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Fachada del teatro Albéniz
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Fachada del teatro Albéniz (Foto: Antonio Castro)

El teatro Albéniz recupera la fachada original

martes 05 de abril de 2022, 15:59h
Actualizado: 08/04/2022 07:42h

Han tenido que pasar treinta y nueve años para que las esculturas de Ángel Ferrant volvieran a su emplazamiento original: la fachada del teatro Albéniz.

Aunque las obras de recuperación de este teatro no han terminado, la fachada ya muestra, restauradas, estas imágenes que representan a distintos tipos regionales. Estaban provistas de un pequeño motor que movía los brazos, simulando que estaban tañendo los instrumentos. Por su tamaño y por las articulaciones, son figuras de gran peso. Cuando el retablo se ponía en movimiento, peatones y conductores se paraban a verlo, provocando atascos en la Puerta del Sol. Así que el Ayuntamiento solicitó a la empresa que no los accionara.

(Foto: Antonio Castro)

En 1949, durante un vendaval que azotó Madrid, la escultura de la Sevillana fue arrancada de su pedestal, desplomándose sobre un coche aparcado junto a la acera. El accidente, afortunadamente, no produjo víctimas. Ya se cuestionó la seguridad de esta fachada. En 1983 se apearon definitivamente.

Al desmontarse se instalaron en el vestíbulo y rellanos del teatro, donde permanecieron hasta el cierre en diciembre de 2008. Cuando comenzaron las obras de restauración se agruparon en el patio de butacas a la espera de decidir si, finalmente, volvían a la calle. Lo han hecho convenientemente restauradas. Otro elemento decorativo de interés en el interior del Albéniz son las pinturas decorativas, obra de Javier Clavo.

El escultor madrileño Ángel Ferrant (1890-1961) tuvo una gran formación académica en distintas escuelas y talleres, como el del escultor Aniceto Marinas. Su estancia en París le permitió conocer las vanguardias artísticas. Después ejercería la docencia en La Coruña y Barcelona, hasta establecerse definitivamente en Madrid el año 1934. Realizó una gran labor en la Junta Delegada de incautación, protección y salvación del tesoro artístico durante la Guerra Civil. Este trabajo propició su rehabilitación tras la contienda. El año 1943 recibió el encargo de realizar el grupo de once esculturas para el nuevo teatro madrileño.

(Foto: Antonio Castro)

El teatro Albéniz se inauguró el 31 de marzo de 1945 con la revista Aquella noche azul. Ya a final de los años veinte del pasado siglo se habló de construir detrás de la Real Casa de Correos un gran teatro que se llamaría Poymar. Aquel primer proyecto no cuajó y se acabó por construir el actual Albéniz, que forma una manzana indisoluble con el primitivo hotel Madrid de la calle Carretas. En la redacción del proyecto intervinieron los arquitectos Manuel Ambrós Escanellas, Enrique López-Izquierdo y José Luis Durán de Coltes. El empresario fue Maximino Moro. En el sótano del edificio funcionaba una hermosa sala de fiestas.

Durante los diez primeros años se consagró como teatro de revista, pero el 16 de febrero de 1955 echó el telón para convertirse en cine. Fue el primero que instaló el sistema de proyección conocido como Cinerama. La Comunidad de Madrid lo arrendó en 1985 para que fuera la sede del Festival de Otoño. Ya siguió funcionando como teatro.

En 2016 comenzó a hablarse de la recuperación de este teatro, que estuvo alquilado por la Comunidad de Madrid durante casi veinticinco años. Al inaugurarse los teatros del Canal, finalizó el arriendo y se temió por la supervivencia del Albéniz. La compra de toda la manzana por un fondo de inversión permitió aventurar que, tarde o temprano, volvería a levantarse el telón.

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