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ETIOPÍA

Viaje al Valle de Lagarba, viaje solidario al corazón de Africa
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(Foto: Joaquín Rivero Paz y José Martín Serrano Peña)

Viaje al Valle de Lagarba (Etiopía), viaje solidario al corazón de Africa

martes 11 de agosto de 2020, 10:40h

Los fotógrafos Joaquín Rivero Paz y José Martín Serrano Peña, viajaron el pasado mes de febrero, antes del inicio de la pandemia, desde Madrid a Etiopía para visitar la Misión de San Francisco del Valle de Lagarba y cuentan su experiencia en Madridiario como mejor saben hacer: con imágenes.

¿Cómo surge la idea de ir a Etiopía y cuál era el objetivo de vuestra misión?

En el mes de abril de 2019, en una escapada fotográfica que hicimos José Martín y yo (Joaquín Rivero), mientras nos dirigíamos al valle del Jerte, José Martín, mirando un libro de fotos que había editado yo sobre Botswana y Zimbabwe, me contó que tenía un amigo misionero en Etiopía, en el Valle de Lagarba, y que se estaba pensando ir a visitarle. Antes de que terminara de contármelo, le dije: “Me voy contigo”. Y así se fraguó la idea de realizar el viaje.

Nuestro gran objetivo, que pronto se convirtió en un objetivo secundario, era exclusivamente fotográfico. A medida que fuimos preparando el viaje, analizando las necesidades de la Misión de San Francisco, y el contexto y situación de la población, nuestro objetivo principal derivó hacia otros fines. Por un lado, hacer llegar la ayuda material que pudiéramos acarrear en nuestros equipajes (medicinas, comida, juegos para los niños, dinero y otros enseres) y, por otro, apoyar con nuestra presencia y compañía la soledad en la que vive el responsable de la Misión, Paul Schneider, sacerdote español desplazado a Etiopía hace algo más de dos años.

Paul Schneider pasó su primer año en Etiopía en Addis Abeba aprendiendo la lengua oficial, el amariña, para poder ejercer después como responsable en la Misión en el Valle de Lagarba, a 400 km de la capital, que se encontraba un poco abandonada.

Paul, durante el año que lleva en la Misión, además de ejercer como sacerdote de la población católica del valle, unas 500 personas, ha desarrollado una intensa actividad social, asistencial y de desarrollo económico. Entre otras acciones de impacto social, Paul ha construido diez casas en un terreno propiedad de la Misión, ha puesto a disposición de la población dos pozos de agua para evitar la carga especialmente de las mujeres y los niños, ha convertido los terrenos de la Misión en una explotación agraria a base del pago de jornales a los habitantes del valle, ha contribuido a reparar numerosos tejados de las casas de los vecinos más humildes cambiándolos por otros de chapa y ha financiado la educación en la ciudad de un grupo de jóvenes.

¿Conseguisteis el objetivo planteado?

Cuando vuelves de un lugar como el Valle de Lagarba piensas que cualquier esfuerzo particular, por muy grande que sea, es insuficiente. Las condiciones de vida de las familias del valle están tan alejadas de los estándares occidentales que lo primero que haces es pensar en cómo puedes contribuir a su desarrollo local sin alterar la esencia de su cultura.

Sin luz eléctrica ni agua corriente, los hábitos de higiene y de vigilancia de la salud son equiparables a los de nuestro medievo.

Por supuesto, toda ayuda tiene su impacto directo por pequeña que sea y esto es muy gratificante. Si piensas que con 200 Euros puedes hacer que una familia deje de pasar frío, se proteja de la humedad, y tenga un tejado de chapa en un horizonte de quince o veinte años, el retorno emocional que obtienes no tiene precio. Si piensas que con un euro al día es suficiente para procurar la educación de un niño (todos los gastos imaginables incluidos) y que con ello enfile la senda del desarrollo futuro, compruebas hasta qué punto es factible salir del propio ensimismamiento y participar del cambio hacia otra realidad en el mundo.

La clave es el respeto. Comprender que tu presencia puede generar una influencia positiva pero desde el máximo respeto a sus costumbres, especialmente porque muchos de los códigos que tejen su cultura son envidiables desde una aproximación occidental y diametralmente opuestos a los nuestros: el valor de la comunidad, la solidaridad entre los vecinos para ayudarse unos a otros, la generosidad natural para compartir lo poco o nada que tienen como propiedad o la sonrisa y la alegría como lenguaje universal.

Al lado del respeto hay otra clave importante. El apoyo ha de fundamentarse también sobre la idea de que nada es gratis. No tiene ningún sentido el regalo por el regalo, llegar a una comunidad y regar sin criterio con dinero fácil o con comida sin esfuerzo alguno por el que lo recibe. Aquello de “enséñame a pescar y no me des un pez” se convierte en un axioma indiscutible.

¿Cuántos días estuvisteis y qué actividades relacionadas con el rugby desarrollasteis allí?

Pocos días antes de nuestra partida, y pensando en que íbamos a estar un par de semanas viviendo en las mismas condiciones que viven en el Valle de Lagarba, se nos ocurrió la idea de llevar algunos juguetes para pasar el tiempo con la abundante chavalería del valle. Tenían que ser simples y de pequeño volumen pues ya el equipaje iba creciendo a medida que nos acercábamos a la fecha de salida. En ese momento pensamos en comprar unos balones de rugby, pues desinflados y aplastados cabrían en cualquier mochila.

Como colaboramos habitualmente con la Federación Española de Rugby (FER), en lugar de comprarlos, se los pedimos directamente a la FER para poder dedicar nuestros escasos recursos a la compra de medicinas y otros materiales como medicinas y material escolar.

La respuesta de la FER fue espectacular: no solo íbamos a contar con unos balones también nos hacían entrega de un kit completo de “rugby cinta” (petos, cinturones con cintas, etc…) similar al utilizado en más de doscientos colegios españoles en 2019 con el programa “Generali ge tinto Rugby”, para poder emplearnos en iniciar en este deporte a la población joven del valle. Además el bolsón de la FER nos sirvió para acarrear, hasta que las cremalleras aguantaron, medicinas, latas de conserva y cuadernos y bolis, hasta el límite de 25 kilos que podíamos facturar por bulto.

Con el Padre Paul como traductor e intérprete, conseguimos mostrar y compartir con los chavales y chavalas las indicaciones mínimas y las reglas de juego. Es difícil imaginar la ansiedad con la que se ordenaban los chavales en equipos por edades similares. Una vez canalizada la inquietud por el juego, pudimos organizar, participando con ellos, un torneo por equipos, subrayando los elementos básicos de este deporte: prioridad del equipo, solidaridad, apoyo constante, respeto al árbitro, pasillo final, etc…. No fue necesario repetir muchas veces las indicaciones. Rápido y eficaz, el aprendizaje se materializó con una demostración por su parte de quitarse el sombrero.

Los días posteriores decidimos dejarles organizarse a ellos mismos, nombrando a unos cuantos capitanes, y así pudimos comprobar cómo iban interiorizando el juego y haciéndolo suyo.

¿Os traéis algún aprendizaje de allí?

Son muchas las lecciones aprendidas en este viaje y todas tienen que ver con la humildad y el respeto. Humildad practicada por su parte, por los habitantes del valle, pues uno comprueba cómo se puede vivir con poco o casi nada, en una economía prácticamente de subsistencia, y ser igualmente generoso y hospitalario con el extranjero y darlo todo. Y humildad por nuestra parte también, en el sentido de aproximarnos a otra cultura sin tratar de imponer convicciones ni ideas preconcebidas y aprender, aprender a respetar y valorar lo positivo de otras formas de vida.

Un par de anécdotas que destaques del viaje.

Casi todos los días hemos contado con experiencias de erizar el vello pero querría destacar una de ellas que ilustra la enorme hospitalidad y cariño que hemos recibido de los habitantes del valle.

Cuando conseguimos por fin llegar al valle, después de dos días de viaje desde Madrid, una niña de unos 10 años, -unos días después conocería su nombre, Mesekér, “testigo” en la lengua local-, y toda vez que los más adultos nos habían ayudado a cargar los burros que portaban nuestro equipaje, se aproximó por detrás, me tomó de la mano y en silencio me llevó por la calle que cruza la aldea de Kirara, la población de referencia del valle y desde donde parte el sendero hacia la Misión de San Francisco. Así fue su bienvenida.

Habíamos leído de la extraordinaria hospitalidad de los etíopes pero la realidad ha superado con creces nuestra expectativa.

Hay otro hecho, no sé si anécdota, que me gustaría compartir por su relación con el material de la FER que llevamos. Tras nuestro regreso había programada una excursión al sur del país con un grupo de chavales del valle. Como rasgo del grupo y para poder hacer seguimiento de los más pequeños, decidieron ir ataviados con los petos de colores chillones del kit. Bonito doble uso del material de la bolsa de “rugby cinta”.

¿Estáis deseando volver con más proyectos en un futuro próximo?

Animados por unos familiares médicos, uno de nuestros objetivos ha sido el de tratar de encontrar las vías de colaboración para apoyar el desarrollo asistencial y de salud pública en la zona. Tuvimos la ocasión, fruto de la casualidad, de mantener una reunión con los responsables de Salud Pública de la región y compartir con ellos nuestra voluntad de contribuir con la clínica local, aportando material clínico y médico desde España.

A nuestra vuelta, hemos lanzado un proyecto, en coordinación con la AECID, la ONG Energías sin Fronteras y otros agentes sociales privados, para llevar a la clínica de Kirara el material solicitado por las autoridades públicas etíopes: camillas, sets para partos, microscopios, etc… completado con una instalación de energía solar capaz de abastecer las necesidades de electricidad de la clínica. En la actualidad no cuentan con electricidad ni agua corriente. Desafortunadamente la extensión de la pandemia del COVID-19, los cierres de fronteras y el cambio de prioridades y oportunidad nos han obligado a aplazar el desarrollo del proyecto hasta que se retorne a cierta normalidad, tanto en España como en Etiopía.

“Para finalizar queremos aprovechar esta oportunidad para agradecer sinceramente el esfuerzo y generosidad de la Federación Española de Rugby (FER) aportándonos el material de juego que hemos llevado a Etiopía. Esperamos y deseamos que tan pronto como sea posible esta colaboración pueda desarrollarse y ampliarse con más iniciativas orientadas al apoyo de los habitantes del Valle de Lagarba”.

ENLACES:

https://www.facebook.com/lagarbaethiopi

https://elsitiodejoaquin.com/2020/04/21/la-clinica/

http://ferugby.es/bienvenida

https://www.generali.es/quienes-somos/patrocinios

https://energiasinfronteras.org/

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