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Mujeres conductoras de autobús: 'Me han llegado a decir que mejor se esperaban y cogían el siguiente'
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(Foto: Chema Barroso)

Mujeres conductoras de autobús: "Me han llegado a decir que mejor se esperaban y cogían el siguiente"

miércoles 04 de marzo de 2020, 15:56h

Los autobuses destacan con sus colores verde, azul y blanco sobre el fondo mate de la pared de cemento. Están aparcados en batería al lado del edificio de Grupo Ruiz, una de las principales empresas de transporte de viajeros por carretera de España. Consciente de la importancia de la igualdad, Grupo Ruiz ha hecho una importante apuesta por la incorporación femenina en su plantilla, pero, a pesar de ello, el sector es aún de tradición masculina: según los datos de la Plataforma Women in Transport de la Unión Europea, a la que se ha adherido recientemente el grupo, en el continente hay un 78% de hombres y 22% de mujeres en el sector, y el porcentaje desciende aún más en el caso del transporte por tierra: tan solo un 14% son trabajadoras.

Una realidad que, sin embargo, no asustó a Rosa González, Gema Cabello y Loli Ruiz cuando decidieron ponerse al volante de uno de esos autobuses que ahora descansan en el aparcamiento. Así descubrieron su vocación, un empleo con en el que todas dicen estar “muy contentas” y sentirse “realizadas”. No por nada suman entre las tres más de 40 años en la carretera. Ahora, han decidido contar a Madridiario su experiencia en un mundo de hombres.

¿Cómo llegasteis a ser conductoras? ¿Fue una vocación que tuvisteis desde pequeñas o la descubristeis más tarde?

Gema: Yo jamás en mi vida me había planteado algo así. Jamás. Pero tras mi separación me vi en la calle con dos niños pequeños. Y fue ver a una chica conduciendo un autobús y ya está: dicho y hecho. Me informé, me saqué el carné, dejé el currículum en la empresa y tuve la suerte de que aquel año se necesitaban muchos conductores y me llamaron. Y así hasta hoy he seguido mi vida, encantada, fenomenal. Aunque en aquel momento, como si me hubieran puesto en un avión: lo hubiera llevado también.

Rosa: A mí conducir siempre me había atraído mucho. Pero en realidad no encaminé mi vida en esa dirección hasta que me no vi en la necesidad. Antes trabajaba en una fábrica. Tuve que reciclarme en la crisis de 2008 y no había nada de trabajo en mi sector, así que pensé en hacer algo que me gustara. Mi hobby siempre había sido coger mi coche y viajar por toda España arriba y abajo. Y como el tema de los autobuses además económicamente está muy bien remunerado…

Loli: Yo tampoco me lo había planteado nunca, la verdad. Venía de otros sectores y cuando conocí a mi pareja, él trabajaba en la empresa y así llegué a este trabajo. Al principio yo no me veía, ni de casualidad. La vocación la encontré después, cuando empecé a trabajar. A mí me encanta. Es el trabajo que más me gusta de todos los que he realizado.

¿Cómo fue vuestro primer día como conductoras de autobús?

G: Para mí fue horroroso. Al verme con la gente atrás me entró pavor. Me tuvieron que poner una persona que me acompañara porque me daba la sensación de que les iba a estrellar, fíjate la tontería. Pero al final pasé el día fenomenal. Y ahora estoy encantada, me voy de vacaciones y tengo hasta mono, estoy todo el día pensando en el autobús.

L: A mí me encantó. El primer día pensé: este trabajo es para mí.

R: A mí me pasó igual. Me sentí grande, importante.

¿Alguna vez habéis tenido algún problema con algún compañero hombre por el hecho de ser mujeres? ¿Y con los usuarios?

L: Yo en la vida he tenido ningún problema con ningún compañero, ni un comentario fuera de lugar, todo lo contrario. En el caso de los usuarios, y sobre todo hace años, sí me ha pasado alguna vez abrir la puerta del autobús y un hombre o mujer mayor decir: “Uy, una chica, mejor me espero y cojo el siguiente”. Pero es verdad que son casos muy puntuales. También es cierto que muchas veces hay alguna persona que viene ya con prejuicios, piensa que le vas a llevar mal, y cuando ve que lo haces igual o mejor que un compañero te felicita. Y entonces yo le digo: “¿Y qué se pensaba usted?” (Ríe).

G: Yo lo que he notado es mucha envidia de la habilidad que tenemos al conducir. En alguna ocasión he adelantado a un coche y el conductor ha visto que era mujer y le ha dado rabia. Pero también hay muchos pasajeros que prefieren que les lleve una mujer. Somos más sensibles. Nos damos cuenta más a menudo de las necesidades de las personas, esperamos más a la gente. A las personas mayores les encanta que lleve el autobús una mujer. A mí me lo han dicho varias veces, y eso gratifica mucho.

R: Los compañeros te cuidan todo lo que haga falta. En cuanto a los usuarios, a veces me toca transfer al aeropuerto y los pasajeros se quedan asombrados de que seas la conductora. No eres la azafata, no eres la chica que va a recogerlos. Me he encontrado con caras de asombro, me han llegado a preguntar: “Ah, ¿pero usted conduce?”

¿Por qué creéis que existe aún un porcentaje tan bajo de mujeres en este tipo de empleos?

L: Yo creo que es por la sociedad. Estamos demasiado encasillados aún en oficios de “hombres” y de “mujeres”. También creo que es un poco por miedo. Las mujeres se lo tendrían que quitar y en vez de buscar trabajo solo en esos sectores abarcar otros como los transportes. No saben realmente lo que aporta. Mi hermana es conductora porque descubrió este trabajo gracias a mí, pero al principio decía: ¡Cómo voy a ser yo conductora! Y ahora le encanta.

R: Yo creo que es porque está más orientado a un oficio de hombre que de mujer. Pero tenemos las mismas capacidades y valemos igual que ellos. Yo creo que las mujeres, antes, si tenían que buscar trabajo iban a otros sectores en vez de a este, porque era algo desconocido para nosotras.

G: Sí. Es como cuando nace un niño y le das un coche y nace una niña y le das una olla y una muñeca.

¿Cómo ha cambiado la situación para vosotras desde que os pusisteis al volante por primera vez y hasta ahora?

L: Cuando entré éramos cuatro y es verdad que la gente se extrañaba al vernos, pero hoy en día cada vez vienen más mujeres a pedir trabajo y cada vez somos más.

G: Nos han cambiado el uniforme, ahora es más femenino. Solo queda que nos quiten estas corbatas y nos pongan un pañuelito (ríe).

L: Es verdad. Hace años, cuando nosotras entramos, teníamos uniforme masculino, con camisas de hombre. Parecíamos un saco de patatas.

¿Qué creéis que queda por hacer para que más mujeres se animen a ser conductoras?

L: Haría falta concienciar más a la sociedad de que las mujeres podemos dedicarnos a ciertas profesiones igual que los hombres. Además, yo tengo muchas amigas que no se animan a probar este trabajo porque se creen que es muy masculino, que tu imagen personal es más descuidada, cosa que no es verdad.

R: Hay que reforzar el tema del “sí se puede”. Hay muchas mujeres que creen que no pueden. Pero sí pueden, claro que sí. De primeras parece un puesto de trabajo de hombre, de fuerza, pero luego no tiene nada que ver: hoy en día todo son sistemas eléctricos, informáticos, se tiene muchísima facilidad para el manejo del autobús.

¿Qué es lo que más os gusta de vuestro trabajo?

G: A mí muchas veces me ponen en el turno de un colegio de niños con discapacidad y me da una alegría llegar a la parada y que digan: “¡Viene mi conductora favorita!” ¿Tú sabes lo que es eso? Para mí es total.

L: Cuando te dicen que has sido muy amable porque has esperado a una señora, o has facilitado que subiera el carrito, la silla de ruedas…

R: Yo en el servicio discrecional trabajé en la línea Los mayores primero y el amor que te dan los abuelos… En los colegios igual, los niños te acaban cogiendo mucho cariño. Eso llena mucho más que la línea regular. A no ser que estés en una línea fija que ya tienes todos los días a tus viajeros de diario. Pero es súper enriquecedor, económicamente está muy bien y hay que decirle a más gente: tú puedes.

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