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La Corrala, objetivo del vandalismo grafitero
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(Foto: Antonio Castro)

La Corrala, objetivo del vandalismo grafitero

martes 05 de noviembre de 2019, 11:08h

La Corrala de Mesón de Paredes fue declarada Monumento Nacional el 22 de noviembre del año 1977. Pero cualquier paseante que la vea ahora no pensará que está ante un edificio histórico y monumental.

El vandalismo grafitero, y la inacción municipal, se está cebando con este conjunto de viviendas, uno de los pocos atractivos arquitectónicos del barrio de Lavapiés. La imagen de la corrala, con su patio abierto a la calle que permite conocer la estructura de este tipo de edificios, aparece en todas las guías turísticas de Madrid. Hace pocos meses fue objeto de una nueva restauración, que está siendo arruinada por las pintadas, cada vez más numerosas. Primero fue el zócalo sobre el que se sustenta la corrala el que se convirtió en muro de todo tipo de grafitis. Después comenzaron a aparecer en la fachada.

Con las pintadas se produce lo mismo que con el conocido efecto del cristal roto: si en una ventana se rompe un cristal a pedradas y no se repone inmediatamente, en pocos días aparecerán rotos todos los demás. Si en una fachada aparece una pintada y no se borra inmediatamente, en pocos días no habrá centímetro sin pintura. Los grafiteros entienden que, al no borrar, no importa que se hagan más.

Si esta actividad daña las viviendas particulares y proporciona una imagen de desidia y suciedad en las calles, cuando se ceba en un monumento es especialmente demoledora. Por eso no entendemos que desde el Ayuntamiento no se proceda al borrado inmediato de estas cada vez más numerosas pintadas. Las fotografías que toman los turistas llevan una imagen de Madrid poco aseada.

La corrala de Mesón de Paredes se levantó a finales del siglo XIX. Fue un conjunto de viviendas de propiedad privada que estuvo a punto de desaparecer porque su dueño quiso declararlo en ruinas el año 1979. Salió al rescate el Ayuntamiento, que la compró el año 1985 por veinticinco millones y medio de pesetas. Después invirtió treinta más en la consolidación y rehabilitación. Entonces vivían allí sesenta y tres vecinos.

Ya en los años cincuenta del siglo pasado el director teatral José Tamayo montó espectáculos de zarzuelas (ambientadas precisamente en recintos como este) teniendo como telón de fondo el patio de la Corrala. Estos espectáculos veraniegos fueron continuados durante los años ochenta y noventa, hasta que la inseguridad del barrio los hizo desaparecer.

No es la única corrala en el barrio (hay varios cientos en todo Madrid) pero sí la más voluminosa y la que, como decíamos anteriormente, tiene sus corredores a la vista de todo el mundo. Una placa en la fachada recuerda que inspiró a creadores como Chueca o Chapí. Enfrente tiene las ruinas de las Escuelas Pías de San Fernando (incendiadas en julio de 1936) reconvertidas en biblioteca de la UNED, aunque lleva varios meses cerrada por las obras de consolidación de las fachadas.

La degradación de la Corrala va pareja a la que está sufriendo nuevamente Lavapiés en los dos últimos años y que, por el momento, parece imparable.

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