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Secundino Hernández deslumbra en ARCO

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 19 de febrero de 2014, 11:00h
Actualizado: 19/02/2014 16:22h
El madrileño Secundido Hernández (1975) será uno de los nombres que más sonará en ARCO este año, como sucedió también en los dos anteriores. El espaldarazo que le dio entrar en la colección de arte de los norteamericanos Rubell lo ha convertido en una de las principales promesas de la pintura española a nivel internacional.
  • Secundino Hernández (pintor)

    Secundino Hernández (pintor)
    Juan Luis Jaén

  • Secundino Hernández (pintor)

    Secundino Hernández (pintor)
    Juan Luis Jaén

  • Secundino Hernández (pintor)

    Secundino Hernández (pintor)
    Juan Luis Jaén

Secundino Hernández siempre ha sido pintor, desde pequeño cuando era el elegido en el colegio para crear los decorados para las funciones teatrales, y casi siempre ha podido dedicarse a ello, aunque también ha tenido otras ocupaciones esporádicas, como repartir paragolpes, por lo que lo conocen en los talleres de la zona industrial de Coslada en la que tiene su estudio. Ahora, después de que los prestigiosos coleccionistas estadounidense Rubell se interesaran por su obra y adquirieran cinco cuadros, es uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional y una de las referencias de ARCO, que comienza este miércoles. 

Este éxito repentino, aunque trabajado durante muchos años, "ha sido como un regalo" para este madrileño de Hortaleza, que mantiene los pies en el suelo. No tener expectativas ni estereotipos es su principio vital, según señala. "Vender está bien, pero no lo es todo. El éxito está asociado, por desgracia, a un reconocimiento del mercado, pero a mí me gustaría más que mi obra influyera. Quiero pensar que las dos cosas van de la mano", reflexiona.

Aunque ya se ha acostumbrado a la "avalancha" que vive desde hace dos años, procura marcar el ritmo ante la mayor demanda de nuevas obras para galerías y exposiciones. Un ejemplo es que estará en los stands de cinco galerías (Heinrich Ehrhardt, Burbel Grässlin; Múrias Centeno, Forsblom y Krinzinger) de diferentes países en ARCO, donde el año pasado, en seis espacios diferentes, lo vendió todo. Ya ha perdido la cuenta de cuántas obras tiene. "Un cuadro lleva a otro cuadro, pero todos tienen que tener algo de verdad. Tiene que ser una exploración, un paso más técnico o conceptual", indica sobre su proceso creativo. 

De los clásicos a las vanguardias

Secundino Hernández renuncia a clasificarse. Cita las vanguardias, el informalismo español de mitad del siglo XX y también la pintura clásica de Velázquez, El Greco o Goya, aunque la abstracción haga más difícil reconocer estas influencias. Define su pintura como "muy básica, de línea y plano, pero también pendular". En el otro extremo, se encuentran sus cuadros paleta, que utiliza para mezclar colores o limpiar pinceles utilizados en otros hasta que van surgiendo relieves coloreados. "La pintura es esencialmente pigmento y aglutinante. Ver eso y que tu mente vaya más allá es el milagro de la pintura", asegura.

"No sé si me estoy expresando o simplemente haciendo cuadros", reconoce. En cualquier caso, entiende su obra como una oposición a cierto orden establecido: "Vivimos en un mundo de superficies pulidas, brillantes... Los dientes, el cuerpo, a donde mires, los tomates; todo, impoluto, pero no es así. ¿Por qué nos estamos engañando? Mis cuadros reflexionan sobre eso".

Huye de la etiqueta del expresionismo, al menos en el sentido de espontaneidad que a veces lleva asociado. "Los cuadros están bastante planeados, hay una parte libre, pero está todo bajo control". De hecho, reparte su tiempo entre su estudio de Berlín y el de Coslada. En la ciudad alemana desarrolla las ideas y hace sus bocetos, y en Madrid las plasma en sus grandes lienzos, que pueden pesar hasta 30 kilos, en algunos casos, muchos de pintura.

Su tiempo lo reparte casi por igual entre las dos ciudades, hasta el punto de decir que vive en sus cuadros. "Estoy en los dos sitios, pero tributamos en España", comenta con sorna. Hernández se fue a trabajar hace años a ciudades como Roma, Viena, y desde hace cinco pasa la mitad de su tiempo en Berlín. "En Madrid veía que no había mucha perspectiva de futuro. España es un país muy culto y tiene muchas cosas que ofrecer, pero en Alemania, por ejemplo, hay una tradición de coleccionismo que aquí no hay", compara este madrileño, "algo cabreado" con la evolución de la ciudad.

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