Un clásico excelente. La programación de 'La cisma de Inglaterra' es todo un acierto de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Puede verse hasta el 26 de abril en el Pavón. Como en anteriores montajes, la venta anticipada lleva ya varias representaciones completas. La dirección es de Ignacio García, que cuenta con Sergio Peris-Mencheta para Enrique VIII, con Pepa Pedroche para la reina Catalina y conMamen Camacho para Ana Bolena.
Estamos ante un espectáculo cuidado en todos y cada uno de los detalles. Y
el resultado es hermoso, tanto visual como literariamente. La escenografía de
Sanz y Coso, la iluminación de Ariza y el suntuoso vestuario de Pedro Moreno
arropan a un elenco dynamico, que mantiene el pulso teatral durante cien
minutos.
Se nota la mano firme de Ignacio García quien, curtido en la ópera y la
zarzuela, tiene un gran instinto para crear espectáculo. A la vista de esta
producción resulta difícil entender que 'La cisma de Inglaterra' no esté en el
repertorio habitual del teatro clásico español. El texto calderoniano,
versionado por López Antuñano, tiene pasajes de extraordinaria belleza:
"Aprended, flores, de mí, lo que va de ayer a hoy, que ayer maravilla fui y hoy
sombra mía aún no soy". De eso se lamenta la reina Catalina junto a la fiel
Margarita Polo (María José Alfonso).
Pero resulta muy interesante el conflicto emocional de Enrique VIII cuando
tiene la evidencia de que ha antepuesto sus deseos por encima de la razón de
estado y de los intereses de sus súbditos. Enrique entra arrollador en escena,
como Rosaura en 'La vida es sueño' al grito de "hipogrifo violento..." Nada se puede oponer a sus órdenes, sobre todo
si cuenta con la complicidad de un clero interesado. El cardenal Volseo es un
personaje ambicioso, formidablemente trazado. Y muy bien interpretado por
Notario. Junto al Rey, dos mujeres: la española Catalina de Aragón, esposa
legítima, y la amoral Ana Bolena, que acabará en el patíbulo. Catalina está
encarnada por Pepa Pedroche en estado de gracia (y no religiosa precisamente).
Pepa es, seguramente, la mejor actriz "de verso" en estos momentos. Todo suena
natural en ella, hasta los versos más complicados. Habitual del Clásico, es por
derecho propio, su primera actriz. Mamen Camacho asciende peldaños
profesionales con la maniobrera Ana Bolena, engañando y utilizando a su amante,
el embajador de Francia (Sergio Otegui), al Rey y al cardenal Volseo. Sergio
Peris-Mencheta parece comenzar excesivamente atropellado. Aunque en el comienzo
sea una fuerza arrolladora, teatralmente debería medir su fuerza. Está
notablemente mejor en la segunda parte, cuando le cae encima todo el peso de
sus acciones. Y muy bien en la escena final con su hija, María Tudor.
Calderón puso un final moralizante al drama que provocó el cisma con la
iglesia católica. "Mata" a Catalina y Ana, pero no introduce a Jane Seymour ni
entra a desmenuzar el conflicto religioso. Tampoco da indicios sobre la cruel
sucesión de Enrique, que acabó con la entronización de Isabel I, la hija de Ana
Bolena. El dramaturgo se centró en el conflicto entre el poder y la razón, en
la lucha de intereses entre el absolutismo y el deber del gobernante hacia su
pueblo.
Parece que esta será la última producción propia del Clásico en el Pavón.
Que en otoño volverá a su sede en La Comedia. 'La cisma
de Inglaterra' es un magnífico colofón a esta etapa que ha durado trece años y
que ha servido para "resucitar" a un teatro (el Pavón) que cumplirá noventa
años el próximo 11 de abril. En su historia casi centenaria se incluye ya desde
el estreno de 'Las Leandras' (1931) hasta la treintena de producciones de la
Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Más información:
'La cisma de Inglaterra', en el Clásico
Como si pasara un tren en el teatro Español
'El público' de Lorca, un grito a favor de la homosexualidad en el Teatro Real