“Teníamos más alegría que miedo”, recuerda Ramón Linaza, quien un día como hoy, pero de junio de 1978, recorrió las calles de Madrid en la primera marcha del Orgullo hace 45 años.
Los años posteriores a la muerte del dictador se vivieron entre la esperanza del nacimiento de algo nuevo y el miedo a una represión todavía presente. Solo un año antes, una marea de silencio había parado la ciudad como rechazo al atentado contra los abogados del despacho laboralista en el 55 de la calle Atocha.
Linaza hace un repaso de cómo fueron los meses previos a la fecha a través de pequeños colectivos que ni siquiera estaban legalizados. “Teníamos que hacer algo” fue la clave para ponerse manos a la obra. Primero unificaron los pequeños colectivos en un espacio unitario: el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC), ya que todavía quedaban algunos años hasta que Madrid se convirtiera en una autonomía. Otro objetivo fue preparar la primera manifestación del Orgullo en Madrid.
El contexto de lucha por las libertades de aquellos años empujó la convocatoria. Las universidades se movilizaron y también las cárceles. Se había aprobado la Ley de Amnistía, pero “los presos sociales seguían encarcelados”, señala Ramón.
“Difundimos la convocatoria en Chueca, que ya se estaba convirtiendo en un barrio de referencia para el colectivo” y allí, en una época sin móviles ni aplicaciones, todo el mundo sabía la cita. “Se corrió la voz entre las prostitutas y las trans”.
“Queríamos evitar lo que ocurrió en Barcelona”, en referencia a que justo un año antes la Policía había disuelto de forma violenta la marcha por las Ramblas "La petición de autorización al Gobierno civil la firmamos el intérprete Carlos Patiño (con quien contrajo matrimonio en 2005) y yo en representación del FLHOC, junto con Alonso Puerta, que por aquel entonces era teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid del PSOE, y un diputado del PCE". Señala que estas dos organizaciones políticas "contribuyeron con su firma a que se concediera la autorización a la manifestación".
Una manifestación “muy masiva” para la época
La marcha comenzó a las siete de la tarde en la calle O'Donnell, cerca de la Torre de Valencia, y avanzó hasta Menéndez Pelayo. Un recorrido “discreto” que, según Linaza, respondía a los temores de la Gobernación Civil, el organismo antecesor de la Delegación del Gobierno. A la cabeza de la marcha, un lema claro: la abolición de la Ley de Peligrosidad Social que seguía persiguiendo a los homosexuales. Pese al recorrido, la marcha contó con la participación de unas 5.000 personas, según las crónicas de esa jornada.
Aunque son excasas las imágenes que se conservan de la marcha, este es un vídeo de la histórica jornada grabado con 'Super 8' y publicado en YouTube por el usuario 'PedroGarciaMochales'.
“En la manifestación había de todo: familiares de presos comunes, feministas, madres solteras, sindicalistas, pancartas de los partidos de la izquierda”, en definitiva, para Linaza, una manifestación “muy plural y un éxito absoluto” y se proclamaban consignas como "libertad sexual, amnistía para los homosexuales, amnistía total, abolición de la Ley de Peligrosidad y rehabilitación social o despenalización de los actos homosexuales".
Reconoce que la alegría durante el recorrido se entremezclaba con el temor a posibles agresiones por parte de la extrema derecha. Recuerda también que los agentes de Policía encargados de acompañar la marcha no ocultaban su nerviosismo. “Como yo había firmado la petición, el jefe del operativo se comunicaba conmigo y me pedía que fuésemos rápido”. Linaza, a través del megáfono, pidió a toda la manifestación que acelerase el paso a lo que al unísono todos corearon: “Qué buenas son las fuerzas represivas, que buenas son, que nos llevan de excursión”.
Al terminar la histórica marcha todos se disolvieron. “Nos fuimos corriendo, ni lectura de manifiesto, bastante que pudimos realizar la propia manifestación”. Los medios eran todo lo limitado que la situación de ‘semiclandestinidad’ permitía: “las pancartas las pintamos en los bajos de una juguetería que tenía un compañero”, rememora.
El activismo se reforzó desde la cultura
Ramón reconoce que el éxito de esta primera marcha contrasta con la caída de la participación en los años siguientes. En 1979 no se celebró marcha y la Gobernación Civil envió el evento a la Casa de Campo. “No querían otra convocatoria como la de 1978”, señala. Hasta 1981 no se recupera una gran convocatoria. En esta ocasión, la marcha discurrió por Vallecas. Linaza recuerda cómo el activismo de finales de los setenta comenzó a languidecer y tuvieron que pasar unos años hasta la creación del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM).
El propio Ramón creó, junto a su compañero Carlos Patiño, una sala donde se celebraban actuaciones de teatro. “A partir de ahí, nuestro activismo lo hicimos desde el escenario". Un nuevo panorama crecía en el ámbito cultural de Madrid. “Hicimos un montón de espectáculos durante 23 años y fue una sala muy emblemática. Hablábamos mucho del amor, de la sexualidad, de la libertad sexual. Se recitaban poemas de Lorca, de Cavafis o Cernuda”, desgrana con una mezcla de alegría y añoranza.
Pasados 45 años, son muchas las razones que siguen animando a que cada año las calles de Madrid sigan tiñéndose con los colores de la bandera arcoíris y se continúen planteando reivindicaciones pendientes. El Orgullo LGTBI es una cita obligada en el calendario de la capital y es reconocido en todos los rincones del mundo. El Orgullo también es fiesta porque, como hizo desde las tablas Ramón Linaza, el Orgullo LGTBI también es: “Celebrar, vivir y disfrutar de cada conquista”.