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Espacio Vecinal Montamarta en San Blas.
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Espacio Vecinal Montamarta en San Blas. (Foto: Pedro García)

El riesgo de derrumbe pone fin al Espacio Vecinal de Montamarta en San Blas

Por Lidia Núñez Alañón
martes 01 de febrero de 2022, 07:28h

Tras diez años de un proyecto creado por y para los vecinos del barrio de San Blas, el Espacio Vecinal de Montamarta da por finalizada su actividad ante el riesgo de derrumbe de su edificio. Fundado en 2011 como reivindicación por el abandono institucional y falta de equipamiento en el distrito, el espacio vecinal acogía a seis asociaciones y una veintena de actividades autogestionadas por los vecinos del barrio.

“La intención es que el edificio pudiese dar cabida a las demandas de los vecinos, se autogestionaban y podían ser desde un club de lectura a un grupo de apoyo mutuo de salud mental”, cuenta Luis Vallejo, que formaba parte activa en el proyecto de Montamarta. Así, gracias a la voluntad de los vecinos y a través de una asamblea, este espacio ofrecía servicios gratuitos a un barrio afectado por la precariedad y altas tasas de paro.

Una labor social que se perderá con su cierre y que lamentan desde las asociaciones y colectivos vecinales de San Blas. A través de las redes sociales, numerosos colectivos han expresado su tristeza por su desaparición.

El motivo del cierre se basa en un informe desfavorable de la Junta Municipal que advertía del riesgo de derrumbe del edificio. Este problema sumado a la pandemia llevó a que las asociaciones abandonasen el espacio siendo reubicadas progresivamente en otros centros culturales y espacios vecinales. Según fuentes del Área de distritos del Ayuntamiento, han “ofrecido espacios y alternativas a las asociaciones que ocupaban ese espacio”.

Sin embargo, con esta dispersión se pierde la esencia del proyecto y deja fuera a más de 20 actividades que desarrollaban los propios vecinos. “El Ayuntamiento no tiene formas de poder gestionar un edificio como el que nosotros habíamos ocupado”, subraya Luis. Precisamente, el origen del proyecto Montamarta radica en la ocupación de este edificio que llevaba 30 años abandonado y que los vecinos reclamaban como un espacio para el barrio.

Un espacio creado por y para el barrio

La ocupación se llevó a cabo en 2011 y a través de una mesa de negociación se consiguió su cesión legal un año después. Desde entonces, el espacio ha albergado iniciativas vecinales, colectivos y asociaciones. “Lo interesante del proyecto es que el vecino y la vecina se pudieran sentir motores de generar cultura, en vez de meros consumidores como ocurría en otros centros culturales”, apunta Luis, que trabajó en el proyecto desde su fundación.

"Nosotros presentamos una alternativa de gestión"

La llegada del informe técnico que advertía del riesgo de derrumbe del edificio fue “demoledor” para aquellos que formaban parte de Montamarta. Con el cierre, no se pierde solo el espacio físico, también un lugar de encuentro que permitía la unión de los ciudadanos y la promoción de actividades públicas. Los vecinos podían acudir a meditación, yoga, pintura, baile o canto, además de clases de filosofía y de fotografía digital. Otras de las actividades culturales consistían en un cine fórum los 'Domingos de Cine' y un Club de lectura, que permitía compartir experiencia e impresiones.

“Nosotros presentamos una alternativa de gestión ante la falta de capacidad económica y de personal del Ayuntamiento para gestionar un edificio como el que teníamos y con tal volumen de actividades”, apuntan desde el espacio para explicar por qué el cierre del edificio supone el fin de Montamarta.

La reubicación, desigual para las asociaciones

La reubicación de las asociaciones se puso en marcha una vez se cerró el edificio y ha seguido ritmos diferentes en función de cada una de ellas. Agustina Serrano, presidenta de la Plataforma Vecinal de San Blas, reconoce que para ellos la reubicación “fue fácil” gracias a su condición de asociación federada en la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM).

Al otro lado, se encuentra el grupo Scout Orión B. Debido a su tamaño todavía no han encontrado un espacio donde sus 150 miembros puedan llevar a cabo sus actividades. “Nos ubicaron en otro espacio vecinal, en San Faustino 23, pero por el tamaño nos sirve solo para dos grupos cuando tenemos cinco”, narra Pablo Roldán, uno de los monitores del grupo Scout.

Por sus propios medios han buscado otras alternativas y a través de la Plataforma de Vecinos han conseguido salas en el centro Antonio Machado. Sin embargo, siguen sin encontrar un lugar para todos. “La Junta ofreció San Faustino como alternativa a Montamarta pero no cubre las necesidades, ni mucho menos, que sí cubría el espacio vecinal”, asegura Pablo. Para este monitor, la alternativa de la Junta es insuficiente por lo que están reuniéndose con directores de colegios que cedan sus espacios.

Pérdida de un espacio de encuentro vecinal

La pérdida de Montamarta va más allá de la ausencia de un edificio común. Para Pablo suponía una forma “de estar en contacto con el barrio” y lamenta que con su cierre se haya perdido “tejido vecinal”.

"Estar en contacto con el barrio”

Se ha dado cobertura a las familias, a las vecinas y vecinos con pocos recursos, las actividades que se hacían en Montamarta eran autogestionadas por vecinos y por ello era gratuito. Con eso te lo digo todo”, sentencia Agustina. La presidenta de la Plataforma Vecinal de San Blas cree que su labor ha sido fundamental en un barrio con una situación económica precaria.

“Montamarta se ha abierto al barrio, a los vecinos y vecinas y niños que no pueden por ejemplo ir a una academia, teníamos apoyo escolar, muy demandado”, cuenta Agustina.

Un futuro incierto para el edificio

A pesar del informe técnico desfavorable, el Consistorio madrileño sí tiene voluntad de llevar a cabo las obras pertinentes que permitan convertir en habitable de nuevo este edificio. Sin embargo, desde la Plataforma de Vecinos se muestran preocupados por el abandono del espacio que podría acabar con la vandalización del edificio.

“La reforma del edificio no entra en los presupuestos de 2022 y tenemos claro que para el 2023 no van a entrar porque es año electoral”, afirma Agustina, que teme el expolio del edificio.

Esta vecina explica que el Ayuntamiento tiene intención de crear una casa de asociaciones, por lo que con ello se “cae el concepto de Montamarta y pierde la autogestión que caracterizaba el espacio vecinal".

Por el momento, el futuro del edificio sigue en el aire hasta que el Consistorio le asigne una partida presupuestaria. El proyecto de Montamarta llega a su fin pero sus miembros esperan que en un futuro se pueda poner en marcha una iniciativa similar.

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