Los hombres de plata no sólo también tienen su corazoncito, sino que en ocasiones brillan más que sus jefes. Y escuchan los únicos restallantes aplausos del festejo. Cual aconteció en esta quinta corrida del serial isidril, un muermo generalizado, con José Chacón, Raúl Rodríguez y Fernando Sánchez como excepciones de lucimiento con los rehiletes. Del conjunto plúmbeo la mayor parte de la culpa recayó en un encierro bronco, insípido y sin fijeza de El Torero, aunque los jefes, o sea los de oro y a pie, justos de musas, en vista del panorama acabaron sin pena ni gloria sus respectivas labores.
No obstante, uno de ellos, Gonzalo Caballero, que volvía a la cátedra -donde fue obligado a saludar al destrenzarse el padeíllo- y que en las dos anteriores ocasiones resultó herido de mucha gravedad, tampoco aprovechó el único bicorne con algo de codicia y movilidad, el sexto, de nombre Virtuoso, al que hizo honor, aunque tampoco para tirar cohetes. Mas ya se sabe que en el país de los ciegos… Pues, eso.
Es cierto que el coletudo abrió la faena doblándose por bajo y sacándolo a los medios, pero luego no estuvo a la altura y tras unos doblones por bajo, sólo apuntó algún muletazo digno de mención. Es posible que de haber actuado con más festejos -sólo uno el año pasado- hubiera brillado más, pero no deja de ser una especulación.También le correspondió antes el único que mostró cierto amenazante peligro por ambos pitones hasta que se rajó y su matador anduvo con cierta soltura y valor.