Es una de las plazas más céntricas de Madrid y, posiblemente, la más degradada por múltiples factores, empezando por su imagen. Las actuaciones urbanísticas de las últimas décadas solo han empeorado su situación. Durante la alcaldía de Ruiz Gallardón se autorizó la instalación de una terraza en el espacio central con la intención de mejorar la habitabilidad. No se ha conseguido. Teniendo un par de edificios nobles, como el teatro Calderón y el antiguo palacio de los Cinco Gremios (Siglo XVIII), el conjunto carece del menor atractivo. La existencia de un aparcamiento subterráneo no ayuda a encontrar soluciones.
Esta plaza, como tantas otras de Madrid, surgió tras los derribos de edificios. La de Benavente comenzó a trazarse a final de la década de los veinte del pasado siglo y no quedó del todo exenta hasta el derribo del edificio que albergaba al teatro Romea, en la esquina con la calle Carretas. Anteriormente estaban allí las plazuelas de la Aduana y de la Leña.
La plaza, además de su estética, se ha degradado todavía más con grandes cantidades de basura que acumulan las personas sintecho que han instalado allí su dormitorio permanente. Cuando cierra la librería en la esquina de la plaza del Ángel, despliegan sus enseres y copan la acera. Algunos de ellos acampan allí durante todo el día. Han elegido la trasera del ascensor de acceso al aparcamiento como su urinario particular. El hedor es insoportable alrededor. En otro punto, ante la fachada del Registro Central y la entrada peatonal al aparcamiento, comienzan a instalarse a media mañana otro grupo de personas que consumen alcohol permanentemente. A medida que avanza el día, las peleas hacen su aparición ante el estado de embriaguez de este conjunto. Tampoco dudan en orinar alrededor de la instalación de la terraza o al pie de los raquíticos macetones dispersos por la plaza.
A primera hora de la mañana hace su aparición un grupo de mujeres de edad madura que se dedican a la prostitución. Esperan clientes en el cruce con la calle de la Cruz o en las escaleras del teatro Calderón. A media tarde, cuando el trasiego de peatones se incrementa, desaparecen de la plaza.
No faltan los manteros. Las obras en Sol y la mayor vigilancia en Callao y la Gran Vía, los ha desplazado hasta este punto. Son una veintena y comienzan a desplegar sus mercancías a mediodía, siempre ojo avizor por si aparecen patrullas de la policía municipal.
El alcalde Martínez Almeida manifestó el pasado mes de abril que, si revalida su cargo el próximo 28 de mayo, acometerá la reforma de esta plaza, junto a las de Tirso de Molina, Pedro Zerolo y Dos de Mayo. Loable propósito, aunque, visto el resultado de las reformas de las últimas décadas, el peligro de una nueva intervención es que acabe siendo peor de lo que hay actualmente. Y ya es difícil, pero tenemos ejemplos como Callao, la plaza de las Cortes o de Santa María Soledad Torres Acosta, que tras las últimas reformas quedaron bastante peor de lo que estaban.