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Barajas, el 'dormitorio' de Madrid

Barajas, el 'dormitorio' de Madrid

viernes 05 de noviembre de 2010, 00:00h
El pueblo de Barajas se anexionó a Madrid el 31 de marzo de 1950. Su evolución ha estado plagada de luchas que han conseguido desterrar el concepto de 'pueblo junto al aeropuerto'. Actualmente, es el distrito del norte de la capital que más riqueza genera para la ciudad y uno de los que tiene mayor calidad de vida. Madridiario inicia así un recorrido por los cinco distritos que cumplen su sexagésimo aniversario como madrileños.
Corría el 18 de marzo de 1950. En el Pleno del Ayuntamiento de Barajas, entre prórrogas de los mozos para su incorporación a filas, la toma de posesión del nuevo médico de asistencia pública domiciliaria y el otorgamiento de una subvención de mil pesetas para el Club Deportivo de la Villa, se fijó en un escueto punto la anexión del municipio a Madrid, por mandato del Estado franquista, que se hizo realidad el 31 de marzo sin protestas. Sus 2.675 vecinos se convertían así en madrileños. Así narra Elia Canosa Zamora en su 'Historia de Barajas' cómo este pueblo agrícola, vecino del emergente aeródromo, pasaba a formar parte de la capital.

Barajas se convirtió en parte del distrito de Chamartín, gobernado por un alcalde de barrio. Pero la rigidez de la división administrativa municipal hizo que en 1970 hubiese una segunda reorganización y pasase a pertenecer a Hortaleza. En 1975, el estancamiento demográfico y la llegada de la democracia obligó a una mayor descentralización, de la que resultó muy favorecido Barajas, gracias al desarrollo del noreste de la región. En 1988, una tercera reorganización trajo la división de la ciudad en 21 distritos y con él, el renacimiento de Barajas como ámbito con personalidad propia.

"Barajas era el pueblo cercano a la capital más grande de la zona. Era una zona agrícola. Las hortalizas que se cultivaban se llevaban en carro a los mercados de Madrid. También se trabajaba en la construcción, en el aeropuerto o se servía en la ciudad", narra el concejal presidente del distrito, Tomás Serrano, un barajeño de toda la vida. Él nació apenas 15 días antes de la anexión de la villa a Madrid. "Para estudiar el bachiller nos teníamos que ir del pueblo, pero el autobús llegaba hasta Canillejas y había que ir andando hasta allí. El aeropuerto condicionó mucho el crecimiento del distrito -de las 4.230 hectáreas del distrito, 2.700 son del aeródromo- y muchas de las operaciones urbanísticas tuvieron que hacerse como compensación a los vecinos por este hecho".

Una barrera urbana
Y es que decir Barajas es decir aeropuerto, o casi. Hoy el aeródromo es un gigantesco nudo de comunicaciones entre continentes que acoge dos vuelos por minuto y 50 millones de pasajeros. Sin embargo, su actividad se remonta casi un siglo. La aviación como medio de transporte comercial irrumpió en 1919 en España. En 1929 el Gobierno decidió adquirir una extensión de 164 hectáreas ofrecidas por Rogelio Sol Mestre en el municipio por un precio de 731.000 pesetas. El proyecto inicial corrió a cargo del arquitecto Luis Gutiérrez Soto y el Marqués de los Álamos. Los primeros edificios aeroportuarios son uno de pasajeros, un centro médico y un chalet de la Compañía Española de la Aviación. En 1936 ya tenía la primera pista. Tras la Guerra Civil se reanudaron los vuelos comerciales con Iberia. Se estudia una primera ampliación, que se realiza entre 1943 y 1951. Su crecimiento marcó la expansión urbanística de Barajas. Las servidumbres aeroportuarias supusieron expropiaciones y demoras en los planeamientos hasta que se redactó el primer informe citándolas en 1948. Se convirtió en la barrera urbana del Oeste de la ciudad. Aunque la legislación era estricta en cuanto a la construcción en las zonas más cercanas, se permitió en el área anexa al Capricho.

Era el Capricho la joya de la corona del nuevo urbanismo que se venía gestando desde la posguerra para el noreste de la ciudad. El Ayuntamiento pretendía crear una ciudad satélite con viviendas económicas, rodeadas de espacio agrícola y un anillo forestal. Su epicentro era el Parque de los Duques de Osuna, que iba a hacer las veces de Retiro, aderezado con la instalación de un hipódromo. El eje que vertebraba este nuevo Madrid era la actual avenida de Logroño. La carretera de Aragón esbozaba lo que sería la A-II. El crecimiento urbanístico desde entonces fue inexorable.

"La Alameda de Osuna fue la primera zona que evolucionó porque se planteó como la gran ciudad dormitorio de Madrid", explica el edil. Nuevo Madrid fue la primera inmboliaria que quiso hacer una operación de calado, muy vinculada con la nobleza de la época. Fracasó por su enorme proyecto y vendió el suelo a los bancos. Cantabria recogió el testigo y se hizo promotor principal del crecimiento del barrio. Vinieron cooperativas como Bareco, Brezo, Transfinsa y Crossa. Campa el desorden urbanístico y se construyen bloques de pisos de alturas desordenadas. Muchos de ellos sin recepcionar todavía por el Ayuntamiento. Un motocine y la embajada de República Dominicana, donde la familia de Trujillo mataba golondrinas con pistola e iba a misa en un Jaguar descapotable, eran los principales hitos del barrio. En el otro extremo, el Parque del Capricho sufría el olvido como plató de cine (de Marisol a películas de terror) y el castillo de los Zapata era apenas un vestigio de lo que fue.

Una carta a los Reyes Magos
Andrés Martínez, activista histórico de la asociación de vecinos Alonso de Ojeda (Afao) y miembro de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, vive desde hace 36 años en el barrio. Narra como los vecinos chocaban una y otra vez contra el desinterés de la administración. "Siempre que íbamos a pedir ayuda, tomaban nota y no hacían nada. La carencia de equipamientos era muy profunda. No había casi de nada y lo que había estaba muy saturado. Cuando nos convertimos en distrito independiente y solicitamos al Ayuntamiento las infraestructuras que estaban previstas, el concejal nos dijo que más que planeamiento eso era una carta a los Reyes Magos", comenta. Poco a poco, la lucha vecinal fue surtiendo efecto. Contra el ruido de la terminal de carga recibieron dobles ventanas y la promesa, aún incumplida, de desterrarla a otro sector. Eso sí, hubo que desfilar en pijama por las pistas. También hubo que marchar por la antigua vía de la gasolina para ganarle el pulso al Estado, que quería convertirla en una autopista de cuatro carriles entre Paracuellos y el aeropuerto. Al final fue el Ayuntamiento intercedió y se transformó en una vía verde, coronada con el Metro.

Mientras el protagonismo se lo llevaba la Alameda, el casco histórico de Barajas crecía a un ritmo mucho más lento. Tuvo que cambiar el nombre de las calles y empedrar la plaza de los Hermanos Álvarez Falcó, vestigio franquista en época de leyes de Memoria Histórica. Los nombres celestes expresaban su entrada en otra dimensión: la de la capitalidad. Calles estrechas que compartían espacio con nuevas urbanizaciones que crecían poco a poco. A pesar de su extensión, se sigue pensando como un pueblo. "Voy a Madrid", explicaba una señora a Madridiario al coger el autobús 115. Fue el núcleo taurino de la zona del Jarama (Las Ventas aparte) hasta 2008, cuando los rigores presupuestarios hicieron que se eliminasen los festejos. Barajas pueblo sigue siendo el motor espiritual del distrito. Las fiestas de la Soledad, en el mes de septiembre, siguen congregando a miles de fieles en la iglesia que se erige sobre la A-11.

El barrio del Aeropuerto creció en 1958 sobre suelo no edificable reservado a la construcción de viviendas del Plan de Urgencia Social, más allá de la A-2. Las irregularidades de la inmobiliaria Roiz fueron continuas. El alcantarillado era incompleto y los vecinos tenían que utilizar el arroyo de Rejas, que circulaba al descubierto, hasta que se tapó como consecuencia de las riadas. El alumbrado público se instaló en 1969; las goteras y las grietas eran la causa de desalojos de urgencia. Tuvo que hacerse un plan de rehabilitación de urgencia que no dejó espacio para zonas verdes ni dotaciones. La calidad de la construcción continúa siendo deficiente. El Ayuntamiento aprobará presumiblemente este mes de noviembre el plan especial de remodelación del barrio con el acuerdo de los vecinos.

Un parque simbólico
"Corralejos era eso, una zona llena de corrales. La gente andaba sobre el barro y no había prácticamente nada", indica Martínez. La primera urbanización comenzó en 1941, de manos de uno de los grandes promotores del distrito Joaquín del Soto Hidalgo. Pero los lotes de suelo no se venden hasta mucho después. Comenzaron los realojos y urbanizaciones, creándose dos bloques diferenciados por nivel económico. Actualmente, es el lugar más caro de la zona. Coronales se desgajó como una junta de compensación propia y está en pleno desarrollo. Lo mismo pasó con Timón y el Casco histórico de Barajas. Se construyeron la colonia Iberia (actual Loreto) y Juan de la Cierva en 1955 como viviendas para gente modesta. Su estructura en forma de cortijos tardó en consolidarse en el entramado del resto del distrito, siendo objeto de rehabilitación hace una década.

En esa acera de la avenida de Logroño se ideó en 1982 un parque suburbano en la zona del Olivar de la Hinojosa. El Ayuntamiento adquirió 418 hectáreas de tierras de labor con 6.000 olivos sobre los que se creó el Campo de las Naciones, que aglutinó el Recinto Ferial, el Palacio Municipal de Congresos, un parque empresarial, un campo de golf y un enorme parque.

Ifema se creó en 1979, tras 4 años de acuerdos entre la Cámara de Comercio e Industria, la Diputación Provincial, el Ayuntamiento de Madrid y Caja de Madrid. Fue la primera organización ferial de España. No fue, sin embargo, hasta 1987 hasta cuando comenzaron las obras de urbanización del nuevo Recinto Ferial, inaugurado en 1991 por el Rey. Entre 1999 y 2002 fue objeto de una primera ampliación, que añadió dos nuevos pabellones, una nueva entrada y un nuevo centro de Congresos. La segunda llegó en 2007, en la que se añadieron otros dos edificios y un macroaparcamiento. Actualmente, el recinto se encuentra en proceso de ampliar sus dependencias por tercera vez. Hoy son más de 90 las ferias anuales que se celebran con una ocupación de 1,4 millones de metros cuadrados netos de exposición y 4,7 millones de visitantes. Factura aproximadamente 180 millones al año.

El Parque de Juan Carlos I fue proyectado por los arquitectos Emilio Esteras y José Luis Esteban. 12 hectáreas llenas de simbolismos de raíces antiguas: pirámides como atalayas para contemplar el paisaje; el agua en lagos y canales como transmisor de pureza y serenidad; y el círculo como la representación de la perfección y articuladores del paseo.

Actualmente, Barajas tiene 45.967 vecinos, de los que 14,43 por ciento son inmigrantes. Es el distrito que genera más riqueza para la ciudad y la región. Y es que el aeropuerto e Ifema mueven gran parte del negocio de la ciudad. El aeródromo emplea cada día a 54.000 personas, 9.000 más de las que viven el distrito, y representa el 13 por ciento de la riqueza generada en la Comunidad. Ifema genera el 1 por ciento del PIB de la región y sustenta a unos 40.000 trabajadores entre empleos directos e indirectos. También poseen uno de los entornos de crecimiento urbanístico más importantes del norte de la capital, al acoger parte de Valdebebas y el ensanche, uno de los remanentes de suelo para vivienda protegida más importantes de la ciudad.
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