‘Por San Blas la cigüeñas verás’, dice el refrán popular. Cada año, en torno al 3 de febrero, las cigüeñas regresan a la Comunidad de Madrid, procedentes de las áreas de destino migratorio, para comenzar a ocupar los nidos e iniciar la etapa de reproducción y cría. Aunque es cierto que los efectos del cambio climático -con temperaturas más llevaderas- y la existencia de vertederos a cielo abierto en algunos municipios, resiente el comportamiento de la fauna convirtiendo a la región en un lugar en el que habita de manera permanente la especie Ciconia ciconia.
La organización Seo/BirdLife desarrolló el pasado año el III Censo Nacional de cigüeña blanca invernante. El objetivo de este estudio es determinar el tamaño de la población en este periodo y conocer su evolución. Más de un millar de puntos, desde zonas de alimentación a otras dirigidas al descanso nocturno o dormideros, así como zonas de cría o nidos que ocupan en estas fechas y usan para descansar, fueron objeto del análisis.
La ONG ornitológica indica que hay entre 36.217 y 37.556 ejemplares en toda España en esta época del año. La cifra es menor de la esperada, pues el crecimiento con respecto al censo de 2004 supone solo algo más de 5.000 ejemplares. Un dato que podría indicar que la población no está creciendo como lo hizo en las décadas anteriores y que la actividad humana esté influyendo en esa dinámica.
Los resultados muestran una tendencia negativa de la especie en Extremadura y en Andalucía, que cuentan con cifras inferiores al censo anterior de 2004. En concreto, la población de Sevilla se ha reducido un 63 por ciento, mientras en Extremadura se ha observado una caída del 82 por ciento en Cáceres y del 51 por ciento en Badajoz. Por el contrario, la población parece empezar a extenderse más por el norte de España con crecimiento en la población catalana, muy ligada a la alimentación en basureros, en Navarra, Castilla y León y Aragón con pequeñas zonas de invernada en País Vasco o Galicia, lo que corrobora que cada vez más ejemplares se quedan cada temporada a pasar el invierno en latitudes más norteñas (antes casi todas pasaban el invierno en Andalucía y Extremadura).
Uno de los núcleos importantes de invernada es Madrid, con una población que supera las 5.000 cigüeñas que hacen acopio de alimento en los principales vertederos de la Comunidad.Como ocurrió, hasta su clausura, con el de Alcalá de Henares. A partir de los años 80, la población de cigüeña blanca en la ciudad complutense llegó casi a duplicarse: la fuente de comida en el vertedero se convirtió en inagotable. Tras su cierre y sellado, un proyecto desarrollado por el Grupo de Rehabilitación de la fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa) y por la Mancomunidad de Municipios del Este, que engloba a 31 localidades que hasta hace unos años vertían las basuras aquí, busca recuperar el instinto cazador de la cigüeña, un ave que puebla los tejados, repisas y torres de esta localidad del Corredor del Henares.
" La idea es que tengan un punto de alimentación suplementario"
Es importante devolver a la población a niveles normales porque en los últimos años, el número se ha desbordado: “Teníamos unas 121 parejas y hemos bajado a 90. No es que mueran, lo que hacen es emigrar. Ya no solo comen del vertedero, acuden a alimentarse a los campos de cultivo próximos al municipio y que en ellos se alimentan de anfibios, reptiles e insectos que hay en los propios campos de cultivo. La idea es que tengan un punto de alimentación suplementario, que no sea todo artificial”, explica Leonardo López Recio, director técnico de la Mancomunidad del Este.
“Con estos vertederos a cielo abierto, una serie de especies de aves se acostumbran a tener una fuente de alimentación constante porque los vertidos de restos eran diarios”, cuenta Miguel Garcés, biólogo de Grefa. Una circunstancia que provocó, en el caso de las cigüeñas de Alcalá, que no buscasen alimento: “No lo necesitaban. En el vertedero encontraban más del 80 por ciento de su comida cada día”. El problema llegó cuando este basurero cerró sus puertas: “Lo hizo en el peor momento, en un mes de marzo, cuando se desarrolla la época de reproducción, pero había que hacerlo, la normativa europea lo marcaba”, señala el experto biólogo.
Los comederos están adaptados para las cigüeñas, evitando que el alimento se lo coman otras especies: "Se trata de una caja grande con rejas. Como es un ave picuda y tiene el cuello largo llega a la comida, no todos las especies pueden alcanzarla", detalla Leonardo López. De este modo, poco a poco, van desapareciendo otras aves como las urracas y gaviotas. "A Alcalá llegan muchas gaviotas, también a Colmenar Viejo. De vez en cuando se ve algún bando que pasa cerca del vertedero pero cuando ven que no tienen comida, pasan de largo y no paran. La idea era crear un comedero selectivo", explica Manuel Garcés.
"Se pretende que la especie se renaturalice y se alimente por su cuenta"
Un espectáculo madrugador
A primera hora de la mañana, decenas de cigüeñas esperan la llegada de la comida. Cuando ven llegar a la persona que depositará el alimento en el comedero, comienza el 'baile'. Unas izan el vuelo y otras comienzan a crotorear. Saben que es la única hora en la que podrán pillar algo que llevarse al estómago de manera segura.
Los actuales 40 kilos de comida al día son "insuficientes y escasos" para la población de cigüeña blanca -unos 400 gramos para cada pareja-, explica el biólogo, "porque se pretende que el aporte de alimento sea menos para que, de manera natural, se renaturalice la especie y se alimenten por su cuenta". El peso de cada ejemplar ronda los 2 y 4 kilos, por lo que la cantidad es poca y más en los periodos de eclosión de los cigoñinos: "Les tienen que alimentar. En ese momento deberemos aumentar un poco los kilos".
El objetivo de conseguir que sean más independientes a la hora de comer se conseguirá a largo plazo aunque "nunca se sabe. Cuando el proyecto cumpla un año -en marzo- lo mismo podemos contar que se han adaptado y que su alimentación se basa en anfibios, reptiles, insectos y algún micromamífero".
"De momento, parece que los cigoñinos que nacen empiezan a emigrar", comenta el director técnico de la Mancomunidad del Este. Un proyecto pionero, el de los comederos, que sirve de modelo para aquellos municipios que cuentan con el mismo problema que Alcalá. Tarde o temprano, en otras localidades, cerrarán otros vertederos.
El siguiente paso será marcar a las aves con GPS satelitales: "Para ver si se dan un garbeo por las riberas y si los más jóvenes migran". Esta tecnología se colocará como en unas pequeñas mochilas sin apenas peso para monitorizar el cambio de comportamiento o si se desplazan a otros vertederos. Un marcaje que también aportará información sobre la frecuencia que hacen del comedero artificial. De esta manera, asegura Leonardo López, la población de cigüeñas del Henares se irá "reequilibrando".
Una segunda vida para los residuos
El 28 de diciembre de 2019, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares cerró su vertedero, que estaba a punto de colmatarse. El Consistorio madrileño y la Mancomunidad del Este mantuvieron un tenso pulso sobre quién debía tomar una solución hasta que el vertedero de Loeches estuviese construido. Finalmente, se decidió que los 31 municipios de la Mancomunidad del Este llevaran su basura al de Valdemingómez. A mediados de marzo de 2021, la planta de tratamiento de residuos de Loeches comenzó su periodo de prueba y a principios de abril empezó a funcionar a pleno rendimiento.
"La planta de tratamiento de residuios de Loeches supone un cambio radical sobre como se gestionaba la basura hace 30 años. La bolsa de basura terminaba en lo alto de un vertedero sin abrir y sin recuperar nada de su contenido, acumulándola año tras año. La realidad de esta planta es que hay 20 diferentes fracciones separadas reduciendo el uso del vertedero y recuperando el material para tener una segunda vida. Una propuesta municipal realizada por los Ayuntamientos de la zona para gestionar mejor la basura de sus vecinos y vecinas", concreta el regidor alcalaíno Javier Rodríguez.
La zona del antiguo vertedero de Alcalá de Henares todavía sigue sellándose. En unos años, donde se arrojaban las bolsas de basura se convertirá en un espacio de esparcimiento, rocódromos y aparcamientos. Según fuentes municipales, no se pueden plantar árboles por el peligro de despredimiento por la acción de las raíces perforando el suelo. La cubierta vegetal, que será de herbáceas, fundamentalmente de gramíneas -como ya se puede ver en los vasos 1,2,3 y 4 del macrovertedero complutense-, tiene una doble función, la de naturalizar la colina formada por el vertedero embelleciéndola y la de impedir la erosión. Con la estructura se mantendrá consolidada y no habrá peligro de desplome.
Planta de tratamiento de residuos de Loeches
La planta de residuos de Loeches ocupa una extensión de 60 hectáreas y alberga la tecnología más puntera. Cada año recibirá 175.000 toneladas de la fracción resto, 45.000 de la fracción orgánica de recogida selectiva (FORS), 17.750 de fracción vegetal, 13.000 de envases ligeros, 12.000 de residuos comerciales y 2.500 más de residuos voluminosos.
El complejo cuenta con una potente instalación de tratamiento biológico de aires basado en la biofiltración para minimizar los olores. Consiste en utilizar algunos microorganismos aerobios naturales para descomponer las sustancias en CO2, H2O y diversas sales. La infraestructura se ha concebido de tal forma que todas las naves susceptibles de generación de olores se encuentran cerradas. Además, se han colocado elementos de monitorización, regulación y control centralizado para la automatización de la instalación, compuertas motorizadas y cortinas de aire en puertas rápidas para evitar fugas de olor. Así, el aire se extrae y se canaliza mediante conductos de prolipropileno hasta los espacios de desodorización.
La reutilización de los residuos juega un papel determinante en el complejo, donde se producirán más de 66.000 toneladas anuales de combustible derivado de residuos (CDR). Para ello, la fracción resto pasa el filtro de dos separadores ópticos que separan tanto papel y cartón como plásticos. Después, estos deshechos se dividen en pesados y ligeros. Los primeros se prensan y enfardan en un plástico aislante que disminuye los gases y lixiviados antes de almacenarlos en una celda de rechazos. Los segundos, por su parte, se destinan a CDR después de reducirse aún más su tamaño en un triturador.
Asimismo, la planta de Loeches cuenta con un parque automático de tratamiento de materia orgánica procedente de recogida selectiva (FORS). Una vez mezclada esta fracción con el estructurante, la mezcla se dirige a la nave de bioestabilización y compostaje. Por su parte, los residuos vegetales también se convierten en compost después de desmenuzarse cantidades equilibradas de fracciones verdes (hojas o hierbas) y leñosas para conseguir un material heterogéneo adecuado. Tras las fases de fermentación, latencia y crecimiento de los microorganismos la mezcla madura y se criba. Completada esta operación, se obtienen dos productos: el rebose, que puede utilizarse para realizar 'acolchados' en superficie de plantación de parques o jardines, o compost listo para su almacenamiento en silos y posterior expedición.