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Alumnos y profesores aplauden los beneficios de realizar un programa de intercambio.
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Alumnos y profesores aplauden los beneficios de realizar un programa de intercambio. (Foto: Javier Bernardo)

Intercambios lingüísticos: experiencia presente, regalo futuro

lunes 29 de octubre de 2018, 17:08h
La emoción por lo nuevo y los nervios por lo desconocido; las ganas de conocer gente y el vértigo de echar de menos a la familia. Son algunos de los sentimientos de cualquier alumno antes de comenzar su primer programa de intercambio. Sensaciones que se desvanecen cuando, una vez en el destino, se vive en primera persona una experiencia tan enriquecedora como inolvidable.

Formar jóvenes preparados para un mundo global es uno de los objetivos del Eurocolegio Casvi, un hito que alcanza su máxima expresión con los programas de intercambio. La experiencia se traduce en múltiples beneficios: enriquecimiento personal, mejora de las perspectivas profesionales, conocer otras culturas, hacer nuevos amigos... y lograr manejar con soltura un idioma extranjero.

Lo saben bien los estudiantes que viajan, por ejemplo, de España a Estados Unidos y de Estados Unidos a España. De la mano de Casvi, alumnos de ambos lados del océano Atlántico tienen la posibilidad de pasar unas semanas de intercambio en Madrid, Tulsa, Minnesota o Tacoma.


"Me interesa, sobre todo, conocer la cultura"

Wynston Janu lleva en Madrid una semana; ha viajado para seis. "Quería ver las diferencias de culturas". En sus primeros días en España ya ha visto unas cuantas: "La comida y la escuela son muy diferentes", cuenta esta estudiante procedente de Minnesota.

Desde allí también ha volado Amara Marx. El de Casvi es su primer intercambio. "Al principio estaba muy nerviosa, pero es muy divertido y me está gustando mucho la experiencia", explica. Y añade: "Quiero aprender más sobre la cultura de España, que es muy diferente, y mejorar mi nivel de español".

Con un tajante "sí". Así responde Claire Foner cuando Madridiario le pregunta si le está gustando su estreno en este tipo de programas educativos. Aunque reconoce que aún se está "acomodando", ya ha encontrado una gran diferencia entre su país y el nuestro: "Aquí hablan mucho en las clases, mientras que allí no nos permiten hacerlo". Ya ha viajado hasta Alicante para conocer la playa y ha tenido "la oportunidad de escuchar música tradicional y ver algunos bailes con vestido tradicional": "Me interesa, sobre todo, conocer la cultura", resume, aunque de momento lo que más le está gustando es la comida.


"Con ganas y un poquito de nervios"

Por Sevilla y por el centro de Madrid "para hacer compras y pasear" va a dejarse ver Brandon Monson: "La experiencia es muy buena. Me gusta mucho la familia con la que estoy viviendo y los profesores de aquí son muy amables". Sus expectativas residen en mejorar su nivel de español y conocer la cultura. Tras sus primeros días en Casvi, ya nota avances: ha mejorado "un poco" su español. "Y además me he dado cuenta de que algunos de mis pensamientos son en español", añade satisfecho. Entre risas, admite que en España "se come mucho más y un poco mejor que en Estados Unidos". ¿Su comida favorita? "La tortilla de patatas".

Jake Fakler señala otra diferencia: "Allí somos nosotros los que vamos a las clases del maestro, y no al revés, como aquí". Además de aprender y conocer, quiere "hacer nuevos amigos". De España se queda con sus playas, que "son muy bonitas"; de EEUU, con la comida: "Aquí se usa mucho aceite y se come mucho pescado".

Distinta opinión tiene Molly Wilson, que admite que la comida española "es mejor". ¿Su plato favorito? "Las migas". Hay otro aspecto que ha llamado su atención: "En Estados Unidos no damos tantos besos como aquí, sino abrazos". Fuera de clase, ha ido a un partido del Atlético de Madrid, una experiencia "muy divertida". Ella, que "venía con ganas y un poquito de nervios", siente ahora el corazón dividido: "Me gustaría seguir con mi familia de España porque son muy buenos, pero quiero ver a mi familia, que les echo de menos".


"Aquí comemos muy tarde"

"Elegí España porque era el destino más lejano y de mayor duración", reconoce Riley Williams, que ha viajado con su hermana melliza, "pero ella vive con otra familia". Atiende al periódico después de hacer "un examen sobre palabras polisémicas y homófonas y campos semánticos". Empezó a estudiar nuestro idioma hace seis años: "Allí, al estar cerca de México, aprendemos español latino; el de aquí es un poco diferente en algunas palabras". ¿Un ejemplo? "Computadora-ordenador". Entre las comidas, elige "los churros y el pan": "En América tenemos mucho frito, pero aquí se come mucho pescado", apunta.

En la misma línea habla Joaquín Flores: "Aquí hablan diferente, pero es más fácil entenderlo". De hecho, ha notado "mucha mejoría" desde que está en Casvi. Tras observar "muchas diferencias entre culturas", destaca una: "Aquí comemos muy tarde; en Oklahoma cenamos a las 17:30-18:00; aquí, entre las 20:00 y las 21:00". "Mi experiencia es muy buena, todo es muy bueno y me gusta mucho", resume un alumno que ya ha elegido su momento favorito: "Cuando, al tercer día, fui al Santiago Bernabéu para hacer un tour".

Jaidyn Wilson habla de sus 'dos familias': "Me gusta mucho mi familia de España; son muy amables y me tratan como si fuera su hija. Cuando estoy triste son muy amables y me animan. Es como mi verdadera familia", dice de la de aquí. Los recuerdos se apoderan de ella cuando piensa en sus padres: "Me gustaría volver a España dentro de unos años y, si es posible, con ellos. Cuando les llamo, me dicen que me quieren mucho y que lo pase lo mejor posible". También habla de comida. ¿Sus platos favoritos? "La paella y la tortilla de patata".


... y de Casvi a Minnesota

Madridiario también ha hablado con tres alumnas del Eurocolegio Casvi que han hecho el viaje inverso, es decir, han volado desde España a Estados Unidos. Las tres estudian 2º de la ESO; dos de ellas acaban de vivir su primer intercambio; la tercera ha repetido experiencia.

Alejandra Gracia ha notado "muchas diferencias, sobre todo en el clima y la cultura". El colegio, destaca, también es distinto: "En vez de que los profesores vengan a tu clase, te mueves a la clase del profesor. Y tienen taquillas". Allí vivió en casa de una familia con la que hizo "muchas actividades" y cuya hija vive ahora su propia experiencia en Madrid. Ha estado seis semanas en Minnesota: "Vi a la gente de los intercambios anteriores, me gustó y quise probar la experiencia".

"Me encanta viajar y conocer nuevas culturas", afirma Selena Ramos, que eligió la misma ciudad norteamericana: "Siempre he querido ir a Estados Unidos". Acaba de regresar, fascinada por la experiencia... "solo que hacía mucho frío y había muchas pizzas y hamburguesas. Por lo demás, todo ha sido genial". Tras su primer intercambio, su maleta ha vuelto cargada de satisfacción: "He notado mucho avance en mi nivel de inglés porque antes no entendía nada y ahora entiendo cosas; hablo mejor".

En 5º de Primaria, Yaiza Familiar fue a Tulsa, donde descubrió "muchas diferencias" y la riqueza de "conocer nuevas culturas. "Me gustó tanto que este año he decidido ir a Minnesota". Acaba de aterrizar, pues, de su segundo intercambio: "Era diferente a Tulsa porque hacía más frío, pero seguían siendo las mismas culturas y el colegio era muy parecido; tenían taquillas y cambiábamos de clase cuando sonaba el timbre". Ella también destaca las diferencias en el comedor: "Allí iban por turnos y era tipo bufé con dos platos entre los que podías elegir".

La importancia del profesor acompañante: 'padre' de 20 alumnos o cómo llevar "un pedacito de su hogar" con ellos

La experiencia de un intercambio es igual de emocionante pero muy diferente desde el punto de vista del profesor. Así se desprende de las conversaciones con Verónica Díaz Rodríguez y Alberto Galindo; ella es maestra en la escuela Dual Language Academy de Oklahoma; él da clases de inglés en Casvi. Ella vive estos días en Madrid su primera experiencia como acompañante de varios de sus alumnos; él acaba de regresar tras viajar a Estados Unidos al cargo de veinte niños.

Natural de Puerto Rico, Verónica Díaz Rodríguez vive en Estados Unidos, donde es profesora en una escuela bilingüe inglés-español. Los alumnos, destaca, "tienen la oportunidad de venir a España por dos meses para interactuar y estar completamente inmersos en la cultura española, tomando clases en español todo el día, interactuando con niños, trabajando en grupo y mejorando sus destrezas sociales". Una experiencia que, según cuenta, "emociona mucho a los alumnos porque saben que va a ser algo diferente; pasan por muchas experiencias durante estos dos meses". Algo que, al principio, "también asusta un poquito a los padres porque son niños de 10 y 11 años que vienen aquí sin ellos para quedarse en casa de unas familias que les abren las puertas de su hogar".

Ella se siente "muy afortunada" por tener la oportunidad de acompañar a los jóvenes: "Me anima mucho poder entrar en las clases, ayudarles, ver cómo lo están haciendo, si están entendiendo las instrucciones...". Durante este viaje ella no da clases, sino que actúa como supervisora, como 'madre' de todos los alumnos, para asegurarse de que todo va bien y "velar por ellos", porque, como relata, "puede ser muy difícil tener una experiencia donde no conoces a nadie y en la que la gente de alrededor no habla en el idioma en que te sientes más cómodo". Habla con pasión de su labor: "Me ven y es una cara familiar, nos saludamos, les digo 'buena suerte' y 'tú puedes', les doy ánimos... un poquito en su idioma; pero enseguida continúo en español para que sepan que esa es la expectativa". Un papel que ella describe como "traer un pedacito de su hogar hasta aquí". Predominan las sonrisas, pero a veces aparece la morriña: "Cuando se sienten tristes o extrañan la casa, contactamos con sus padres para que cuando hablen con sus hijos sepan que el niño está pasando por cosas, es decir, para que puedan tener una conversación que les ayude y los anime".

Es lo mismo que hace Alberto Galindo, que acaba de volver de Minneapolis, donde ha acompañado por primera vez a un grupo de intercambio. Ha viajado con 20 alumnos de Casvi: "Ha sido una experiencia que les ha valido, sobre todo, para integrarse, no solo con las familias, sino con los compañeros del colegio. Al realizar muchas clases diferentes que aquí no tenemos, que son un poco más lúdicas, han tenido que relacionarse muchísimo más a la hora de hablar y de jugar con sus compañeros en inglés". Para fomentar esa mayor interacción e integración, allí no van todos a la misma clase, sino que se reparten dos o tres por aula. Tampoco les permiten sentarse juntos: "Están separados para que tengan que conversar con el compañero de al lado".

Fuera del colegio, "para los niños es un poco shock el tema de las comidas, no solo por lo que comen, que es más un snack que una comida como la que hacemos nosotros, sino por las horas", describe el profesor, que pone un ejemplo: "La cena era a las 17:00-18:00, así que a las 21:00-22:00 volvían a tener un hambre que se morían". Preguntado por qué podían hacer, Galindo les recomendaba "tomar unas galletas o algo de la nevera que haya sobrado". Una anécdota que muestra que "el intercambio cultural también vale para eso: para darte cuenta de que no en todos los sitios se hace todo de la misma manera. Y que no es bueno o malo, simplemente es diferente y hay que adaptarse a donde uno va". Los nervios de la ida se convierten en motivación a la vuelta: "Vuelven con otra energía para empezar el curso, y eso se nota en las ganas que tienen por las clases de inglés. Antes lo veían como una asignatura más; ahora, como algo diferente tras haber estado en Estados Unidos". 'Padre' de 20 niños de golpe', muestra su deseo de repetir: "El intercambio también es una experiencia muy interesante para mí". De aquel país, y como profesor, se queda con que "allí cada profesor tiene su aula y son los alumnos quienes se mueven por el colegio".

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