Por el patio de butacas entra un personaje anacrónico, una figura de otro tiempo: Miguel de Molina. El cantante viene a España a ofrecer una multitudinaria conferencia de prensa con la que quiere despejar todas las incógnitas sobre su leyenda. Ocurre en el teatro Infanta Isabel los lunes y martes. Miguel de Molina es Ángel Ruiz, consiguiendo un trabajo emocionante y extraordinario.
Molina es una leyenda de la copla, cada vez más perdida
en la memoria de los españoles. Sus triunfos antes y durante la Guerra Civil,
las agresiones y humillaciones que sufrió y el exilio en Argentina constituyen
capítulos amargos de la historia de la canción -y de España- en la primera
mitad del siglo XX. Con este espectáculo se pretende resucitar esa leyenda o,
por lo menos, darla a conocer a las generaciones de españoles que no tenían
noticia de él.
Juan Carlos Rubio ha planteado el montaje como un largo
discurso en el que se intercalan algunas de las coplas que Miguel hizo famosas.
No es un espectáculo musical, sino un drama con acompañamiento. Los principales
acontecimientos en la vida del cantante se van desgranando con humor, con
ternura, con pasión... Y, después de unas cuantas escenas, van entrando las canciones, sus éxitos.
El reto de encarnar a este singularísimo personaje es
para asustar. Deslenguado, procaz, revolucionario, extraordinario cantante,
homosexual orgulloso y reivindicativo, Miguel de Molina era un torbellino que
exige otro mayor para resucitar. Y Ángel Ruiz lo es. Desde su entrada en
escena, con acento marcadísimo entre andaluz y argentino, desarrolla todas las
facetas del personaje, arrancando carcajadas, aplausos y hasta lágrimas. El trabajo
interpretativo es de lo mejor que he visto en las últimas temporadas. Los
recursos del actor son infalibles. Y, sobre todos ellos, su extraordinaria
calidad como cantante, demostrada anteriormente en otros muchos espectáculos.
Las versiones que canta aquí de "La bien pagá", "Ojos verdes", "Te lo juro yo"
o "Triniá" son espectaculares. Ángel tiene una afinación perfecta y encuentra
en el pianista César Belda un magnífico colaborador musical. Estos temas no los
canta, los actúa, los dramatiza. Y antológica es su versión de "Compuesto y sin
novia", elevada a categoría de himno gay en la inmediata posguerra. No se puede
entender -y transmitir- mejor una canción. La pena es que canta pocas coplas en
el espectáculo...
Sin alardes de producción, sin una publicidad
apabullante, "Miguel de Molina al desnudo" se convierte en uno de los mejores
espectáculos que pueden verse estas semanas en Madrid. Si les gusta la copla,
se emocionarán, si no la conocen, se sorprenderán.