De residir en un barrio tranquilo de la capital, donde el descanso estaba garantizado, a convivir con ruidos y malos olores las 24 horas. Esa es la situación que atraviesan los vecinos del este de La Elipa tras la puesta en marcha de una planta de residuos “improvisada” y que opera, “sin descanso, día y noche”. Pese a que desde el área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid aseguran que las quejas han sido atendidas y, en consonancia, la actividad nocturna se ha suspendido, la vecindad niega la mayor y afirma que el trasiego de vehículos de carga y descarga continúa siendo constante.
En los compases finales del mes de enero, el Consistorio de la capital puso en funcionamiento un centro de tratamiento de residuos a cielo abierto en la parcela colindante a la avenida de las Trece Rosas, perteneciente al barrio de Ventas, en el distrito de Ciudad Lineal. La distancia de esta suerte de “muelle de carga” a la decena de bloques de viviendas más próximas y, por ende, las más afectadas, es de apenas 40 metros. Para más inri, la planta se sitúa sobre una loma, de forma que toda la actividad de trasvase de residuos se produce a la altura de los pisos ubicados en la calle Santa Genoveva y alrededores, perturbando aún más la tranquilidad reinante hasta la fecha en esta zona de Madrid.
"El ruido es muy potente"
A juicio de la vecindad afectada, la actividad en la planta dista mucho de la pretendida vanguardia que transmite el Ayuntamiento en materia de gestión de residuos. “Recogen todo lo que no se tira a los cubos: la basura que se abandona en la calle, las papeleras... Lo traen aquí en camiones desde Chamberí, Tetúan, Centro, y algunas zonas de La Castellana, lo dynamican dándole golpes con una grúa y, cuando los contenedores están llenos, se lo llevan a Valdemingómez. Los ruidos que producen son muy potentes”, lamentan en declaraciones a Madridiario.

El goteo de vehículos municipales de gran tonelaje es “constante” y “contamina el entorno”. Además, traslada al barrio la problemática del tráfico rodado, una cuestión que nunca les había afectado en demasía, y trae aparejada la contaminación acústica procedente de la "molesta" señal de emergencia con la que este tipo de camiones se ven obligados a operar por cuestiones de seguridad.
La problemática se agrava aún más teniendo en cuenta que la parcela en la que tiene lugar el proceso de dynamicación de los residuos, con una extensión de hasta 900 metros cuadrados, se encuentra en las inmediaciones del Colegio Público Gustavo Afolfo Bécquer. De esta forma, tanto alumnos como profesores se ven obligados a compaginar la actividad lectiva con idénticos ruidos y malos olores. Una situación que se complicará, advierten, con la llegada del buen tiempo: “En primavera suben las temperaturas y en el cole se abren las ventanas. ¿Cómo van a dar clase en esas condiciones?”.
Del mismo modo, los vecinos temen que la acumulación de residuos en época estival suponga la aparición de plagas de todo tipo que conviertan sus viviendas en inhabitables. “Entre la basura hay restos orgánicos. Esto huele, y eso que todavía no hace calor. En verano será peor, porque incluso pueden aparecen ratas, mosquitos... Aunque, en teoría, la basura no debería permanecer aquí mucho tiempo, del dicho al hecho...”, lamentan.

Otra de sus grandes preocupaciones radica en la supuesta apertura de un nuevo acceso a la planta con el objetivo, dicen, de duplicar su actividad: “La opacidad prima en esta operación. Ningún cartel informativo, ninguna consulta vecinal, ningún estudio que demuestre que la operación es viable… Todo para tratar de evitar la crispación”.
Diferentes versiones
"La actividad nocturna se ha reducido, pero no está suspendida"
Los vecinos se muestran hartos y, ante la inacción del equipo de Gobierno municipal, exigen soluciones a la Junta Municipal de Distrito de Ciudad Lineal que lidera Ángel Niño, de Ciudadanos. “Tras la puesta en marcha de la planta nos pusimos en contacto con la Junta Municipal de Distrito. Estos, en un primer momento, nos respondieron con evasivas, asegurando que se trataba de algo temporal. Tras mucho insistir, logramos una nueva reunión con representantes de los diferentes partidos y nos aseguraron que están estudiando posibles soluciones, como la instalación de pantallas acústicas. Desde entonces la actividad nocturna se ha reducido, pero ni mucho menos está suspendida”, explican.
Por todo ello, la Asociación Vecinal La Nueva Elipa ha elevado también quejas ante el Defensor del Pueblo. Los afectados exigen “respeto a su descanso y a poder vivir en su hogar”, motivo por el que solicitan al Ayuntamiento el “cese inmediato de la actividad en la planta” y su traslado a un punto que “no moleste a ningún núcleo residencial”. Mientras esto no ocurra, advierten, “nos seguiremos movilizando”.
Desde el área de Medio Ambiente y Movilidad que dirige Borja Carabante, no obstante, esgrimen una versión muy diferente a la expuesta por la vecindad al afirmar que la actividad nocturna ha sido ya paralizada. En la línea de garantizar el descanso de los residentes, añaden, “los vehículos que acuden al lugar son nuevos en su práctica totalidad y, en su mayoría, cero emisiones o ECO”. Del mismo modo, “se han redirigido los focos para que no afecten a las viviendas” y “se llevarán a cabo las acciones que técnicamente sean viables para minimizar las molestias que pudieran producirse”.