pero lo normal es que cada uno “barra para su casa” y nombre a investigadores del propio país.

En este caso, la petición la llevó a cabo la Comisión Búlgara para los Topónimos Antárticos. “Tengo mucha relación con los búlgaros, ya que les ayudé los primeros años y tenemos una gran amistad, pero no me esperaba que fueran a hacer esto. Además, han mantenido la sorpresa con el más absoluto de los secretos. Estuve este año con ellos, en su base, y charlé con el director de la Comisión y no me dijo nada. Me he enterado al leer el acta oficial fechado el 27 de febrero”, manifiesta Javier Cacho con un gran entusiasmo.

Cacho matiza que nunca se hubiera imaginado tener una isla con su nombre, “estaba muy fuera de mis expectativas” añade. “Cuando era científico soñaba con que me daban el Premio Nobel; cuando empecé a escribir, que ganaba el Premio Planeta, pero esto ni siquiera estaba en mis expectativas”.

A pesar de no haber estado nunca en la isla que ahora lleva su nombre, el investigador atribuye la elección a la proximidad que esta tiene tanto con la base búlgara como con la española y ensalza su disposición geográfica, ya que conforma una ensenada que protege de los fuertes vientos y corrientes marinas, y que, por ese motivo, fue muy frecuentada por los cazadores de focas que visitaron la zona por primera vez a principios del siglo XIX.

En relación con el confinamiento forzoso vivido por el coronavirus y a su posible similitud con las largas temporadas que el investigador ha pasado “encerrado” en una base en medio de glaciares y tormentas de nieve, el científico expresa que ambas situaciones son muy diferentes y no son posturas comparables.

“Es un confinamiento totalmente distinto. Allí estas 24 horas al día, siete días a la semana con personas que no conoces, y eso puede ser una mezcla explosiva. Además, estás casi completamente desinformado; si le pasara algo a tu familia, quién sabe cuánto tardarías en poder volver a casa... Sin embargo, aquí estás con tu familia, en tu casa, tienes una relación afectiva fuerte".

Asimismo, sí precisa que se le ha podido hacer más llevadera por su experiencia de vida. “Mi trayectoria profesional me ha ayudado a saber que tienes que mantener la mente ocupada, cumplir con un horario, llenar el día y estar muy atento a ti mismo. Son momentos complicados”.

El futuro del planeta

Preguntado por el futuro del planeta y la situación medioambiental, Cacho matiza que no nos encontramos en una emergencia climática, y achaca el verdadero problema al modo de consumo masivo que hace la sociedad. “Queremos demasiadas cosas y las queremos rápido. No estamos satisfechos con nosotros mismos y necesitamos consumir.

"Uno de los ejemplos más claros es el consumo de ropa que lleva a cabo la mayoría de la población. La mayor parte no es consciente de la cantidad de emisiones que esta industria genera. El consumo es la raíz de todo, tenemos que rediseñarnos, buscar la felicidad en cosas pequeñas”.

El madrileño afirma que aun no es tarde para entrar en acción y tratar de solventar el problema, y añade como ejemplo el agujero en la capa de ozono encontrado en el Polo Norte. "Fue el primer problema medioambiental que solucionamos. Fuimos capaces de encontrar la causa y enfrentarla y, desde el año 2000, los niveles de ozono se están recuperando". “Tenemos que acercarnos más a la juventud y que caminen en la dirección correcta. La naturaleza es muy agradecida y es capaz de reponerse de nuevo”, concluye.

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