La historia de Bazar Arribas se remonta a 1919, cuando el bisabuelo de la actual generación al mando abrió una relojería que también vendía juguetes. “Mi bisabuelo siempre fue un enamorado del juguete”, ha contado Miguel Mauduit, el bisnieto y la tercera generación al frente de la tienda. Aquellos primeros años marcaron la esencia del comercio, pero tras la guerra, la familia decidió especializarse exclusivamente en el juguete, convirtiéndose en un punto de referencia en el mundo de las jugueterías.
El relevo generacional se materializó de manera natural, marcado por el compromiso familiar y la vocación por el oficio. Conchita Arribas Navarro, abuela de Miguel e hija del fundador, mantuvo el negocio durante décadas, superando las dificultades de ser una mujer empresaria en los años 50 y 60. “Ha estado trabajando hasta casi los 90 años, bajando toda la vida a su tienda”, ha recordado su nieto. En este sentido, el cierre responde al final de una etapa tras el fallecimiento reciente de Conchita. “Hemos llegado a la conclusión de que preferíamos cerrar con eso ya la etapa y pues también cerrar el negocio. No es porque no sea rentable”, ha confirmado Mauduit.
“Hemos llegado a la conclusión de que preferíamos cerrar con eso ya la etapa y pues también cerrar el negocio. No es porque no sea rentable”
Miguel, quien dirige con su madre actualmente la tienda, ha recordado cómo su infancia estuvo muy marcada por su estancia en Bazar Arribas. “Quien nos venía a recoger del colegio eran mis abuelos y nos traían directamente a la tienda”, ha rememorado. Sin embargo, no fue hasta la salida de su tía, que trabajaba en la juguetería previamente, cuando Miguel asumió las labores del negocio familiar. “Posiblemente de pequeño sí que lo había pensado, pero nunca lo había visto como una realidad hasta que ya empecé a trabajar”, ha contado a Madridiario.
Asimismo, el entorno de la Plaza Mayor ha jugado un papel esencial en la historia de esta juguetería. “Esto funcionaba como un barrio normal y corriente de gente trabajadora”, ha afirmado el regente. “Aquí en la Plaza Mayor mismamente había como 6 jugueterías, había mucho negocio”, ha comentado también. Con el tiempo, el incremento del turismo masivo ha cambiado la imagen. Los locales se han orientado a los visitantes y la población ha disminuido. Aún así, ha trasladado Miguel, Bazar Arribas ha mantenido su clientela fiel. Aquellos que fueron a la juguetería traídos por sus abuelos ahora regresan con sus hijos y nietos.
Jugar como antes
Esa fidelidad se sustenta en un modelo de negocio que prioriza la atención personalizada y los juegos más típicos. “Nosotros hemos intentado tirar siempre por ser una juguetería tradicional que apuesta por el juguete tradicional y porque los niños aprendan jugando”, han comunicado desde Bazar Arribas. En una época donde los juguetes electrónicos ganan cada vez más terreno, resistir con una oferta de juegos clásicos es un acto de preservación cultural. A su vez, la tienda ha incorporado de manera limitada algunos souvenirs vinculados a la ciudad de Madrid y otras provincias españolas.
La relación con la clientela ha sido un eje fundamental del éxito de la tienda. “Cuando vas a algún gran almacén, el servicio o la atención que se te da creo que es mucho más reducida”, ha explicado. “Nosotros intentamos dar una atención un poco más individual al cliente”, ha dicho. No obstante, los cambios sociales han hecho más complejo mantener un comercio tradicional. “Tener un negocio es muy duro ya de por sí y ahora, los consumidores también tienen otro tipo de compra”, ha reconocido Miguel.
“Cuando vas a algún gran almacén, el servicio o la atención que se te da creo que es mucho más reducida”
“Me gustaría que nos recordaran como un lugar feliz. Ha salido mucho niño contento de aquí por su regalo nuevo. También muchos adultos. Sobre todo eso, que nos recuerden con felicidad y con sonrisas”, ha insistido Miguel.
El futuro del local del número 16 de la Plaza Mayor aún es incierto. Miguel y su familia barajan distintas opciones personales y profesionales, conscientes de que el comercio que ha existido más de un siglo, desaparecerá. La tienda permanecerá abierta hasta el 31 de marzo en estado de liquidación.
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