Todas la miradas señalan al seleccionador como el culpable del fracaso
10/09/2014@22:09:46
Todo estaba preparado para que España y Estados Unidos se batieran en la gran final: el cuadro, la elección de las sedes, los aficionados, la prensa... No había lugar para los contratiempos. No cabía la sorpresa. O sí. Y de nuevo con el mismo verdugo: una Francia sin Parker que frenó en seco (otra vez más) las aspiraciones de una generación de jugadores que quería ser recordaba como la mejor de la historia del baloncesto español. Una selección copada de talento que se quedó incomprensiblemente en 52 puntos. Un juego interior admirado por todos incapaz de controlar el rebote (50 capturó Francia, España 28). Estrellas que se apagaron, que no aparecieron. Y un seleccionador sin ideas, falto de reflejos y torpe en la rotación que puso a la grada del Palacio de los Deportes de acuerdo en el canto final más triste de todos los imaginados: "Orenga dimisión".