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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Madrid, 1919: la ciudad subterránea
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(Foto: Chema Barroso)

Madrid, 1919: la ciudad subterránea

viernes 17 de octubre de 2025, 08:00h
Actualizado: 19/11/2025 18:53h

Madrid, 17 de octubre de 1919. Ese día, Alfonso XIII inauguró oficialmente el Metro de Madrid. Bajo tierra, entre azulejos blancos, templetes de hierro y vagones de madera, nació una ciudad paralela que cambiaría para siempre el ritmo de la capital. El silbato sonó en Cuatro Caminos, el reloj marcó las diez, y Madrid aprendió a moverse sin mirar al cielo.

La idea del ferrocarril metropolitano había surgido en 1917, impulsada por Miguel Otamendi, Carlos Mendoza y Antonio González Echarte. La concesión se otorgó a la Compañía Metropolitano Alfonso XIII, y las obras comenzaron con una promesa escrita en pintura: “Inauguración: 17 de octubre de 1919”. Cumplieron. Ese día, la primera línea conectó Cuatro Caminos con la Puerta del Sol, pasando por Ríos Rosas, Iglesia, Chamberí, Bilbao, Tribunal y Gran Vía. Un trayecto de 3,5 kilómetros que se recorría en menos de 10 minutos, tres veces más rápido que el tranvía. El billete costaba 15 céntimos, y se vendieron más de 56.000 en la jornada inaugural.

Los primeros vagones, fabricados por Carde y Escoriaza, General Electric y J.G. Brill, eran rojos por fuera y blancos por dentro. Tenían asientos de madera barnizada, ventanillas pequeñas y bombillas que apenas iluminaban el espacio. Las puertas se abrían manualmente, y el traqueteo metálico se convirtió en la nueva música de la ciudad. La velocidad máxima era de 55 km/h, aunque en la práctica se mantenía en torno a los 30.

El diseño de las estaciones fue obra de Antonio Palacios, arquitecto del Palacio de Comunicaciones y el Círculo de Bellas Artes. Palacios concibió el metro como una experiencia estética: bóvedas recubiertas de azulejo blanco biselado, franjas de cerámica sevillana, templetes de hierro y cristal en Sol y Gran Vía, y accesos monumentales con barandillas de granito. Quería que descender al subsuelo no fuera agobiante, sino moderno y luminoso.

Los madrileños que bajaron aquel día vestían como para ir al teatro: hombres con sombrero de hongo y bastón, mujeres con vestidos largos y sombreros decorados. En Cuatro Caminos, obreros con boina se mezclaban con damas de mantilla. Era Madrid en tránsito, entre lo castizo y lo eléctrico.

Tal día como hoy, Madrid no solo inauguró un transporte. Inauguró una forma de vivir la ciudad. Bajo tierra, entre azulejos y vagones, comenzó la historia de una modernidad que aún recorre sus túneles.

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