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El 'piso-salvavidas' de La Elipa

viernes 21 de noviembre de 2014, 07:30h
Una víctima de malos tratos con tres hijas, un estudiante que ni siquiera tiene para pagarse la  matrícula, una joven que cobra la renta mínima y no tiene dónde ir... Todas estas historias, tan distintas, tienen en común un paréntesis bajo el mismo techo: el de una vivienda que lleva meses sirviendo de alojamiento de emergencia para personas que lo necesitan.
  • Estíbaliz, en el piso

    Estíbaliz, en el piso 'okupado' en La Elipa.
    Celia G. Naranjo

  • Comedor del piso

    Comedor del piso 'okupado' de La Elipa.
    Celia G. Naranjo

  • Entrada del piso

    Entrada del piso 'okupado' en La Elipa.
    Celia G. Naranjo

Estíbaliz tenía sus horas de 'okupa' contadas cuando, este jueves, una llamada del banco le devolvió la esperanza: el desahucio, previsto para este mismo viernes, quedaba aplazado por un mes. La llamada significaba treinta días más para buscarse la vida: un trabajo, un techo, unos ingresos que superen los 375 euros de la Renta Mínima de Inserción con la que sobrevive a duras penas mientras duerme en el piso vacío de un banco y se alimenta en un comedor social. Sin embargo, este viernes por la mañana, el fantasma del desalojo volvía a la puerta de la vivienda en forma de despliegue policial. A primera hora, Estíbaliz temía que la hubieran mentido. Pero no. Se trataba de un problema de comunicación entre el banco, que había dado la orden de pararlo, y el juzgado, que no la había recibido todavía. Al filo de las 10, finalmente, la policía se retiró de la zona.

El suyo es otro rostro más de la crisis: una chica "independizada desde los 18, que siempre había tenido trabajo", hasta que un mal día dejó de tenerlo. Luego se acabó el paro, y luego, el amor, y se vio en la calle. "Servicios sociales iba a buscarme un albergue, pero a día de hoy no tengo nada. Y mientras tanto, ¿dónde duermo?", se preguntó. 

La Asamblea de Vivienda de Ciudad Lineal le dio la solución. Un piso, le dijeron, que había sido "liberado" después de pasar a manos de un banco por el desahucio de sus propietarios. Ellos tuvieron suerte, dentro de lo que cabía, y consiguieron la dación en pago; y ahí se quedó la vivienda, con dos muebles contados, las paredes recién pintadas y el suelo nuevo, casi sin estrenar. Cerrada y vacía. Hasta que alguien tomó la decisión de abrirla y convertirla en una pequeña parte de la "obra social" que ya ha llenado edificios enteros del centro con familias que no tienen dónde vivir. No en un piso 'okupado' más, como las decenas de viviendas que han habitado particulares por el método de la patada en la puerta, sino en un proyecto al servicio "de quien tenga la necesidad habitacional mayor y más urgente en cada momento", según explica a Madridiario un miembro de la Asamblea. 

Fue así como Marcos, que con sus empleos "temporales y precarios" no tenía ni para pagarse los estudios, entró a vivir en la casa en febrero de 2014. Se quedó unos meses, hasta mayo, cuando su situación mejoró. Después entró una joven con un bebé que se marchó al poco, asustada al verse envuelta en un proceso judicial en el que se le acusaba de un delito de usurpación por 'okupa', y llegó Y., una mujer víctima de malos tratos con tres hijas que vivió allí hasta que pudo permitirse un sitio donde dormir. La orden de desalojo siguió su curso, y llegó Estíbaliz, y a ella le tocó la china del 'lanzamiento'. Para entonces, en los papeles del juzgado ya no se hablaba de nombres propios, sino de "ocupantes", en general, contra los que se cursaba la orden de desalojo. La intervención 'in extremis' de miembros de la Asamblea de Vivienda y Stop Desahucios ante el banco consiguió parar la orden con apenas unas horas de antelación. 

Seis meses después, mientras Estíbaliz resuelve su situación "para marcharme cuanto antes", el piso continúa en perfecto estado. El agua corre, ya que, explican desde la Asamblea, "nunca se cortó". Hay luz, pero no gas, ni calefacción. Tampoco cocina. Pero Estíbaliz tiene un colchón, cuatro paredes y unos pocos muebles donde dejar sus pertenencias escasas. Los vecinos no quieren hablar con la prensa, pero consienten, y en algún caso apoyan abiertamente, la iniciativa en su propio bloque. Precisamente, uno de los requisitos imprescindibles para poder acceder al piso es respetar la convivencia, no crear problemas con los vecinos y mantener el piso en buenas condiciones. "La de abajo tiene una gotera, pero el banco propietario del piso no se hace cargo. Si viviera aquí una persona con alquiler social, se resolvería el problema", apunta Estíbaliz. Ella lo tiene difícil para acceder a uno: el banco ha aplazado su desahucio pero "no contempla alquileres sociales para okupas ilegales". Sea como fuere, se marchará en cuanto pueda; pero, cuando lo haga, dejará sus llaves a otros.

 

Más información:

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