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MEDIO AMBIENTE

El año pasado se retiraron 28.433 toneladas de residuos sólidos de las 157 depuradoras de la región, muchos de ellos, toallitas húmedas, que suponen un problema económico y medioambiental.
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El año pasado se retiraron 28.433 toneladas de residuos sólidos de las 157 depuradoras de la región, muchos de ellos, toallitas húmedas, que suponen un problema económico y medioambiental. (Foto: Kike Rincón)

Usar el inodoro de papelera cuesta a los madrileños 2,2 millones de euros al año

martes 04 de diciembre de 2018, 08:54h

Madridiario ha visitado una de las 157 Estaciones Depuradoras de Áreas Residuales que gestiona Canal de Isabel II en la Comunidad de Madrid para comprobar lo que se ha convertido, además de en un lastre operativo y económico, en un problema medioambiental: la llegada de residuos sólidos a las depuradoras, con especial incidencia de las toallitas húmedas.

Desde las famosas toallitas húmedas –el gran enemigo de las redes de saneamiento de las ciudades- hasta grandes electrodomésticos o un coche desguazado, pasando por bastoncillos y compresas: la cantidad –y sorprendente variedad- de vertidos sólidos que terminan en las depuradoras de la Comunidad de Madrid cuestan cada año al Canal de Isabel II y, por ende, a todos los madrileños 2,2 millones de euros. El problema radica en una mala gestión de los residuos; en otras palabras: en usar el inodoro como papelera.

“Al váter, solo las ‘tres P’: pipí, popó y papel”, resume Miguel Ángel Gálvez, subdirector de Depuración y Medio Ambiente del Canal de Isabel II. El resto de residuos, además de generar un grave problema operativo y económico para las depuradoras, también puede causar importantes daños medioambientales.

En total, el año pasado se retiraron 28.433 toneladas de residuos sólidos de las 157 Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) que el Canal opera en la región, lo que equivale a 4,4 kilos anuales por madrileño. Aunque la predisposición es a la baja, concretamente un 12 por ciento menos que en 2016, todavía es necesario reforzar la educación y la conciencia ambiental para tender al residuo sólido cero en las redes de saneamiento. “Dependemos del buen hacer de los ciudadanos”, afirma Gálvez.

Las toallitas, ni biodegradables

Uno de los mayores enemigos de las depuradoras son las toallitas húmedas, un mercado que mueve más de 215 millones de euros al año, el equivalente al gasto anual de unas 350 toallitas por cada español. Muchas de ellas, se desechan por el váter. “Estas toallitas no se disgregan, de tal forma que quedan unos elementos plásticos alargados que se enlazan unos con otros y bloquean mecánicamente tanto los equipos de bombeo como los de desbaste, haciendo que se tenga que estar continuamente reparando estos equipos”, explica José Suárez, jefe del área de Depuración de las cuencas Tajo – Tajuña del Canal de Isabel II, que añade que, en casos graves, estos atascos pueden provocar que la depuradora no pueda hacer su trabajo, es decir, que las aguas residuales lleguen de nuevo al cauce de los ríos sin tratar.

Algunos de los residuos sólidos que se retiran a diario en las depuradoras madrileñas (Foto: Kike Rincón)

Ni siquiera los productos que se ofertan como “biodegradables” deben desecharse por el inodoro, ya que su plazo de descomposición, a pesar de ser menor que el de sus equivalencias convencionales, es superior al tiempo de entre 6 y 8 días que tarda cualquier residuo en llegar desde la tubería de una vivienda de Madrid a alguna de las depuradoras de la región.

La cuestión es que no por ser biodegradable es un residuo que deba desecharse por el retrete, donde tampoco deberían terminar restos de comida –que también suponen un problema cuando llegan a la red de saneamiento desde los lavavajillas- o aceites.

Educación medioambiental

Junto a las toallitas, los residuos sólidos más habituales que llegan a las depuradoras son aceites, artículos de higiene femenina (compresas, salvaslip y tampones), preservativos, bastoncillos para los oídos, restos de comida, algodones y discos desmaquillantes, hilo dental y pelo. Todos ellos general atascos en las redes de saneamiento y las propias estaciones de depuración, de las que salen, una vez separados del agua, hacia el que hubiera sido su destino correcto desde el principio: los vertederos de residuos sólidos urbanos de la región.

Sin embargo, también llegan otro tipo de desechos. “Lo más raro que yo he sacado de una depuradora son toneladas de asfalto picado de una calle que algún camión lo tiró por un aliviadero muy grande que había en algún sitio”, recuerda Suárez, y completa esta particular lista con “coches desguazados, motos, lavadoras y frigoríficos”.

Para el jefe del área de Depuración del Canal hace falta todavía mucho trabajo en educación medioambiental. “Parece que no vemos lo que ocurre después y después está nuestros medios hídricos, nuestros arroyos, nuestros ríos, nuestros lagos, el mar…”, zanja.

Así se limpia el agua de Madrid

En la Comunidad de Madrid se depuran cada año unos 500 hm3 de aguas residuales en las 157 estaciones de Canal de Isabel II: casi 15.000 kilómetros de redes de saneamiento, 65 tanques de tormenta, 588 kilómetros de red de agua regenerada y 23 instalaciones de reutilización.

Madridiario ha visitado una de estas estaciones, la EDAR de Arroyo Culebro Cuenca Baja, que gestiona las aguas residuales de casi 1.300.000 madrileños de los municipios de Fuenlabrada, Leganés, Getafe, Parla y Pinto. Este es el proceso por el que el agua del alcantarillado de Madrid vuelve, limpia de residuos y contaminación, al medio hídrico de la región:

La línea de tratamiento de agua

Pretratamiento. Consiste en eliminar los residuos sólidos del agua, esos que no deberían de haber terminado en la depuradora sino en los vertederos. En la estación de Arroyo Culebro se retira una media de dos toneladas diarias de este tipo de residuos, una cantidad que se multiplica cuando las lluvias elevan el cauce del alcantarillado y arrastran los desechos adheridos a sus paredes. Se realiza en un proceso de varias fases en las que se van separando del agua los desechos de mayor a menor tamaño

  • Pozo de gruesos: pedruscos, trozos de acero, botellas…
  • Bombeo: elevación del agua en altura para llevarla a las siguientes fases.
  • Desbaste: se “peina” el agua primero en una reja de gruesos, en la que quedan retenidos sólidos de menor tamaño, como las toallitas, algunos materiales plásticos, pequeños juguetes, preservativos o compresas; después, en un tamiz de finos, que recoge residuos de menos de 6 milímetros: partes rotas de otros elementos mayores, hojas, bastoncillos de los oídos.
  • Desarenado y desengrasado: arenas y flotantes.

Tratamiento. Se eliminan ahora las partículas contaminantes que aún quedan en el agua en un proceso de dos fases.

  • Tratamiento primario: se retienen los sólidos sedimentables, que se separan por la propia acción de la gravedad sobre el agua en unos decantadores. Aquí se retira aproximadamente el 60 por ciento de la contaminación del agua.
  • Tratamiento secundario: depura el agua de la materia diluida a través de un tratamiento biológico mediante varios tipos de baterías que, en las circunstancias de oxígeno adecuadas, “encierran” la contaminación y hacen más fácil separarla del agua. Tras este proceso, el agua depurada se vierte al Arroyo Culebro, de donde pasará al Manzanares, al Jarama y, finalmente, al Tajo.
  • Tratamientos terciarios: en la depuradora de Arroyo Culebro existen, además, otros dos tratamientos terciarios en los que el agua se sigue procesando para otros dos usos: el riego de una parte de las zonas verdes del arco sur de la región (hasta un 30 ó 40 por ciento del agua en los meses de verano) y el abastecimiento de la industria papelera (un 10 por ciento). Utilizando esta agua regenerada, se evita destinar recursos hídricos potables a usos que no los requieren.

La línea de fangos

“Los residuos sólidos son un problema, pero los líquidos son una oportunidad”, indica Miguel Ángel Gálvez. Porque mientras los desechos del pretratamiento terminan en los vertederos de residuos urbanos de la región, la contaminación que se retira en el tratamiento de las aguas residuales, que se extrae en forma de una especie de barro negro, tiene una nueva vida útil que se explota en la EDAR de Arroyo Culebro.

Para liberarlos de materia orgánica y microorganismos, estos fangos, unas 50 toneladas diarias, se someten a procesos de deshidratación, concentración y estabilización, resultando un material específico con unas propiedades óptimas para la agricultura

Economía circular

Además, el proceso de deshidratación y concentración al que se somete el fango, se genera un biogás que, utilizando equipos de cogeneración, se transforma en calor y electricidad. El calor se invierte en la posterior deshidratación del propio fango, mientras que la electricidad se reinvierte en la propia estación. En concreto, la EDAR de Arroyo Culebro es capaz de autoabastecerse en sus necesidades energéticas en un 60 por ciento, aunque existen otras estaciones del Canal que incluso superan ese porcentaje, rozando el 100 por cien en el caso de la Depuradora Sur.

El Plan Estratégico 2018-2030 del Canal de Isabel II contempla el fomento de la economía circular, de modo que las depuradoras no se limiten a limpiar las aguas madrileñas, sino que durante ese proceso sean capaces de generar energía y revaloricen los residuos. La filosofía es la de “no ver el agua residual como un problema sino como un oportunidad”.

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