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Oficina de empleo de Puerta del Ángel.
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Oficina de empleo de Puerta del Ángel. (Foto: Chema Barroso)

Las oficinas de empleo se reivindican como un recurso esencial en tiempos de crisis

sábado 21 de noviembre de 2020, 08:54h

Teléfonos que no paraban de sonar, buzones de correo desbordados. Si ha habido un servicio particularmente sometido al 'test de estrés' que ha significado la crisis del coronavirus ese ha sido el que prestan las oficinas regionales de empleo. El panorama derivado del confinamiento, con miles de madrileños sin trabajo o abocados a un ERTE, ha convertido este recurso público en parada obligada de una buena parte de la población.

Inscribirse como demandante de empleo es un paso imprescindible para poder tramitar una prestación y seguir percibiendo ingresos, así como para optar a cualquier oferta gestionada por este organismo. Por eso, cuando la crisis sanitaria obligó a suspender temporalmente la atención presencial en las 43 oficinas de empleo que hay en la Comunidad de Madrid, 19 de ellas en la capital, muchos usuarios se sintieron desconcertados. “La gente buscaba cómo comunicarse con nosotros porque necesitaban hacer gestiones vitales para ellos”, apunta Rosell Llorente, adjunta a la dirección de la Oficina de Empleo de Puerta del Ángel. “Empezamos a hacer mucha gestión telefónica y telemática de las demandas de empleo para que la gente no perdiera los derechos que genera tener una demanda activa y además en una fecha en concreto”, añade.

Ocho meses después del inicio de la crisis sanitaria, los responsables del Sevicio Regional de Empleo valoran muy positivamente su capacidad de reacción en una situación tan insólita. “Cuando pienso todo lo que nos ha traído 2020 y los cambios y la adaptación que hemos tenido que acometer desde el mes de marzo en que irrumpió la pandemia, no puedo estar más que muy orgulloso del trabajo hecho”, confiesa Ignacio Niño, director general de Empleo. “No se ha dejado de trabajar ni un solo día, no se ha dejado de atender a los ciudadanos y se han obtenido resultados que son muy satisfactorios”, añade.

“Era imprescindible que siguieran funcionando dada la situación. A puerta cerrada, pero atendiendo al público”, remarca Luis Miguel González, subdirector general de Oficinas de Empleo. “Nunca hemos dejado de trabajar, porque si nosotros parábamos, se paraba el servicio de prestaciones”.

Del otro lado de las puertas cerradas de estos centros públicos, los trabajadores se han mantenido en sus puestos realizando una labor esencial en un tiempo convulso que “ha servido como un baño de realidad para comprobar si los servicios de empleo estábamos o no preparados”, explica Niño, quien cree que “se ha salido adelante sobre todo por el esfuerzo del personal, que ha tenido que trabajar en unas circunstancias muy complicadas y durante unas primeras semanas en las que hubo que adaptarse rápidamente a la nueva realidad del teletrabajo”.

En la Oficina de Empleo de Prosperidad, su directora, Ana Belén García, destaca el trabajo incansable de todos los trabajadores que se han volcado durante todas estas semanas. “La gente no ha tenido horas, estábamos en una situación muy grave, veíamos una necesidad social y había que estar. Quiero decir que la gente ha trabajado todo lo que ha podido y ha querido fuera de su horario. Los empleados públicos en general han dado el do de pecho. Ha sido algo impresionante”.

La confusión con el SEPE

Por lo general, las oficinas del Servicio Regional de Empleo suelen compartir ubicación con las del Servicio Público de Empleo Estatal. “Cohabitamos con el SEPE pero hacemos gestiones diferentes, ellos se encargan de las políticas pasivas (gestión y cobro de prestaciones, subsidios y ayudas) y nosotros de las activas (ofertas de empleo, intermediación). Estamos muy entreligados y en muchas cosas somos complementarios”, recuerda Luis Miguel González.

Es precisamente esa circunstancia la que induce a confusión a muchos ciudadanos. “Cuando tienen un problema con su prestación por desempleo, contactan con nosotros. Les estamos atendiendo al momento, porque las vías de contacto con el SEPE son más complicadas, no tienen habilitado un correo electrónico, cuesta un montón conectar con sus teléfonos y las citas se dan a dos meses vista y eso angustia mucho”, comenta Rosell, quien reitera que este servicio no es competente para abordar muchos de los asuntos que se les plantean, como un ERTE o una prestación no cobrada. “La gente deposita en nosotros su enfado, sus temores, nos cuenta su vida y eso también supone un desgaste porque estamos atendiendo algo que en realidad no nos corresponde pero que comprendemos que la gente nos lo cuente. Eso ha sido duro”.

Luis Miguel González calcula que entre el 80 y el 90 por ciento de las llamadas atendidas en estas oficinas durante los últimos meses eran consultas relacionadas con el SEPE, que “han sido atendidas y calmadas en lo posible. Nosotros hemos tenido muchísimo trabajo y también ha sido muy complicado, porque la gente no entiende cómo nos repartimos las competencias”.

Para la directora de la Oficina de Empleo de Prosperidad, el mayor problema de esa confusión es que el contribuyente no encuentra al interlocutor que le dé la respuesta que busca. “El ciudadano llama a una puerta, le da igual lo que haya detrás, lo que quiere es una solución. Al final siente que la administración le manda de ventanilla en ventanilla o que nos estamos quitando un problema de encima, que no es cierto, todo lo contrario”. De hecho, el personal de estas oficinas ha intentado en todo momento colaborar con el SEPE, “se les daban los teléfonos a los que debían llamar, se les explicaba cómo lo tenían que hacer, se les ha ayudado, porque al final dentro de las competencias que tiene la Comunidad de Madrid, orientar a los desempleados es una de ellas y yo creo que ahí nos hemos volcado”, remarca Ana Balén García.

A pesar de todo, ha resultado inevitable que los empleados de estas oficinas también hayan percibido el clima de hostilidad que, según la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), se ha generado hacia el colectivo de funcionarios del SEPE por la desesperación de los ciudadanos ante el retraso que se ha estado produciendo en el pago de prestaciones, especialmente en aquellos que estaban inmersos en ERTE.

Del trato presencial al contacto a distancia

La lectura más importante que ha extraído Ignacio Niño de esta experiencia vivida a causa de la pandemia ha sido la posibilidad de interactuar con el usuario prestándole un servicio que necesita sin necesidad de ofrecérselo de manera presencial. “Todo el montaje de las oficinas está asentado sobre el paradigma de la presencialidad y de la cercanía física con el ciudadano, así que el hecho de tener que trabajar a distancia nos daba miedo”, comenta. Y admite que durante un tiempo temió “que se nos viniera abajo todo el engranaje”.

A pie de oficina, Rosell compartió esos mismos temores al comienzo del confinamiento. “Nadie estaba preparado para esto, y para nuestra forma de trabajar, que siempre ha sido muy presencial, el salto al trabajo on line ha sido muy estresante. Ha consistido en organizarse mucho, recurrir al ‘ensayo-error’, pero nos hemos tenido que adaptar y nos ha costado, porque toda la gestión de formación, oferta de empleo, orientación laboral y prospección empresarial se hace de manera telemática. Es algo también nuevo para nosotros”.

Aunque ya era posible realizar gestiones por internet, ahora incluso a través de la oficina virtual de empleo, muchos usuarios se resistían a la vía telemática. “A mucha gente la he costado porque estaba acostumbrada a ir a la oficina para cualquier cosa y hemos tenido que cambiar todo el sistema”, apunta Luis Miguel González. Coincide con él la adjunta a la dirección de la oficina de Puerta del Ángel, para quien “hay mucha gente que o no se fía o no se maneja”, y prefieren acercarse en persona para sellar su demanda. De modo que una de las primeras decisiones que tomó la Comunidad de Madrid a raíz de la crisis sanitaria fue habilitar la renovación automática de la demanda de empleo. “De hecho es una medida que se mantiene hasta finales de este año para evitar el movimiento y el exceso de aforo”, indica Rosell Llorente.

Si algo ha quedado patente estos meses es que el teletrabajo y la digitalización es la gran apuesta y ahí es donde está el gran reto de las oficinas. “Estas lecturas que hemos sacado del Covid queremos implantarlas a futuro, contando con la herramienta de los fondos europeos, que están muy volcados en la digitalización”, subraya Niño.

“Yo ahora dispongo de un teléfono de trabajo y un ordenador portátil configurado para conectarme en remoto y acceder a mi escritorio, pero al principio no era así”, comenta Rosell. Estas herramientas fueron incorporándose poco a poco, así que hasta bien entrado mayo “si, por ejemplo, me pedían un educador para un centro de menores, tenía que venirme a la oficina sí o sí, Había que sacar ese puesto de trabajo adelante porque era esencial. Hemos estado cuidándonos a nosotros sin descuidar a la gente que lo está pasando mal”.

El director general de Empleo subraya que han “redescubierto” como herramienta de trabajo el teléfono. “Pensando en quienes no tienen las capacidades digitales, hemos puesto en marcha una centralita telefónica virtual mediante la que hemos atendido a miles de personas. No solo para darles una cita, sino para hacerles los trámites necesarios”.

Para hacerse una idea del volumen de llamadas que están soportando estas oficinas, solo en 15 días de septiembre, entre el 9 y el 25, sus empleados atendieron 62.000 consultas por esta vía, una pequeña muestra de las 500.000 llamadas recibidas desde el mes de julio hasta ahora.

También han comprobado que la realización de gestiones es más eficiente y se ejecuta de una manera más ágil cuando la atención no es presencial. De hecho, durante todo este tiempo “la gestión de ofertas de empleo se ha seguido desarrollando con ritmos bastante buenos. En general, siendo muy honestos, estamos satisfechos. Si me dicen en marzo que llegaría a noviembre así, lo firmo”, comenta Ignacio Niño.

Un nuevo sistema adaptado a la nueva situación

La atención presencial al público en oficina se retomó el 6 de julio pero no con la normalidad de antes de la Covid. De entrada se precisa una cita previa que hay que reservar por teléfono. Durante esa llamada, el personal de las oficinas “detecta lo que la persona necesita y ve si es posible resolverlo sin necesidad de que pase en persona por la oficina. Eso ha supuesto que mucha gente no tenga que venir. Ha servido pero canalizar la organización de la oficina porque hemos reabierto con los aforos reducidos y todo el personal no viene físicamente a trabajar”, refiere Rosell. Los empleados trabajan de manera semipresencial; la mitad de la plantilla va una semana y la otra mitad trabaja de manera telemática desde casa. Y se van turnando para protegerse a sí mismos y al servicio.

Otra novedad que ha traído la pandemia es la contratación de auxiliares de control, personas que se sitúan a las puertas de estos recintos para asegurarse de que solo pasan los citados e informar al resto sobre lo que precisen. Eso supone que solo se atiende físicamente en la oficina a quien necesita hacer una gestión para la que resulta vital su identificación.

El mayor reto al que se han enfrentado estos empleados públicos es la inscripción como demandantes de empleo de tantos trabajadores a los que la Covid ha expulsado del mercado laboral. “Ha sido una locura, hoy lo sigue siendo, es uno de los 'palos' que más estamos trabajando”, confiesa la responsable de la oficina de Prosperidad mientras recuerda aquellos primeros días de confinamiento. “Fue muy desconcertante todo en ese momento, pero finalmente en muy poco tiempo se redirigió la situación y se ha trabajado bastante bien, aunque muchísimas horas”.

Pero en estas oficinas no todo ha sido atender dudas al teléfono e inscribir a demandantes de empleo. Durante estos meses, lo mismo que el coronavirus provocaba la crisis de muchos negocios, también favorecía la creación de empleo en otros que veían crecer su actividad y necesitaban ampliar la plantilla. Acudir a los servicios públicos de empleo para seleccionar a los mejores candidatos sigue siendo uno de los principales recursos de las empresas, algo que acreditan los datos. “De enero a octubre de este año tenemos una gestión de ofertas de 6.700 en el sector privado y 6.300 en las administraciones públicas, unos 13.000 puestos entre entidades públicas y privadas”, destaca Ignacio Niño.

“Encontramos dos o tres sectores en los que especialmente ha habido requerimiento de profesionales: en la primera parte, el sanitario y sociosanitario, y en esta segunda oleada, el sector educativo especialmente”, señala el subdirector general de Oficinas de Empleo donde han recibido “multitud de ofertas” tanto públicas como privadas; del Samur, el Summa, el Ayuntamiento de Madrid, la Agencia Madrileña de Atención Social o la Federación de Residencias, “especialmente para puestos de limpiadoras, enfermeras, médicos, celadores, cocineros, auxiliares de servicios o mantenedores”.

A medida que avanzaban las semanas en confinamiento, el sector de la distribución logística y agroalimentario comenzó a generar también abundante oferta, “todo relacionado con cómo hemos cambiado el comportamiento por la pandemia. Lo que vivíamos se trasladaba al mercado laboral”, incide. “Había que cubrir puestos de conductores de furgonetas, cajeras, dependientes, mozos de almacén, repartidores…”.

Tras el verano, con el inicio de este atípico curso escolar y las medidas antiCovid en los centros educativos, “lo que más hemos tenido es oferta pública relacionada con el funcionamiento de los colegios: profesores especializados por materias, enfermeras escolares, auxiliares de control, limpiadores, cocineros, camareros…”, desgrana Luis Miguel González, quien cifra entre 3.000 y 4.000 los puestos de trabajo que se han gestionado en este campo desde la oficina de Puerta del Ángel, que es la que centraliza lo relativo a las contrataciones de la Consejería de Educación.

“Nuestra oficina colabora con la Consejería para la cobertura de puestos cuando no hay listas de interinos, las bolsas están agotadas y hay que cubrir puestos que son de necesidad inmediata”, explica la adjunta de esta oficina. “Lo que nos ha pasado es que hemos visto incrementarse nuestra gestión el doble y el triple en muy poquitos meses, desde el comienzo del curso escolar para acá”. Lo achaca al hecho de que “no se han podido hacer las oposiciones a los cuerpos de profesores y maestros en junio, que las listas estaban agotadas, las clases desdobladas con profesores de refuerzo, con muchísimas más bajas que hay que cubrir, personal de limpieza que hace el doble de falta..”. Confiesa que estaban "desbordados. Y el problema es que todavía hay mucha gestión en marcha.”

Dispuestas a seguir ayudando

En este momento las Oficinas de Empleo centran sus esfuerzos en procurar ser de ayuda para las personas afectadas por esta crisis económica que aún se encuentran en una situación muy complicada. “Va a haber dos grandes retos: la orientación y la intermediación”, asegura el director general de Empleo, cuya mayor aspiración es “conseguir recolocar a todas estas personas descolocadas, gente que está preparada, con una vida laboral muy activa pero que se ve ahora en estas circunstancias. Hay que reorientarles en la búsqueda de empleo en otros sectores, en otras ocupaciones. Luego está la intermediación, identificar en base a los perfiles profesionales de estas personas quienes son los más adecuados para las ofertas de las empresas”, expone.

El contacto con las empresas y la prospección empresarial es una gestión más que se realiza desde estas oficinas, “para ofrecerles nuestros servicios de intermediación laboral y gestionar sus ofertas de empleo”, explica Rosell. “Ha dado un bajón muy grande la gestión de oferta privada, pero les hemos seguido atendiendo. Hemos cambiado un poco la forma de dirigirnos a ellos, por informarles de procedimientos, ayudas que van saliendo, es decir, que sientan que el Servicio Público de Empleo sigue ahí, que cuenten con nosotros en la medida que les seamos útiles”.

Entre los programas de empleo que se han reanudado con la vuelta a la actividad están los enfocados a promover la incorporación al mercado laboral de trabajadores que lleva mucho tiempo desempleados o que les falta cualificación. “Solo con el Ayuntamiento de Madrid, estamos gestionando 1.300 puestos”, nos cuenta Luis Miguel. “Es un empleo que no es de mercado laboral normal, son promociones que se hacen para reactivar a los desempleados con formación para que actualicen conocimientos y se sientan seguros, especialmente los jóvenes que se consideran parados de larga duración cuando llevan seis meses de desempleo. Con esto los movemos, hacemos que salgan de las rutinas que hayan creado, que vayan a un puesto de trabajo”. Este programa, que se desarrolla en colaboración con los ayuntamientos, ofrece ocupaciones de lo más variopinto, no solo las típicas plazas asociadas a la administración. “Hay documentalistas, arquitectos… Incluso en la sierra han contratado un arqueólogo”, añade.

En esta misma línea se pronuncia Ana Belén García. “Estamos colocando a mucha gente con las ofertas de los ayuntamientos. Son programas de empleo estupendos y se está trabajando en ello ahora” señala y lamenta que no se conozca suficientemente todo lo que se hace desde este servicio público. “Que la gente tenga en cuenta que no solamente estamos aquí atendiendo al teléfono y haciendo inscripciones. Hacemos muchas otras labores. Por ejemplo, la labor de orientación que realizan los técnicos es fantástica y ayudan a muchas personas a encontrar empleo”, concluye con un entusiasmo similar al que pone el subdirector de las Oficinas de Empleo cuando insiste en trasladar esperanza a la gente que hoy se encuentra en busca de trabajo: “Sigue habiendo ofertas, el mercado sigue activándose. A pesar de que la situación es difícil, no todo está cerrado”.

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