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Los otros somos nosotros

miércoles 30 de octubre de 2019, 16:02h

Ya sé que estamos en periodo preelectoral desde hace muchísimos meses, pero este hecho no da libertad a nadie para decir lo primero que se le viene a la cabeza.

No se puede hacer política con gestos y palabras que a los que las expresan les hace sentir más que los demás, porque los receptores de sus dardos dialécticos se sienten ofendidos y, en muchas ocasiones, dan aire a personas que necesitan de un enemigo para ser objeto de sus rabias, odios y frustraciones.

Nosotros y ellos es la corta acepción que a algunos les sale de sus labios para definir las alternativas a un mundo que se divide en muchos segmentos y no solo en dos. Parece ser que su boca no ha sufrido un desarrollo mayor que su cerebro. Los otros son los inmigrantes, los gais, los parados, los psiquiatrizados, las mujeres que padecen violencia de género, los discapacitados, los negros, los gitanos…. los diferentes. A todos ellos se les quiere integrar, sin darse cuenta que es mucho más sencillo reconocer el derecho a la diferencia.

La extrema derecha habla de inmigrantes y dice que se llevan la mayoría de las ayudas que deberían ser para los nacionales. Ese dato es mentira y decirlo es calentar a los de aquí que peor lo pasan con el objetivo de que se extienda un reguero de odio contra los otros, que se llevan lo que es nuestro. Estos grupos ultra consideran que los gais, y todo el colectivo LGTBI, tienen privilegios y su inclinación sexual debe mantenerse en el ámbito privado, pero nunca introducir esta condición en forma de enseñanza en los centros educativos porque no se sabe si se entra en el límite de la decencia que separa la ‘normalidad’ de la depravación y la promiscuidad.

Por este camino, construimos mundos en los que la intolerancia, la chulería y la nada social lo copan todo. El castigo e indiferencia a los otros se volverá en cualquier momento contra nosotros, como un boomerang, y seremos todos los condenados si no frenamos en seco a estos incitadores del odio.

Culpamos a los gais de corromper a los jóvenes hasta que nos damos cuenta que el gran amigo de nuestro hijo lo es. Culpamos a los inmigrantes de robar el pan a los españoles hasta que descubrimos que nuestro padre lo es y no es ningún indeseable. Rechazamos a los negros y gitanos por ser de un color distinto al nuestro hasta que descubrimos que ese señor tan interesante de color oscuro es el hijo del cirujano que nos operó con éxito cuando tuvimos ese accidente que tanto nos hizo sufrir, y que esa señora tan agitanada es un portento del baile flamenco. Nos jode un montón ese cojo gruñón que nos exige respeto y accesibilidad hasta que nuestra abuela se quedó sin poder ir a más sitios porque las barreras arquitectónicas hacen la vida imposible a mucha gente. Y más, y más.

El domingo 10 de noviembre hay elecciones y tenemos que elegir entre los puritanos que se arropan en la bandera nacional, van los domingos a misa y se dan golpes de pecho en el lado de la cartera, además de hablar de los otros y nosotros, y los que, sin ser la hostia, no buscan enemigos externos para culparles de todos los males.

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