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Alumnos en clase
Alumnos en clase

La actuación clave para la transformación del sistema educativo

martes 05 de mayo de 2015, 08:16h
En un debate recientemente celebrado en Foro Internacional del Español volví a escuchar la manida sentencia de que el sistema educativo español "es muy malo". Para mayor dolor estaba dicha por una persona sensata, y sin ningún ánimo de polemizar.

En las mismas horas a pocos kilómetros de distancia, uno de los referentes mundiales de la educación, Richard Gerver, afirmaba que el sistema educativo español no sólo no es malo, sino que algunas de las mejores experiencias de innovación educativa de las que tiene conocimiento se están realizando aquí. Alguien se está equivocando en el mensaje que transmite a la sociedad.

Con frecuencia oímos que en los centros educativos "se enseña como en el siglo XIX". Sin ignorar las necesidades de un profundo cambio en el sistema educativo, y reconocer con Carlos Magro que "La historia de la educación en el último siglo es la historia de un cambio educativo necesario que nunca termina de llegar" esta afirmación dista mucho de recoger la realidad de la práctica de la inmensa mayoría de los docentes, cuando no es manifiestamente ideológica. Sin embrago, nos hemos acostumbrado a que algunos políticos presenten al sistema educativo como el chivo expiatorio de los males de la sociedad y, a su vez a los profesionales de la educación como el chivo expiatorio de los males de ésta.

Sin embargo, si hubiera que identificar una sola media para impulsar la transformación del sistema educativo, esta no podría ser otra que promover el empoderamiento social de los profesionales, muy por encima de las expectativas regulatorias, incluso en colisión, si éstas no son capaces de comprenderlo.

No es casualidad que el motivo que presidió el congreso 2014 de UNESCO sobre M-Learning fuera, "El uso de las tecnologías para el empoderamiento del profesorado". El cambio del sistema educativo pasa inexcusablemente por el liderazgo del profesorado, objetivo imposible sin la confianza de las administraciones y el reconocimiento social de su función.

Los estudios de TALIS y PISA insisten en demostrarnos que un aprendizaje personalizado, integrador de los ámbitos formales e informales, colaborativo y mediado crecientemente por las tecnologías de información, demanda un exigente compromiso de los docentes. Este nuevo liderazgo exige revisar la ordenación académica en los centros, potenciar el aprendizaje entre los profesores y una profunda revisión de las prácticas docentes. En España hay un número significativo de buenas prácticas que avalan estas tendencias, si bien suelen producirse de manera inconexa, cuando no espontanea, y pasar desapercibidas. La mayor dificultad para su conocimiento y propagación es la falta de políticas que promuevan un debate educativo en términos profesionales.

Por otra parte no podemos olvidar que son los profesionales de la educación los únicos que pueden orientar el aprendizaje a las necesidades reales de los alumnos. Cómo decía recientemente Antonio Lafuente en TEDx el reto de la educación en la sociedad del aprendizaje es integrar "lo que nos pasa" en el aula, como han hecho siempre los buenos maestros.

En un mundo dominado por el exceso de información los sistemas educativos deben competir con otras instituciones para ser capaces de atraer la atención hacía el aprendizaje. Los reclamos tradicionales basados en la obtención de títulos pierden relevancia. «Hay que vincular el aprendizaje con hechos cotidianos de modo que las personas puedan dominar su vida», dice Reinhard Kahl. Formar para la vida, como dijo John Dewey hace más de cien años, sigue siendo el reto; educar para el presente, sí, pero para un presente incierto, que como nos hizo ver William Gibson, cada vez más, se confunde con el futuro.

El sistema educativo debe contagiar la pasión por el aprendizaje. Hoy conocemos que las inteligencias de las personas son diversas y que las condiciones de entorno son tan determinantes como dinámicas. Hoy el acceso a la información es ubicuo, prácticamente ilimitado y de bajo coste, y las posibilidades de cooperación se han vuelto globales. Por eso, hoy defender un sistema educativo sobrerregulado y que minusvalora el papel del docente (parafraseando a Ulrich Beck una escuela "zombie"), es una irresponsabilidad sólo explicable desde la ignorancia o la frivolidad.

De igual modo son los profesionales de la educación los responsables de la creación de auténticas comunidades de aprendizaje. Son ellos los que pueden liderar el atraer la sociedad a la escuela y el llevar el aprendizaje al barrio o al pueblo.

La escuela es un espacio de integración de saberes, formales e informales, cultos y tradicionales. Es una comunidad unida por un propósito. El precio de no entender esta realidad en una sociedad crecientemente desintermediada por el uso de las tecnólogas, es la desescolarización; dejar a los actores del mercado y a las posibilidades de las familias el futuro de la educación.

Sin escuela difícilmente habrá democracia, pero una escuela capaz de incidir en el entorno sociocultural. Como señala Ramón Flecha "El aprendizaje escolar no recae exclusivamente en manos del profesorado, sino que el logro de una educación de gran calidad depende de la participación conjunta de las familias, las asociaciones del barrio, el voluntariado,..." Por ello, cada centro educativo debe ser capaz de construir su propio proyecto, reflejo de las necesidades y cultura de la comunidad que integra. En 1996 el Informe Delors de la UNESCO, "La educación encierra un tesoro" ya recogía como el reto para los sistemas educativos es ser capaces de conciliar una formación cosmopolita para una sociedad global, con el respeto a la tradición y a las diferencias culturales locales.

La banalización que sufren los temas vinculados a la educación lleva en no pocas ocasiones a ignorar la complejidad de la experiencia y el conocimiento de los profesionales de la educación Sólo ellos pueden impulsar la incorporación en las prácticas docentes de las evidencias científicas.

El descubrimiento del cerebro se planteó como el gran reto de la ciencia para el siglo XXI. Los avances obtenidos hasta ahora no defraudan las expectativas. Incorporar de manera generalizada a las prácticas docentes el rigor y la creatividad que desde múltiples campos del saber se han generado en los últimos años, es una tarea esencial de los profesionales de la educación..

Como sucede en el derecho a la salud, el derecho a aprender supone que cada persona, cada alumno, tiene que recibir la atención que mejor se corresponda con sus necesidades concretas de aprendizaje. La personalización no es una opción, y menos una utopía, y así lo entienden en la práctica diaria muchos centros y profesores. Todos somos distintos, todos tenemos derecho a aprender de acuerdo con nuestra identidad. Es cierto que la enseñanza es un arte, y que aprender es una actividad social, pero también lo es que su expresión se soporta en un saber riguroso cuyo dominio es esencial. El aprendizaje emocional, el aprendizaje cooperativo, la gamificación, el apredizaje adaptativo, el aprendizaje invertido, las inteligencias múltiples y otras muchas innovaciones educativas han generado evidencias que reclaman una profunda reflexión desde la profesionalidad.

Afirmar que los profesionales de la educación son los maestros del siglo XXI tiene una doble lectura. Por lado es una reivindicación; la mejor definición del docente del siglo XXI no procede de la incorporación de anglicismos, sino de la reivindicación de la figura tradicional del maestro, el maestro entendiendo tal y como Miguel Unamuno definió a Francisco Giner de los Ríos, "Supremo partero de mentes ajenas". Por otro es una propuesta, un propósito sobre el liderazgo de les corresponde asumir a los docentes en el mundo emergente en que vivimos. Son muchos los que han visto a los maestros en el siglo XX como "héroes civilizatorios", los auténticos adalides y guardianes de los valores democráticos. La velocidad y profundidad del cambio que ha experimentado la sociedad en las últimas décadas ha hecho que el discurso educativo se haya quedado rezagado. Sin embargo, cada vez son más docentes los que, con independencia de los marcos regulatorios y de la organización institucional, reivindican un papel crítico ante los desafíos de la revolución digital, y que plantean su responsabilidad en la defensa de las virtudes republicanas ante los valores de una globalización insostenible.

Si el aula ha dejado de tener, si alguna vez lo tuvo, el monopolio del acceso a las información, si la finalidad del aula transciende a la transmisión de información, para ser un espacio de transacción de conocimiento y valores, si alguna vez no lo fue, si queremos que la educación sea dialogo y participación; la más importante actuación que podemos realizar para transformar el sistema educativo es el empoderamiento de los profesionales

La revalorización de profesión docente es una tendencia global. Las prospectivas de empleo ante el siglo XXI nos indican que las profesiones vinculados a la atención a las personas, como son las educativas; son de los nichos de trabajo que previsiblemente más crecerán. Igualmente en una sociedad plenamente digital, en donde los elementos reputacionales vinculados a la economía del don son de crecientemente importante, la relevancia social de la profesión de docente es creciente. La sociedad no puede continuar cambiando sin la educación. La educación no puede cambiar sino es impulsada por sus profesionales.

Volviendo a la reflexión con que abríamos el artículo, hace unos pocas fechas hemos tenido ocasión de comprobar cómo el debate público sobre el atroz suceso en un centro catalán se convirtió en una metáfora de las tensiones que sufre la educación. Así sucedía al marginarse la realidad que configuró alguien que bien podríamos considerar como un héroe de lo cotidiano, un profesional capaz de evitar una tragedia aun mayor, capaz de traer la humanidad a una situación desesperada; a un maestro. Y con él se volvió a ocultar la realidad de la educación.

Alfonso González Hermoso de la Mendoza es presidente de la Asociación Educación Abierta

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