Durante el pasado abril se inició la campaña del Ayuntamiento de Madrid contra la mosca negra. El calor adelantó la llegada de este insecto, cuya mordedura produce reacciones alérgicas y enfermedades infecciosas llegando incluso a la hospitalización. Las zonas de la región más afectadas cada verano por esta problemática son el sur y el este, dada su cercanía a los ríos Manzanares, Jarama y Henares.
Desde el año 2019, el Consistorio madrileño pone en marcha una campaña anual para el control de la mosca negra, que se centra principalmente en los tramos urbanos del río Manzanares. El Ayuntamiento espera alcanzar, en esta ocasión, una decena de tratamientos en el río y sus márgenes, a diferencia del año pasado cuando se llevaron a cabo seis tratamientos larvicidas. Fuentes municipales aseguran que "la eficacia general de las aplicaciones en el tramo objeto de control fue altamente satisfactoria, estimándose en un valor medio del 90,33 por ciento".
Desde la Asociación Vecinal Independiente de Butarque, una de las áreas más afectadas por la mosca negra el verano pasado, cuentan que no tienen quejas por este motivo, pero aseguran que "todavía es pronto y el problema suele comenzar en junio". Sin embargo, su presidente Antonio Abueitah destaca la elevada presencia de mosquitos comunes: "Hay muchísimos". Fue precisamente esta zona la elegida el pasado 18 de abril por Borja Carabante, delegado de Medio Ambiente y Movilidad, para arrancar la campaña municipal de control de la mosca negra de 2023.

Actuación en cinco tramos
Las intervenciones se realizan en coordinación entre los servicios de conservación del río del Área de Medio Ambiente y Movilidad y el Departamento de Control de Plagas y Vectores de Madrid Salud y consisten en la detección, monitorización, tratamiento y vigilancia de estos insectos para minimizar el impacto que generan en la población y en el entorno. Este año, los trabajos y estudios se van a centran en cinco puntos del término municipal de Madrid:
- Puente de los Capuchinos o azud de El Pardo
- Zona del Club Deportivo Puerta de Hierro, en la Playa de Madrid
- Entorno del Puente de los Franceses, en la Presa 9
- Antiguo embarcadero del Club de Remo
- Zona de la Caja Mágica
El servicio contratado para la conservación del río Manzanares pone el foco en los tratamientos para dípteros, entre los que se incluye la mosca negra, para los que se han aumentado el número de actuaciones anuales que se van a poder realizar en función de las necesidades de cada temporada. El objetivo es reducir la presencia de la mosca negra mediante la aplicación de un biocida biológico de acción insecticida compuesto de microorganismos específicamente patógenos para estos insectos.
Estos larvicidas reducen el número de larvas para evitar su transformación en pupas una vez en el agua y que lleguen a convertirse en insectos adultos, es decir, en moscas voladoras mordedoras. Además, también se realizan labores de desbroce en la vegetación que está en contacto directo con el agua porque esta sirve de soporte para larvas y refugio para insectos adultos.
Resto de la región
Fuera del término municipal de Madrid, la confluencia de los ríos Henares y Jarama es donde se detecta mayor presencia de la mosca negra afectando a los municipios de Alcalá de Henares, Arganda del Rey, Coslada, Mejorada del Campo, Rivas-Vaciamadrid, San Fernando de Henares, Torrejón de Ardoz y Velilla de San Antonio. El cambio climático sumado a la mejora de la calidad de agua de los ríos, gracias a la depuración, han propiciado la aparición de este tipo de plagas por el crecimiento de espigas de agua, el lugar donde ponen los huevos estos simúlidos.
La mosca negra no transmite ninguna enfermedad en España. Sin embargo, la consejería de Sanidad ha detectado que el número de consultas a los centros de salud por picaduras de insecto "es mayor en las zonas afectadas por la presencia de esta especie". Por ello, además de los tratamientos para la gestión de plagas que aplica cada Ayuntamiento, la Comunidad de Madrid lanza una serie de recomendaciones para evitar estas molestas picaduras.
En primer lugar, la eficacia de las pulseras antimosquitos está muy cuestionada por lo que pueden resultar poco útiles. Por otro lado, también se recomienda evitar paseos por las zonas afectadas y las cuencas de los ríos en las primeras y últimas horas de la tarde. Además, este insecto se siente atraído por los colores oscuros y combinados por lo que llevar ropa clara o blanca que cubra la mayor parte del cuerpo también puede servir de ayuda.
Por último, la piel que quede al descubierto se recomienda protegerla con repelentes. A la hora de utilizar estos productos o algún tipo de medicamento, no se puede olvidar consultar al médico o farmacéutico para poseer toda la información necesaria y aplicarlos de una manera adecuada.
Tratamientos alternativos
Colectivos de las zonas de rivera y entidades como Ecologistas en Acción llevan años tratando de convencer a las instituciones para cambiar el método de abordar el problema utilizando otras prácticas basadas en informes científicos. Los vertidos a los ríos y la ausencia de crecidas facilitan que se generen macrofitos de manera masiva creándose una "alfombra" de vegetación en el fondo de los ríos que propicia la aparición de la mosca negra.
Estos colectivos denuncian que las fumigaciones sobre el agua de los ríos, riberas o incluso zonas urbanas, como en Torrejón de Ardoz, son tratamientos "inútiles, perjudiciales y costosos" que están acabando con la población de insectos natural. "Los vecinos ya no ven mariposas y saltamontes, ni escuchan grillos cuando salen a dar un paseo", afirma Antonio Martínez, portavoz de Jarama Vivo. Reconoce que los Ayuntamientos ponen estas medidas en marcha para calmar a los vecinos, pero estos tratamientos químicos, aplicados en pequeños puntos o tramos "son inútiles si no se hacen sobre los más de 60 kilómetros de ribera y hacerlo sería excesivamente costoso".
"Fumigar es inútil, perjudicial y costoso"
La medida por la que apuesta Jarama Vivo, así como otras entidades ecologistas, se basa en producir crecidas artificiales y puntuales en primavera a partir de las presas, como sucedía antiguamente de manera natural. Estas crecidas naturales arrastrarían los macrofitos y regenerarían los cauces. Además, añaden que "en la Comunidad de Madrid nos lo podemos permitir, incluso este año, porque la situación nada tiene que ver con la del resto de cuencas".
Si quedara alguna duda, la crecida que tuvo lugar tras Filomena "tuvo este efecto en el tramo medio del Jarama donde la mosca negra ha dado una tregua durante año y medio", reconoce Antonio Martínez. No ha corrido la misma suerte el Manzanares, cuyo entramado urbano no permitió que se dieran tales crecidas. Por ello, solicita a los Ayuntamientos afectados que se coordinen para demandar al Canal de Isabel II que lleve a cabo estos pequeños desembalses y así atajar el problema sin atacar químicamente a los ecosistemas.
