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HEMEROTECA

Simulador de control aéreo en la sede Senasa.
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Simulador de control aéreo en la sede Senasa. (Foto: Kike Rincón)

El arte de ordenar el cielo

Por Enrique Villalba
miércoles 25 de febrero de 2015, 13:07h
La Asociación Profesional de Controladores Aéreos (Aprocta) ha organizado un seminario en el que ha tratado de acercar la realidad de su profesión a la ciudadanía. Madridiario visitó con algunos de estos especialistas el simulador de control aéreo de Senasa para conocer de primera mano su forma de trabajar.
  • Simulador de control aéreo en la sede Senasa.

    Simulador de control aéreo en la sede Senasa.
    Kike Rincón

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"Vuelo Iberia 3678. Permiso para aterrizar en pista 30. Viento 300 grados a 10 nudos". A través de un críptico mensaje como éste, un controlador aéreo encargado de labores de aproximación permite a un avión el aterrizaje (siempre con viento en contra) en un aeropuerto. Una labor repleta de protocolos, una estrecha coordinación, una exigente precisión y un sinfín de variables que van desde el tráfico aéreo hasta la climatología, con las que estos profesionales gestionan a diario, por ejemplo en Madrid, los destinos de 100.000 viajeros y 900 aviones.

El control aéreo es la forma de ordenar un complicado rompecabezas muy fragmentado. Hay profesionales que se encargan de llevar los aviones de sus aparcamientos a la pista y gestionan su despegue y aterrizaje (controladores de torre), los que colocan a los aviones en posición y orden de llegada y salida, y les indican la forma de ascender y descender (controladores de aproximación); y los que dirigen a los aviones cuando están en ruta (controladores de área o ruta), a través de las 'carreteras del cielo'. Además, el cielo está 'troceado' en sectores vigilados por distintos controladores, que tienen que separar el tráfico entre aeronaves, en horizontal y en vertical. Para que este entramado funcione, es necesaria una enorme comunicación entre controladores y de estos con los pilotos. Un engranaje que permita que se cumplan los tiempos que exige el mercado y las medidas de seguridad.

"En resumidas cuentas, un controlador aéreo de torre es una profesional que vigila y gestiona que un avión despega de un aeropuerto y llega a su destino de forma segura, ordenada y satisfactoria. Para que eso sea posible, es necesaria una infraestructura y una formación adecuada, así como una gran coordinación", explica Jesús Gómez, presidente de Aprocta. En una simulación realizada para periodistas puede observarse que esta explicación simplista conlleva una complicada metododología con un lenguaje muy concreto. Cada vez que un avión entra en el radio de acción de un aeropuerto, se le asignan una serie de parámetros de identificación que los controladores reflejan en unas fichas con las que trabajan. Cada una de esas fichas se colocan en unas pantallas o 'bahías' en las que, en función de las acciones que realice cada aparato, va pasando por distintas fases. Cada movimiento del avión es apuntado, junto con las variables que lo rodean. No se lleva a cabo ninguna acción sin que el control aéreo y el piloto ratifiquen una indicación del controlador. Y esto se hace mientras estos aparatos se mueven a varios cientos de kilómetros por hora en la última fase del vuelo donde hay decenas de ellos circulando.

Según el Ministerio de Fomento, en España existen unos 2.400 controladores en activo, de los que 2.000 están en de forma efectiva controlando aviones. El Gobierno cambió la Ley que regulaba el control aéreo para adaptarse a las especificaciones de la Unión Europea. Desde entonces, explican desde Aprocta, se han introducido 42 modificaciones. "En Europa comenzó el cambio en 2002 y queremos ponernos al día con siete años de retraso. El sector está sufriendo una indigestión y se trata de un sistema que es muy sensible a los cambios", comenta Gómez.

Quizás el problema más paradigmático es el de la formación. El cambio legislativo (RD 1516/2009) supuso una mayor especialización y atomización de la profesión, así como una liberalización de la enseñanza. Antiguamente, un aspirante a controlador tenía que formarse 18 meses en la escuela de Servicios y Estudios para la Navegación Aérea y la Seguridad Aeronáutica (Senasa), en los que, además de los conocimientos teóricos (física, climatología, matemáticas, mecánica, etcétera), debía dominar el simulador. Luego tenía por delante 6 meses de prácticas en entorno real, antes de empezar a trabajar. Cada controlador tenía que tener, al menos, una carrera de grado medio o tres años de carrera superior, y dominar idiomas. Con esa formación, estaba preparado para tocar cualquiera de los palos del control aéreo.

Hoy día, la formación de los controladores españoles se hace, además de en Senasa, en centros certificados a tal efecto que cursan estos estudios especiales, en los que solo exigen la Selectividad. Se trata de títulos que se expiden en un tiempo menor a un año, especializados en una rama específica del control aéreo, que caducan en caso de inactividad, ya que se pierde pericia. Según fuentes del sector, el 80 por ciento de estos 'nuevos' potenciales controladores, a pesar de haber pagado carísimos cursos especializados, están sin empleo porque el Estado, principal suministrador de empleo para estos profesionales, no saca plazas, a pesar de que no hay personal suficiente para cubrir todo el entramado de profesionales que necesita la red aérea nacional. A cambio, Fomento está optando por combinar servicios de control aéreo con sistemas de información AFIS en fin de semana, como ocurre en El Hierro. Esto hace que, durante los fines de semana, no haya controladores aéreos gestionando el tráfico.

Según se explicó durante el seminario, el sector del transporte aéreo gestiona anualmente a nivel nacional cerca de 200 millones de pasajeros, 5 millones de vuelos al año y 600.000 movimientos de mercancías y el 7 por ciento del PIB. El sector de los vuelos 'low-cost' se ha convertido en el principal motor de crecimiento del mercado. Desde Aprocta apuestan por un cielo único europeo, más inversión tecnológica, una mejor consideración de los profesionales operativos, una mayor cultura de seguridad y una mejora en la formación como los objetivos de mejora para ser competitivos.

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