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ARQUEOLOGÍA EN MADRID (II)

Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional
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Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico Regional (Foto: Cristina Martín.)

Enrique Baquedano, director del MAR: "Las actitudes identitarias terminan manipulando la historia"

viernes 30 de diciembre de 2016, 12:02h

Enrique Baquedano (Soria, 1958) es arqueólogo y especialista en evolución humana. Dirige desde su apertura en 1999 el Museo Arqueológico Regional (MAR), instalado en un remozado convento de Alcalá de Henares. Al mando de esta institución, mantiene vivo el reto de convertir en atractiva la divulgación de la memoria más remota de la Comunidad para un público, el madrileño, carente de cualquier urgencia nacionalista por reivindicarlo. Su antídoto contra las tentaciones folclóricas va en dos dosis: ser radicalmente científico y colaborar. Lo mejor, dice, es que haya muchos logos. En 2017 llegarán las obras de ampliación de este joven museo, que repararán una "multitud de pequeños problemas". Piezas numantinas nunca vistas en España desde hace un siglo y lo último de las fértiles excavaciones de Cerro Batallones y Pinilla, entre las primicias de los próximos años.

La ampliación del MAR se ha postergado por la crisis pero parece que será una realidad a partir del año que viene. ¿Por qué hace falta acometerla pasados solo 20 años desde su apertura?

Cuando se inauguró, sabíamos que el MAR nacía pequeño en algunos aspectos, y su ampliación estaba prevista. Teníamos claro que el museo tenía que crecer a costa de un solar que ocupaba una comisaría de policía contigua. Desde entonces, hemos peleado para que se trasladara y se demoliera. Además, conseguimos que se encargara un proyecto de ampliación. Cuando se iba a adjudicar, en 2011, en un momento de gran crisis, la Comunidad decidió paralizarlo. Es algo que no nos gustó, pero que comprendimos. Afortunadamente, la presidenta, Cristina Cifuentes, ha tirado ahora para delante con la ampliación. Estamos muy constreñidos desde varios puntos de vista (restauración, biblioteca, espacios expositivos o de investigación). Vamos a esponjar el museo, que crecerá un 50 por ciento y vamos a resolver una gran acumulación de muchos pequeños problemas.

¿En qué se va a notar?

Al principio no teníamos un teatro. Hemos habilitado el patio, pero no hay camerinos. Tampoco tenemos un muelle de descarga para que lleguen los objetos de las excavaciones o para exposiciones. Parece una anécdota, pero no lo es. Es un problema diario de logística. Tenemos una ridícula para investigación, por no hablar de los despachos de los funcionarios, que no tienen luz natural. Hay problemas de evacuación o de bomberos. Llevamos años resolviendo problemas. Estamos muy ilusionados. En cuanto a las actividades, vamos a hacer las mismas, pero más y mejor.

¿Va a cambiar algo el proyecto?

Se mantiene la maqueta. Los usos y las funciones son las que estaban previstas en 2011. El proyecto [de ampliación] llega hasta 2019.

¿Habrá novedades en la exposición?

El discurso será el mismo. Tenemos un museo de historia, no de arte. Lo que hacemos es contar una historia que ilustramos con objetos arqueológicos. Vamos a cambiar apartados y piezas puntuales. Una unidad, la dedicada al Madrid antes del hombre desde la paleontología pura, va a incorporar los hallazgos de Cerro Batallones. Vamos a hacer una exposición temporal sobre este yacimiento que itinerará por varios sitios y que se quedará como permanente después. Ese es uno de los yacimientos estrella, paleontológico, y lo excava un equipo del Museo de Ciencias Naturales. El otro es el de Pinilla, que es arqueopaleontológico, y sí lo gestionamos nosotros junto al de Santorcaz, el más importante del mundo carpetano.

¿Cuál es la seña de identidad de este museo?

Este museo se distingue por dos cosas: una es la investigación y otra la apertura, Hay muchas instituciones que intentan no compartir el logo. Nosotros somos partidarios de que haya muchos. La próxima exposición sobre Adolf Schulten la hacemos con la Junta de Castilla y León, el Museo de Mainz y el Instituto Arqueológico alemán. Yo no sé trabajar si no es en colaboración.

Esa es una aproximación científica.

Sí, creo que tiene que ver con mi manera de ver las cosas. En arqueología no se puede trabajar si no es en equipo. Durante muchos años los equipos eran muy monótonos, luego interdisciplinares y yo ya soy transdisciplinar. En el mundo de la evolución humana trabajamos paleontólogos, arqueólogos y geólogos, pero ya no sabemos muy bien lo que somos cada uno. Tenemos los cerebros conectados.


Patio interior del MAR, habilitado como espacio multiusos (C. M.)

En Madrid, a diferencia de otras comunidades, faltaba un museo de estas características, ¿por qué?

Madrid no tiene ese sentimiento regionalista que existe en el resto de los pueblos de España. Al no cultivar la identidad, se descuidó muchísimo el estudio del pasado. Lo que sabemos de Madrid es en buena medida gracias a la creación de nuevas infraestructuras. Ha habido muy poca arqueología sistemática, de la que solo responde a motivos de investigación.

En Almería, el mayor símbolo de toda una provincia es una figura rupestre, el indalo...

Sí. Yo soy de Soria y allí cualquier chico se identifica con Numancia. Aquí es llamativo que de los pueblos carpetanos no se supiera prácticamente nada hasta que nosotros excavamos en Santorcaz. Aparecen muchas veces citados por las fuentes clásicas y no había ningún yacimiento importante.

¿Qué habéis descubierto ahí?

Todos los yacimientos son únicos pero Santorcaz es 'muy único'. Los carpetanos lo abandonan corriendo, se dejan todo el ajuar. Es como si se hubieran ido por la mañana y nosotros hubiésemos llegado por la tarde. Nos ha permitido tener una información privilegiada sobre ellos. Si no se sabía más es por la falta de una necesidad identitaria. Por otra parte eso está bien. Yo soy muy poco partidario de las fronteras, aunque me parece que es necesario que la gente conozca su pasado.

¿Y no habéis tenido la tentación de construir vuestro discurso alrededor de un 'madrileñismo'?

Esta no es una exposición madrileñista. No es nuestro discurso. El nuestro es científico. Somos radicales en la defensa de esta visión.

En instituciones culturales que se dedican al pasado de otros lugares más sensibles con el tema identitario eso es algo que al final acaba aflorando.

Normalmente las actitudes identitarias terminan manipulando mucho la historia y a mí eso me gusta poco.


El MAR está emplazado en un antiguo convento de Alcalá de Henares (C. M.)

¿Qué se puede adelantar de la programación?

La próxima exposición potente es sobre el centenario de Numancia. Hemos conseguido que nos presten las piezas que se llevó Schulten en 1905 a Alemania y que no habían vuelto. Después, haremos una gran muestra sobre Cerro Batallones y otra sobre Pinilla, que será ya en 2019.

Entre sus ocupaciones, codirige la excavación de Olduvai Gorge.

La dirijo con Manuel Domínguez Rodrigo, que es profesor en Harvard. Estamos allí desde 2006, al norte de Tanzania, en una zona que es conocida como la cuna de la humanidad. Es la ventana al pasado para conocer el origen del comportamiento humano más importante de todo el planeta y el conjunto de yacimientos más codiciados. Dirigimos a unas cien personas y todos los años hacemos campañas de unos 40 días. Lo normal en estas cronologías es prospectar, pero aquí tenemos localizados sus campamentos base o sus cazaderos.

En Madrid se practica sobre todo arqueología preventiva. ¿Eso es bueno?

Hay que hacerla. Madrid es una comunidad muy dinámica y siempre es mejor que destruir los yacimientos. Sin embargo, solemos tener el 'handicap' de los plazos y yo me niego a hacerlo.

¿Por qué?

Porque la arqueología necesita tiempo para excavar con rigor, te exige estar pensando y cada día replanteas todo. Es como dirigir una película de cine. Los directores llegan por la mañana y cambian cosas sobre lo planificado según lo rodado el día anterior. No puedes estar presionado por el constructor. Yo soy muy riguroso, probablemente me excedo. Y eso es incompatible.

¿Vale de algo mirar al pasado en este siglo?

Hoy sigue siendo necesario. Es imposible saber quiénes somos sin saber de dónde venimos y no se puede predecir el futuro sin conocer la evolución humana o tecnológica. Tenemos necesidad de conocer en sí misma. La prueba de que una sociedad es culta es que destina medios a conocer el pasado. Antes, al estudio del pasado se dedicaban las clases ociosas, como la aristocracia o el clero. Hoy ya no es así y el interés por la evolución humana se ha socializado.

Baquedano codirige una de las excavaciones más importantes del planeta, en Tanzania.
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Baquedano codirige una de las excavaciones más importantes del planeta, en Tanzania. (Foto: Cristina Martín.)
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