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EFEMÉRIDES

Actividades al aire libre en el parque de Madrid Río en las inmediaciones del puente de Toledo.
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Actividades al aire libre en el parque de Madrid Río en las inmediaciones del puente de Toledo. (Foto: Kike Rincón)

La fragilidad del puente de Toledo

miércoles 04 de octubre de 2017, 07:52h
El puente de Toledo es uno de los más importantes y característicos de Madrid, que une las glorietas de Pirámides y Marqués de Vadillo salvando el espacio que ocupan el río Manzanares y sus riberas, la gran zona verde que es Madrid Río.

A su paso por Madrid, el río Manzanares deja tras de sí una estela de puentes que unen ambas riberas y que son importantes elementos arquitectónicos de la ciudad. La mayoría se concentran en el parque lineal del Manzanares, espacio verde cuyas orillas son ideales para pasear y hacer deporte. Uno de ellos es el puente de Toledo, que data del siglo XVII, y que hoy en día une las glorietas de Pirámides y Marqués de Vadillo.

Por orden de Felipe IV, el puente de Toledo se construyó entre 1649 y 1660 para unir Madrid con el camino de la capital manchega. El denominado ‘puente de la Toledana’ tuvo que ser reconstruido varias veces por culpa de las riadas que lo destruían, y la obra definitiva fue en 1684.

Varios años después, en 1715, se encargó a Pedro de Ribera una nueva reconstrucción que culminó el 4 de octubre de 1732, cuando se abrió al público el puente. Esta última modificación dejó una estructura de estilo barroco churrigueresco, construida con sillares de granito, y con nueve arcos de medio punto con sólidos contrafuertes y tambores rematados en balconcillos y con un ancho de 4,95 metros.

Tres años después, Juan Ron esculpió las imágenes en piedra caliza de los patrones de Madrid, San Isidro y Santa María de la Cabeza, para los templetes del puente situados a los lados del arco central. Ambas miden 1,60 metros y la figura de San Isidro representa la tradicional escena del milagro del pozo cuando el santo salvó a su hijo Illán de morir ahogado.

Madrid se moderniza alrededor del puente…

Con el paso del tiempo, Madrid fue creciendo hasta convertirse en la gran urbe que es hoy en día. A mediados del siglo XX, el puente comenzó a dar signos de deterioro, por lo que se elaboró un proyecto que se basaría en la construcción de dos puentes a ambos lados para desviar por allí el tráfico.

En 1972 se iniciaron las obras de estas dos pasarelas que liberarían al puente de Toledo de la gran carga de tráfico que soportaba y en 1997 se terminaron las obras de su restauración. Diez años después, con el fin del soterramiento de la M-30 y la regeneración de las riberas del Manzanares, se descubrieron restos de seis pilas con el arranque de los arcos, de los que solo quedan dos, situadas a una cota de ocho metros por debajo de la actual carretera.

…y este con la ciudad

El monumental puente de Toledo ha cambiado también a lo largo de los años. Se instalaron en ambos extremos rampas que conectan con el parque de Madrid Río, siendo las del lateral de la glorieta de Pirámides las que daban acceso antiguamente a los lavaderos y huertas situados en la orilla del río.

Además, dos obeliscos de Francisco Javier Mariátegui custodian desde 1831 la entrada del puente que dio nombre a la glorieta de Pirámides. Todo este bagaje hizo que en 1956 el puente fuese declarado Monumento Histórico artístico y en 1992 Bien de Interés Cultural, consagrándolo como una de las muchas joyas que alberga la capital madrileña.
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