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Pedro Calderón de la Barca.
Pedro Calderón de la Barca. (Foto: BIBLIOTECA NACIONAL)

En busca de los restos mortales de Calderón de la Barca

domingo 12 de julio de 2020, 09:00h
"Ser llevado a la parroquial iglesia de San Salvador de esta villa. Será mi sepultura la bóveda de la capilla que con el antiguo nombre de San José está a los pies de la iglesia. Aquí habrá prevenida otra caja sin más adorno que cubierta de bayeta, en que sepultado mi cadaver"

Ese es el deseo que Pedro Calderón de la Barca, uno de los escritores del Siglo de Oro más importantes de la literatura española, deja escrito en su testamento cinco días antes de morir. El madrileño quería descansar en paz, por eso durante sus últimos años decidió enfundar la espada y convertirse en sacerdote para lograr vivir en armonía. Sin embargo, la tranquilidad que buscó al final de sus días no la pudo lograr después de su defunción, pues son seis las veces que sus restos han sido enterrados y desenterrados y su ubicación final sigue siendo un misterio para los investigadores y estudiosos de su obra, que tratan de localizarlos.

La primera vez que le dieron sepultura fue en 1681 en la iglesia de San Salvador, tal y como él pidió. Allí su cuerpo permaneció 159 años y después fue trasladado al cementerio de la Sacramental de San Nicolás debido al estado de deterioro en el que se encontraba el lugar anterior. En 1869, comienza el Sexenio Democrático y el Gobierno Provisional planea edificar un panteón de hombres ilustres (que finalmente nunca se lleva a cabo) y decide incluir en él a varios escritores, entre los que se encuentra Calderón. En ese momento, sus restos van a parar de forma provisional a la iglesia de San Francisco el Grande, donde permanecerán durante cinco años.

Urna funeraria de Calderón de la Barca hacia 1902

En 1874, vuelve otra vez al cementerio de San Nicolás aunque no por mucho tiempo, porque la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid, de la que formaba parte el intelectual, reclama en 1880 sus huesos y los lleva a la sede de su orden, entre Atocha y Lavapiés.

Es en 1912 cuando se produce le entierra por quinta vez, en esta ocasión, en un mausoleo de la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores. Parecía que después de tantas idas y venidas su destino final iba ser ese lugar pero la convulsión de la Guerra Civil en 1936 provoca su desaparición. El 21 de julio de 1936 la iglesia fue incendiada por las milicias republicanas, el párroco fue fusilado y los restos, que se encontraban en una pilastra con una arqueta de mármol, se dieron por perdidos al desaparecer la arqueta donde supuestamente descansaba el autor.

Vicente Mayor Gimeno fue el capellán mayor de la Congregación de San Pedro. En 1964, escuchó a un sacerdote decir que los restos de Calderón estaban emparedados en la propia iglesia y decidió incluirlo en su Historia de la venerable e ilustre Congregación de San Pedro Apóstol.

Construcción de la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores

Varias décadas después, ese libro pasó a las manos de Pablo Sánchez Garrido, profesor de la Universidad CEU San Pablo quien, sorprendido por el descubrimiento y viendo que sería muy viable que los restos fuesen localizados, decidió comenzar una investigación al respecto.

“Considero una obligación ética y cultural despejar esa incógnita”, manifiesta Sánchez en una conversación con Madridiario, que lidera junto a María Ángeles Varela Olea un proyecto de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo CEU para localizar los restos, del que también forman parte varios profesores, un arqueólogo y un especialista en georradar.

La búsqueda, que se ha visto retrasada por la situación del coronavirus, está prevista para este mes de julio, a falta de conseguir una última autorización por parte de la Comunidad de Madrid.

Pablo Sánchez muestra sus dudas acerca de si los restos estarán en la iglesia o no. “No sabemos si van a aparecer, pudieron haberlo encontrado los milicianos o incluso que el sacerdote decidiera cambiarlos de lugar a un sitio más seguro. Eso sí, si siguen allí los vamos a encontrar y si no, vamos a certificar a ciencia cierta que no están”.

Para ello cuentan con la ayuda de Luis Avial, experto en georradar que ya participó en la búsqueda de los restos de Cervantes o de Marta del Castillo. Avial confirma que van a pasar el georradar primero por la pared, pero si no logran éxito lo harán por toda la iglesia y los edificios aledaños, incluido el hospital anexo para así “agotar todas las posibilidades”.

“Además vamos a utilizar un perfilómetro electromagnético y termografía infrarroja. Los tres elementos nos van a permitir ver si hay cualquier elemento raro o diferenciado del muro. Si está ahí lo vamos a localizar”, asegura el geofísico.

Luis Avial, Jesús Arribas, Ángeles Varela y Pablo Sánchez Garrido

El experto asegura que la búsqueda de Calderón de la Barca no tiene nada que ver con la que se llevó a cabo con Cervantes en 2014 en el Convento de las Trinitarias, pues los restos del escritor estaban dispersos en el subsuelo junto con otros enterramientos, lo cual dificultaba el cotejo genético. “Además, esta iglesia es mucho más modern y los restos están en una urna, por lo que cualquier señal de un objeto exógeno es relativamente fácil detectar”.

Pero, ¿qué sucederá si finalmente los restos están donde se espera? La Congregación de San Pedro es la titular de los restos, por decisión del propio escritor, así que lo más probable es que se procediera a la reconstrucción de la capilla para que sus restos descansen ahí.

Aunque, antes de que eso pase, tendría que pasar por el laboratorio para ser analizado. Jorge Marín, arqueólogo del proyecto, manifiesta que si aparecen los restos se llevaría a cabo una reconstrucción en 3D de la posición exacta de los huesos, aunque matiza también la imposibilidad de que se encuentren todos ellos debido a que se han ido perdiendo con las exhumaciones. De hecho, uno de los dedos se encuentra en el Institut del Teatre de Barcelona porque alguien se lo llevó en uno de los traslados del cuerpo del literato.

Después se trasladarían al laboratorio, donde se les realizaría un estudio físico que, además de determinar aspectos como la edad o el sexo, aportarían información acerca de la dieta o de las enfermedades que sufría.

Por último, para confirmar al cien por cien que se trata de Calderón de la Barca se haría un cotejo genético a través del análisis del ADN a descendientes que ya han accedido a hacerse la prueba.

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