Madrid deja buen sabor de boca a los turistas, sorprendidos por la calidad de sus aguas. Su origen en una sierra granítica como es la de Guadarrama, así como la utilización de las últimas tecnologías en tratamiento de aguas por parte del Canal de Isabel II Gestión, le otorgan fama más allá de nuestras fronteras.
En Madrid un botellín es solo un botellín de cerveza, al contrario de lo que sucede en otras muchas comunidades, donde el agua también se consume en este formato debido a su sabor. Esto es algo que aprenden muchos turistas nada más llegar a Madrid, donde enseguida perciben que no es necesario, e incluso queda extraño, pedir agua envasada en algunas circunstancias, pues hasta en los restaurantes, en muchas ocasiones, se sirven jarras de agua procedente del grifo.
Es toda una fortuna poder presumir de agua de calidad, sobre todo en un país con escasez de recursos hídricos. Una de las claves de la fama del agua de Madrid es su origen en la cercana sierra de Guadarrama, que al ser granítica le confiere gran pureza, lo que se percibe en su sabor o, más bien, en su ausencia de sabor. Y es que, aunque la única calificación de las aguas hoy día es entre apta y no apta para el consumo humano, lo cierto es que hay una serie de factores que influyen en su calidad. "No siempre es verdad que el agua sea insípida", matiza Fernando Morcillo, de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), al distinguir entre el agua como sustancia y el líquido dedicado a consumo humano.
Uno de las causas decisivas de las cualidades organolépticas del agua es su procedencia, debido a que es un compuesto con una gran capacidad de disolución, lo que la hace tan útil para limpiar. "Las aguas naturales arrastran los materiales de los que proceden. Si esos materiales son más fáciles de disolver, como ocurre con los suelos calizos o yesíferos o las zonas marítimas, por la sal, se altera el sabor", apunta Morcillo. En cambio, los suelos graníticos, como los de la sierra de Guadarrama y la de Gredos, no aportan mucho material, lo que hace el agua "muy palatable". "Cumpliendo la legislación vigente de aguas de consumo humano, el agua de Madrid se distingue de otras aguas de la Península. La sierra granítica que atraviesa el agua no disuelve materiales ni sales. Por eso, no es tan dura como otras y para el paladar es más agradable", explica el subdirector de Calidad de la Aguas, del Canal, Alfonso González del Rey.
Otra cuestión que marca la diferencia en Madrid es que el origen del agua está muy cerca de los hogares a los que abastece, con lo que el agua recibe menos contaminantes tanto naturales como causados por la presión humana. Para poner a punto el agua para su consumo cada vez hay más técnicas y el Canal de Isabel II aplica algunas de las más avanzadas. El objetivo de la empresa pública es "que el agua de Madrid siempre tenga la misma calidad", según destaca González del Rey, quien afirma que el Canal ha elevado sus estándares de exigencia en esta materia por encima de los requisitos legales.
Para ello, la Comunidad de Madrid ha comenzado a incorporar un avanzado tratamiento de filtración con carbón activo, una tierra negra que por filtración consigue absorber los olores que pueda presentar el agua a causa de una algunas sustancias, como las algas que crecen de forma estacional en algunas reservas de agua potable de Madrid a causa de los cambios de temperatura y de algunos nutrientes que puede presentar el agua, como el fósforo y el nitrógeno. El carbón activo se usa ya en las estaciones de tratamiento de agua potable de Valmayor, Santillana y Majadahonda, y el objetivo es llevarlo a aquellas estaciones donde sea necesario.
Este es solo una de las técnicas que usa el Canal en las 13 estaciones de tratamiento de agua potable que tiene repartidas por toda la región. Entre ellas, se encuentran la oxidación, la decantación, la filtración o la desinfección final con cloro y amoniaco, que se van a aplicando según las necesidades de cada momento. "En Madrid se aplican unos tratamientos muy completos", asegura González, quien destaca la exigencia de la depuración de aguas residuales en Madrid, donde también se están modernizando las estaciones más antiguas para incluir sistemas de depuración terciarios que incluyen la eliminación de fósforo y nitrógeno.
Estos sistemas se aplican y regulan en función del estado del agua, gracias a un estricto programa de vigilancia que aplica el Canal de Isabel II desde sus fuentes de abastecimiento hasta su entrega al consumidor, con unos criterios de calidad que superan lo establecido en la legislación. Para conseguir estos objetivos, el Canal cuenta con un laboratorio central de aguas, dotado de las más modernas tecnologías, y 30 estaciones de vigilancia automática (EVA), que realizan el muestreo y análisis en tiempo real del agua de abastecimiento en todos sus puntos neurálgicos, y varios laboratorios periféricos adicionales. En total, en 2014 se realizaron más de 6 millones de análisis.
El Canal continúa aplicando las tecnologías más avanzadas, como viene haciendo desde sus inicios a mediados del siglo XIX. Tras un siglo y medio de trabajo en el ciclo integral del agua en la región, el Canal abastece en la actualidad a 6,5 millones de personas y, para ello, opera 14 embalses, 78 captaciones de aguas subterráneas, 13 plantas de tratamiento de agua potable, 29 grandes depósitos reguladores y 285 de menor tamaño y 17.503 kilómetros de red de aducción y distribución. A ello se suman 159 estaciones de bombeo de agua potable, 125 de aguas residuales, 11.953 kilómetros de redes de alcantarillado, 63 tanques de tormenta, 51 kilómetros de colectores y emisarios, 156 estaciones depuradoras de aguas residuales y 404 kilómetros de red de agua regenerada.
Su trabajo pionero convirtió a Madrid en la primera ciudad española en disfrutar de agua potable en las casas a partir de 1859. Muchas de las infraestructuras que se han ido construyendo a lo largo de este tiempo se han convertido ya en parte del patrimonio histórico que visitan expertos y curiosos y, en ocasiones, forman parte de rutas organizadas por el Colegio Oficial de Ingenieros de Madrid. Algunos ejemplos son la presa de El Pontón de la Oliva, que está situada en el río Lozoya y fue la primera que construyó el Canal en 1857, o la de El Villar, levantada en 1882. Además, destaca el depósito subterráneo del paseo de la Castellana, que data de la primera mitad del siglo XX y es similar a los antiguos aljibes romanos y árabes, que en la actualidad es utilizado como sala de exposiciones, al igual que el depósito elevado de Santa Engracia, de principios de siglo. Ambas infraestructuras industriales rehabilitadas como espacios culturales permiten acercar al gran público parte de la historia del agua de Madrid.
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