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ARQUEOLOGÍA EN MADRID (I)

Mastodonte hallado en el yacimiento del Cerro Batallones, en Torrejón de Velasco.
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Mastodonte hallado en el yacimiento del Cerro Batallones, en Torrejón de Velasco. (Foto: Cristina Martín.)

El mapa del Arqueológico Regional o cuando en Madrid no había gatos sino elefantes

martes 27 de diciembre de 2016, 07:52h

¿Quiénes fueron los carpetanos? ¿De qué tiene forma el indalo madrileño? ¿Por qué ha ayudado tanto al conocimiento científico el ‘boom’ del ladrillo? En una Comunidad desprovista de tentaciones nacionalistas, su pasado fósil ocupa una parte escueta de la memoria colectiva. El Museo Arqueológico Regional (MAR), en Alcalá de Henares, desafía al futuro divulgando desconocidos tesoros.

La entrada al Museo Arqueológico Regional (MAR) se hace a través de una especie de capilla. Tras un cristal, luce un sol esculpido sobre un fragmento de vaso arrebatado a la tierra de Las Carolinas. Es el indalo madrileño, una rareza iconográfica de cuatro milenios. Sin embargo, y pese a que es el emblema del museo, nadie siente este dibujo como propio. Unos metros más al fondo, el visitante cae preso de los carpetanos. Son, que se sepa, los antepasados más remotos entre los pobladores de lo que luego sería la Comunidad. Pese a su simbolismo colectivo, hallar su nombre en las escuelas es arqueología de la buena. El primer simposio dedicado a su divulgación se celebró hace solo tres años.

El Museo Arqueológico Regional nació como muchas de las instituciones a su escala, al calor del autonomismo que vació al Estado de muchas de sus competencias, también las culturales. Madrid tenía las piezas que describían su memoria más antigua, pero no las vitrinas donde ponerlas. Y, todo sea dicho, menos prisas identitarias para exhibirlas que muchas de las regiones que se sentaron a la mesa del café para todos.

Por eso, hasta mayo de 1999, los madrileños no pudieron poner un pie en el convento dominico de la Madre de Dios de Alcalá de Henares, del siglo XVII, el lugar escogido como museo hacía más de una década. A cambio de los ficheros de los antiguos juzgados y sus postizos forjados, la nave central del templo se hizo diáfana para albergar milenios de historia en huesos de mamuts, sílex y estelas mortuorias.

“Cuando se inauguró ya sabíamos que nacía pequeño en algunos aspectos y que tenía que crecer", señala en una entrevista con Madridiario Enrique Baquedano, arqueólogo director del centro. Este digital publicará la conversación íntegra en los próximos días, en la que el responsable detalla la ampliación que finalmente llegará tras cinco años paralizada. Tres almacenes ya están llenos y otro está a punto de colmatarse.

Los galápagos de Arganda

El Arqueológico es elástico. Hay tigres dientes de sable recolectados del fértil Cerro de los Batallones, en Torrejón de Velasco, y lendreras usadas para su higiénica tarea en una casa de una calle de Alcalá hace solo un rato en términos geológicos. “El recorrido es cronológico y cultural”, destaca Isabel Baquedano, jefa de Conservación e Investigación. Sus estanterías acumulan piezas seleccionadas de unos fondos que van desde hace 80 millones de años hasta la Guerra Civil.

Si algo tenía de especial Madrid para ser fuente de recursos paleontológicos eran sus ríos. “La región era una zona de paso muy poblada por la presencia del Henares, el Manzanares o el Jarama”, destaca. Aquí se cruzaron al menos tres especies humanas. Además, en Barajas, hubo tortugas gigantes como las de las Galápagos, en Arganda se han encontrado restos de elefantes, y hienas en Pinilla. El uro, ese toro primitivo anterior al de lidia que medía más de dos metros de alzada, pastó desde hace medio millón de años hasta el XVIII a la sombra del Pirulí.

La baza del ladrillo

“La mayoría de nuestras piezas son hallazgos recientes, desde mediados de los 80, y localizadas en obras”, destaca la especialista. Salvo algunos depósitos de museos nacionales, lo cierto es que la riqueza del Regional debe mucho al desarrollismo ladrillero. “La arqueología está muy ligada a las grandes infraestructuras, como la M-50, el AVE o la ampliación del aeropuerto”, añade.

Es la denominada arqueología preventiva, aquella de emergencia que empieza cuando la excavadora toca algo más que roca. “Nos avisan y vamos”. No alertar es un delito. Fruto de esto, por ejemplo, en la nave central lucen frente a largos mosaicos romanos los rescoldos de un horno inmenso trasladado por piezas desde la T-4.

Uno de los últimos hallazgos que expone el MAR lo ha sido además por partida doble. En Cubas -aunque también Fuenlabrada o Getafe-, se han descubierto ocultaciones arqueológicas, es decir, objetos de valor que los antiguos pobladores enterraban para despistar las tentaciones de los invasores. Canónicamente, se creía que estos botines solo incluían tesorillos o monedas. “Hemos visto que también guardaban cerámicas o vidrios bajo tierra, esperando tiempos mejores”, describe Baquedano.

El Museo también gestiona dos yacimientos, los de Santorcaz y Pinilla del Valle, dos de los ‘atapuercas’ madrileños. En el primero, duerme el misterio de los últimos indígenas madrileños, los carpetanos. En el segundo, las rocas intercalan campamentos neandertales con cubiles de hienas. El director del centro, además, participa en otras excavaciones mucho más exóticas, las de Olduvai, en Tanzania, la cuna de la vida.

A lo largo de sus salas, hay una bandera común, la del rechazo al primitivismo, al retrato del antecesor como un ser distinto, embrutecido. “Hemos querido aumentar la presencia de la mujer, de los ancianos o de los niños. En las imágenes, se muestran sentimientos como el dolor o la compasión”, explica la responsable. “Son tan humanos como nosotros, aunque algunos necesitaran comer 6.000 calorías diarias para vivir”.

El museo rechaza el primitivismo y apuesta por 'humanizar' las representaciones de los predecesores.
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El museo rechaza el primitivismo y apuesta por 'humanizar' las representaciones de los predecesores. (Foto: Cristina Martín.)
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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    3510 | Maria - 27/12/2016 @ 20:29:39 (GMT+1)
    "Madrid tenía las piezas que describían su memoria más antigua, pero no las vitrinas donde ponerlas. Y, todo sea dicho, menos prisas identitarias para exhibirlas que muchas de las regiones que se sentaron a la mesa del café para todos".
    Ese es Justo el problema de tantas cosas...
    3508 | Lara - 27/12/2016 @ 14:32:45 (GMT+1)
    Este museo esta muy bien es muy interesante el mapa

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