Co
mo bien dice Yolanda Guerrero en la nota de autor de su libro Los días ligeros, “hay un lugar en Madrid de otro tiempo y otro mundo que sigue en pie, tan espléndido como antaño lo fue”, un espacio donde la jet set madrileña del siglo XX chapoteaba en la piscina mientras se tomaba uno de sus cócteles favoritos, iba al gimnasio o al frontón y jugaba a los bolos. Se trata del selecto club Stella, ubicado en la calle Arturo Soria del barrio de Ciudad Lineal, una infraestructura vanguardista que Guerrero describe como “un arca de Noé encima del monte Ararat después del diluvio” al tratarse de un “enorme barco blanco” que parece “estar varado sobre una colina” en las primeras hojas de su novela.
Este espacio atesora un gran atractivo turístico por su arquitectura, dimensiones e historias de aquellos personajes que caminaban por sus rincones en búsqueda de libertad y jolgorio, en pleno del franquismo. Músicos como Machín o Cugat, aristócratas, personalidades del mundo del cabaré, jugadores de fútbol como Di Stefano e, incluso, estrellas de Hollywood como la actriz norteamericana Ava Gardner, fueron algunos de los bañistas más distinguidos del Stella.
“Ava Gardner bajaba por las escaleras laterales de la piscina Stella con su bikini cuando en España todavía estaba prohibido. Dentro del Stella se podían hacer cosas que no se podían hacer en el resto del país. Fue el primer lugar donde se utilizó el bikini, se hizo toples o, incluso, nudismo”, confiesa Guerrero.
Sin embargo, en nuestros días, este espacio es desconocido para muchos madrileños, que no han oído hablar de él ni de su historia y “ni siquiera es escala en ninguna ruta turística”, lamenta Guerrero en las primeras páginas de un libro que se enmarca en ese Madrid de 1952 y que tiene a la Piscina Club Stella como uno de los principales escenarios del relato.
Los días ligeros narra la historia de tres jóvenes (Sara, Amparo y Julia) provenientes de diferentes estratos sociales que se conocen en el “oasis de modernidad y glamour” de la recién inaugurada piscina Stella. “Cuento la historia de tres amigas desde que tienen 15 años dentro del Stella. Quería reflejar el papel que tenía este lugar, sobre todo, cuando fue creado, que ofrecía un refugio de libertad en medio de la posguerra”, afirma la escritora.
De esta manera, la piscina Stella se convierte “en un personaje más de la novela” donde “pasan cosas”. “Las protagonistas dicen en la novela que el Stella es un lugar en el mundo y eso es lo que yo quería mostrar (...) El Stella es un lugar maravilloso lleno de jardines, restaurantes, patios y pistas de baile”, señala Guerrero.
Además, aprovechando la presencia de personajes como Ava Gardner en el Stella, Guerrero pone a “trabajar” a todas estas celebridades en su trama, contando algunas curiosidades sobre su estancia en el club, aunque la escritora también ha tenido que tirar de imaginación. “Ava Gardner era uno de los personajes asiduos a la piscina, el Real Madrid de los 70 también acudía allí con frecuencia y luego hay otros personajes que me invento porque no tengo constancia de que acudieran allí, aunque es muy probable”, apostilla. Personajes como los Duques de Winsor o el propio Donald Trump, que era amigo de varios condes y marqueses españoles que visitaban este lugar.
Un recuerdo de niña
Guerrero creció escuchando anécdotas de la Piscina Club Stella. Su madre, que había visitado el espacio en más de una ocasión, le hablaba de “aquel lugar de la capital madrileña al que había que llegar en coche y tranvía porque estaba alejado de la ciudad, pero donde podías bañarte, ir a la peluquería y bailar”. A la pequeña Guerrero todo aquello le maravillaba y le parecía como “una película de Sissi Emperatriz” y cuando vinieron a vivir a Madrid, en la época de los 90, lo primero que hicieron fue visitar aquel lugar que “ya no estaba tan lejos de la ciudad”, aunque sigue siendo “impresionante de ver”.
Su madre hablaba con “tanta pasión” de la Piscina Club Stella que Guerrero ya plasmó algunas de estas anécdotas en su primera novela titulada El huracán y la mariposa, historia que contaba con un personaje inspirado en su progenitora y que fue una primera aproximación a este selecto club. “Siempre me quedé con ganas de investigar más sobre la piscina”, confiesa la escritora y fruto de esa exploración nació ‘Los días ligeros’.
El 30 de mayo fue el lanzamiento de esta novela que ha tenido una “acogida magnífica” por parte de los lectores y ya cuenta con una segunda edición. Lo que demuestra que a la gente “le gusta conocer la historia de nuestro patrimonio arquitectónico”. Además, según la escritora, descubrir estos espacios a través de una novela es mucho más interesante que hacer con un reportaje, ya que permite unir la verdad con la imaginación.
Aunque las tramas de Los días ligeros son ficticias, Guerrero quiso ser fiel a la realidad del Club Stella. Con este fin, la escritora contactó con sus dueños, que fueron “extremadamente generosos” con ella y le dieron permiso para entrar y documentarse de aquel lugar del que guardaba un buen recuerdo. “Me he empapado del espíritu del Stella”, sostiene la escritora.
En esas visitas, la novelista de Los días ligeros pudo comprobar el paso del tiempo en un pino situado al borde de la piscina, el cual era de un pequeño tamaño cuando este selecto club abrió y ahora ya “es altísimo”, pero también el “gran esfuerzo” por parte de los propietarios para conservar el edificio y los jardines. “Los dueños han gastado muchísimo dinero en mantener este espacio durante tantísimo tiempo”, asegura.
Ahora parece un buque varado que se asoma a la M-30, pero sus paredes se levantaron 30 años antes que la carretera de circunvalación. En 1947, el arquitecto Fermín Moscoso del Prado proyectó este edificio en una finca propiedad de Manuel Pérez-Vizcaíno.
Piden la declaración BIP
Con la intención de conservar este patrimonio arquitectónico, el Ayuntamiento de Madrid incluyó este edificio dentro del catálogo de protección con nivel 3, grado parcial, una decisión que se tomó en 2011 “ante una posible venta y rehabilitación”.
Once años después y coincidiendo con el lanzamiento del libro Los días ligeros de Yolanda Guerrero, el PSOE ha propuesto catalogarla como Bien de Interés Patrimonial (BIP). La socialista Adriana Moscoso ha elevado un ruego en la comisión de Cultura, Turismo y Deporte para instar a la Comunidad de Madrid a que comience los trámites necesarios para que la piscina sea declarada BIP.
La edil socialista ha descrito este "ejemplo claro y raro en el país y en la ciudad de arquitectura racionalista". Fue cerrada en el año 2006 y protegida a través de un Plan Especial de 2011 con un nivel 3 de protección, "lo que supone una protección solamente parcial", mientras que sus jardines han recibido un nivel de protección 2. "Es una joya desde el punto de vista arquitectónico y paisajístico", ha insistido.
Los socialistas quieren que la Comunidad declare la piscina bien de interés patrimonial y, a partir de ahí, "iniciar los trámites que sean precisos para que o bien se restaure o bien pueda ser adquirida por el Ayuntamiento". Esta segunda opción es por la que se decanta el PSOE.
Moscoso ha destacado "el valor patrimonial y paisajístico indubitado de este edificio y de su ubicación, pero también que es historia de Madrid".
"Durante la dictadura, el Club Estela era uno de los pocos lugares en España donde se podía respirar cierta libertad, donde se colaba una rendija de modernidad: las mujeres podían usar bikini, incluso hacer topless, Ava Gardner se paseaba en bañador y allí se daba cita el mundo cultural de la ciudad. Era un icono, una prueba de que se podía vivir de otra manera, con tolerancia y sin miedo. Ya solamente por eso no deberíamos permitir que se olvidase y que desapareciera", ha argumentado.
Unido a que Madrid "es la ciudad interior con menos piscinas de verano por habitante". Aquí tienen una oportunidad de incorporar una nueva dotación única. París lo ha hecho con sus piscinas históricas cubriendo dos necesidades; ampliar los servicios deportivos a la ciudadanía y preservar el patrimonio histórico de la ciudad. Sigan el modelo de París", ha animado Moscoso.
Una medida que la autora de Los días ligeros ve con buenos ojos, ya que es "necesario proteger lo que es nuestro y la Stella forma parte de nuestro patrimonio esencial" y "no solamente por lo que representó en su momento", sino por estar en la Ciudad Lineal proyectada por Arturo Soria. Sin embargo, en la otra cara de la moneda se encuentra el Ayuntamiento de Madrid, que considera que "la Piscina Club Estela tiene protección suficiente".