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TAL DÍA COMO HOY

Nace Jesús Gil, el páter del populismo charro
(Foto: Atlético de Madrid)

Nace Jesús Gil, el páter del populismo charro

lunes 12 de marzo de 2018, 09:29h

El hombre que firmó un convenio con 28 prostitutas para que no estuviesen en la calle en Semana Santa, el que se levantaba comunista y se volvía de derechas antes del ángelus y el que amenazó con cortarle el cuello a algún jugador por no marcar goles. Más que el plenipotenciario alcalde de Marbella o que el presidente del Atletico de Madrid, Jesús Gil, el humilde soriano que llegó a ser el icono de los noventa de una España tan dopada como bajuna y telecinquera, habría cumplido hoy 85 años.

8 de mayo de 2000. Un día después de que el Atleti cayera a los infiernos, Jesús Gil posa ante la prensa: “Nadie podía pensar que esto pudiera ser una realidad”. El mortal empate a dos ante el Oviedo de Luis Aragonés acaba de hundir a los rojiblancos y el presidente comparece contenido y grave. Todo lo que nunca fue.

Jesús Gil y Gil nació el 12 de marzo de 1933 en una cuna humilde de un humilde y castellano Burgo de Osma. Su biografía es la del empresario que creció de burbuja en burbuja hasta hacerse archimillonario y presidir un 'holding' de tres patas: el Atlético de Madrid (fue su presidente del 1987 al 2003), Marbella (fue su alcalde de 1991 a 2002) y, lo más valioso de todo, su insoportable carisma. El hombre que dijo ser -después de Juan Carlos I y con permiso de Cervantes- el español más popular del globo, habría cumplido hoy 85 años.

Porque, más allá de sus méritos económicos y deméritos sociales, Gil regaló en el cénit de su popularidad a la España de las televisiones privadas y del aznarismo económico un millón de momentos inenarrables. Sin exagerar. Tantos, como 'trending topics' habría firmado si no hubiera fallecido de un infarto cerebral masivo dos años antes de que se inventara Twitter. Que fuera antimadridista confeso (y público) era la menor de sus incorrecciones verbales.

Insultante, irreverente, salvaje, charro… Era el héroe llano y grosero capaz de causar tanta gracia como empacho. Una ambivalencia que le acompañaba en todo. Con el mismo temperamento pasaba de celebrar que tenía en nómina a los jugadores “con más cojones del mundo” a amenazar con ametrallar a medio vestuario. Por poner un ejemplo: se gastó 500 millones en el ‘Tren’ Valencia, un futbolista venido de Colombia que pinchó nada más poner un pie en el césped del Calderón. Harto de que no reflejara en goles su precio en pesetas, le deseó la muerte. “Al negro le corto el cuello”, llegó a soltar sin miedo ni a quedar como un violento ni como un racista.

De parecer lo primero no se desdijo. De aparentar lo segundo, la hemeroteca sugiere que lo intentó ante la prensa internacional, aunque de aquella manera. Vale le la pena recuperar la transcripción de lo que dijo a los medios “I’m white. No problem. Ahora, I think that (excuse me), I think that you black and say black, black, black all day is very bad. The color no is problem”.

Esta soberbia despreocupación por su imagen pública era la “filosofía Gil”, la que él recomendaba a España y que galopaba desatada por los platós como si lo hiciera a lomos de su Imperioso. Comentaba que solo le diferenciaba del ayatolá Jomeini, coco de Occidente, que él era algo más impulsivo. El suyo era uno de los perfiles más redondos y reconocibles del país de las Mama Chicho, el mismo que aplaudía sin sonrojo su machistoide programa desde el jacuzzi, rodeado de gachís, prometiendo dinero como si fuera propietario del Banco de España y disparando contra cualquiera que le intentara frenar los pies. Un superstar que por tener tuvo hasta un rap.



Autodefinido como “el mayor demócrata del país”, capaz, decía, de pasar de ser comunista a las 9 de la mañana a defender la derecha dos horas después, fundó un partido con las mismas siglas que su apellido. Páter marbellí, ganó tres elecciones a golpe de bastón de mando, fue condenado a prisión y mantuvo su apoyo popular hasta que acabó inhabilitado por decisión judicial. En ese tiempo, le dio al ladrillo, fue el puente entre la jet y la caspa, pagó a prostitutas el equivalente a sus servicios para que no procesionasen las calles durante una Semana Santa y motorizó a su Policía Local con Harleys.



Fue, en definitiva, el precursor del populismo a escala 'trumpiana', si es que en algún plano de un realidad inventada este hubiera podido mirarse en el espejo de aquel. De presidente a presidente, ambos hoy coincidirían en que merece la pena, llegado el caso, tomarse la Justicia por la mano. En mayo se cumplirán 14 años desde que a España le falta la sal de un Gil que murió sin conocer la crisis, un Gil por cuya telegénica y distractiva existencia suspiraría toda una legión de cínicos. Y tal.

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