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En las entrañas del Dragón

En las entrañas del Dragón

Por Celia G. Naranjo
viernes 01 de abril de 2011, 00:00h
¿Se acuerda de los okupas del cementerio? Madridiario ha vuelto, dos años y medio después de la okupación, al ESOA (Espacio Social Okupado Autogestionado) El Dragón, para mostrar a sus lectores el proyecto autogestionado más desconocido de Madrid.
En octubre de 2009, un grupo de jóvenes de Ciudad Lineal decidió montárselo por su cuenta, culturalmente hablando, en la mismísima puerta principal del cementerio de La Almudena. La polvareda que levantó la 'toma' de tan singular edificio desapareció con la misma rapidez con la que había surgido. Los policías se marcharon, los periodistas se dispersaron y los okupas se okuparon del nuevo Dragón de La Elipa, entonces aún en pañales, que reclamaba más y mejor atención que su malogrado compañero del otro lado del barrio.

Un mural adorna la sala donde se reúne la Asamblea del DragónLa incógnita, como en toda aventura que se comienza, consistía en saber si los mil y un proyectos planificados llegarían a buen puerto. Una pregunta difícil de responder, teniendo en cuenta que la Empresa Mixta de Servicios Funerarios, propietaria del inmueble, inició de inmediato los trámites para que se produjera la orden judicial de desalojo. Desde entonces, esa orden —por cuyo estado ha preguntado este digital al Consistorio en repetidas ocasiones sin haber obtenido respuesta— ha podido llegar en cualquier momento. Pero no lo ha hecho.

La biblioteca del ESOA El DragónEntretanto, por el ESOA El Dragón han ido desfilando decenas de jóvenes y de proyectos. Los que había en 2009 ya no están; ahora hay otros. Se han producido disensiones y momentos difíciles e incluso, cuentan, el edificio estuvo a punto de ser abandonado otra vez a su suerte, municipal o no, por discrepancias en la asamblea que toma las decisiones por unanimidad. Pero el Dragón sobrevivió y ahora cuenta con todo tipo de instalaciones para disfrute de los vecinos.

El ESOA El Dragón cuenta con un gimnasio'Stop motion', café y libros
Hay una cafetería, una biblioteca con cientos de libros aún a medio catalogar, un taller de informática donde se recicla hasta la impresora más vieja y se enseña a reparar el material, otro de 'stop motion' y hasta un gimnasio para practicar danza oriental o boxeo. Los grupos de música hacen cola para utilizar los locales de ensayo y esperan a que termine de montarse el estudio de grabación para poder grabar sus maquetas. Los talleres de fotografía y de jardinería están en camino y mientras tanto prosiguen los cineforum de los viernes. La cafetería se abre cuando se puede: un grupo se ocupa de hacerlo dos jueves al mes, a la espera de voluntarios que puedan y quieran encargarse de ella los otros dos. Y, siempre previo permiso de la asamblea, se puede montar un 'singstar' multitudinario, una conferencia o un campeonato de futbolín en los espacios destinados a ello.

Uno de los grafitis que adornan el ESOA El DragónPero, como dicen algunos miembros de la asamblea, "esto no es la Tabacalera". Además de que en este caso el edificio no ha sido cedido por nadie, y por tanto el 'Dragón' se siente más libre, este es, aseguran, un proyecto 'de barrio'. Aquí todos se conocen y, aunque cualquiera puede presentarse y proponer su proyecto, unos saben de otros, "no como en otros sitios más grandes".

Esa es la sensación que transmiten también al visitante que se acerca a las puertas del cementerio, aunque también aquí hay unas normas. "Mínimas, pero las hay", insisten. Y es que, cuentan, todavía hay quien llega y pide una litrona, así, sin más, convencido de que una casa okupa es un lugar donde se celebran botellones a cubierto.

El exterior del ESOA El DragónPero quien haya conocido el edificio en octubre de 2009 y haya vuelto recientemente solo tiene que pararse un momento para darse cuenta en todas las horas de trabajo que guardan sus paredes. En los enseres recogidos de la basura para darles una segunda oportunidad. En las asambleas interminables para garantizar la democracia en cada decisión, que rara vez duran menos de tres horas. Y en el voluntarismo de quien ha pintado sin ser pintor o instalado un inodoro sin ser fontanero, con mejores o peores resultados.

En El Dragón nada es perfecto, pero, como recuerdan con una sonrisa, "funciona"... hasta que les echen. Saben que, en el colectivo okupa, nada es eterno. "Si eso ocurre, después de todas las horas que he echado aquí, será como si me hubieran robado un pedazo de mi vida", reflexiona uno de los habituales. Pero su compañlero se apresura a recordar que el Dragón no es un edificio, ni siquiera sus miembros, sino un proyecto. "Si eso ocurre, el Dragón desplegará las alas y anidará en otro sitio". En La Elipa... o donde sea.
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