En la inmensidad del Sistema Solar existen muchos más elementos que nuestro amado planeta, y a lo largo de nuestro recorrido orbital se nos pueden cruzar desde cometas y asteroides -que se desintegran al entrar en contacto a gran velocidad con nuestra atmósfera, y a los que comúnmente llamamos estrellas fugaces- hasta grandes cantidades de basura espacial.
El 10 de febrero de 1896, un asteroide de gran tamaño impactó en Madrid sobre las nueve y media de la mañana. El meteorito atravesó el cielo de la ciudad dejando un rastro rojizo a su paso, impactó a 24 kilómetros de Madrid y sus fragmentos se dispersaron en múltiples puntos de la región, desde Moncloa hasta Vallecas.
La situación duró menos de dos minutos, según contó La Vanguardia en su edición del 11 de febrero de 1896. De acuerdo con el periódico, el fenómeno creó un gran pánico en la gente, lo que produjo algunos accidentes. En la fábrica de tabacos, por ejemplo, “4.000 mujeres salieron despavoridas a la calle; como consecuencia, una de las operarias sufrió una luxación en el brazo”.
En la época la existencia de este fenómeno era desconocido por la mayoría de la población, muchos creyeron que se trataba del fin del mundo, y otros tantos afirmaron que se trataba de la “mala sombra del General Martínez Campos”, relató el diario.
Posteriormente se recogieron los fragmentos, y algunos de ellos se llevaron al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, donde hoy todavía se pueden admirar.