Uno nunca sueña que lleguen días así, pero lo cierto es que no se puede luchar contra el tiempo. ‘Contra todo pronóstico’, Joaquín Sabina (1949) se despedirá de los escenarios el próximo año. Así lo ha anunciado a través de un comunicado donde ha afirmado que quiere saludar -y despedir- a su parroquia por última vez, antes de bajar el telón. Pondrá fin a medio siglo defendiendo las canciones que se han convertido en himnos de innumerables generaciones. El trovador incansable, el poeta de la melancolía, el superlativo cantautor, jubilará su faceta de trotamundos guitarra en ristre, celebrando su propia supervivencia con un último convite de despedida.
Pero de lo que nunca podrá jubilarse Sabina será de su oficio de poeta. Tampoco del de creador nocturno. Eso nunca podrá quitárselo de encima. Con 'Hola y Adiós', el que llegó a Madrid en la etapa de la transición española, colgará los guantes de piel de poesía y guitarra trasnochadora en este trayecto final que denomina como un "nocaut emocional" donde asegura tocar "una veintena larga de temas que son ya plegarias universales". Tendrá como inicio el próximo mes de febrero de 2025 y, durante once semanas, recorrerá Estados Unidos y Latinoamérica, siguiendo su rumbo en España y Europa hasta el mes de noviembre. Además, Sabina volverá, aunque no lo recomiende, a los lugares en los que ha sido feliz. De modo que se espera que el genio de las letras vuelva a la Plaza de Toros de Las Ventas, o al Wizink Center, donde ya se quitó esa maldición que le perseguía.
Una vocación maldita
Joaquín Ramón Martínez Sabina, más conocido como Joaquín Sabina, nació el 12 de febrero de 1949 en Úbeda, Jaén. Desde temprana edad, influenciado por los gustos literarios de su padre, mostró un gran interés por la literatura y la música. Se matriculó en la Universidad de Granada para estudiar Filología Románica, pero sus ideales antifranquistas lo llevaron a involucrarse en movimientos políticos de izquierdas, e incluso perteneció al Partido Comunista. Su padre, comisario, recibió la orden de detenerlo por su ideología, por lo que tuvo que buscar asilo en Londres, donde le permitieron residir después de realizar una entrevista en Daily Mirror, donde publicó que en su vuelta a España le esperaría la pena de muerte.

Durante su estancia en Londres, Sabina se ganó la vida de diversas formas: desde camarero hasta vendedor de artículos de segunda mano en el mercadillo de Portobello Road. Fue una etapa crucial para su formación artística, ya que la ciudad le brindó un ambiente de libertad y creatividad que no había experimentado en la España gris franquista. Sabina comenzó a frecuentar círculos de exiliados y artistas bohemios, donde tuvo la oportunidad de pulir sus habilidades como músico y compositor. Escribió allí sus primeras canciones, influenciado también por la música anglosajona. Tocaba en pequeños bares y clubes donde fue ganando la confianza que requiere un escenario y defendiendo un estilo que ha perdurado hasta hoy.
Un regreso a España con un repertorio brillante
Tras la muerte de Franco en 1978, Sabina regresa a su país natal con una nueva perspectiva sobre el mundo y un repertorio de canciones bajo el brazo. Entonces decidió quedarse en Madrid, donde no sólo había oportunidades, sino donde también podría conocer a sus escritores favoritos. Ese mismo año lanzó su primer disco "Inventario", que aunque no tuvo gran impacto comercial marcó el comienzo de su carrera. Fue en los años 80, con su tercer álbum, "Malas compañías", el que lo catapultaría a la fama. Con canciones emblemáticas como "Pongamos que hablo de Madrid", Sabina logró captar la atención del público y la crítica. Este exilio inicial fue el preludio de una carrera prolífica y llena de éxitos.
A lo largo de su carrera, Sabina ha lanzado más de quince álbumes de estudio, convirtiéndose en una de las figuras más importantes de la música española. Su estilo único, que combina rock, rumba, tango y bolero, junto con poéticas y crudas sobre la vida, el amor o la sociedad, ha calado hondo en un público fiel que le sigue a todas partes. Canciones como "Y nos dieron las diez", "Princesa" y "Calle Melancolía" son consideradas clásicos en nuestra música actual. Paralelamente a su carrera musical, Sabina ha publicado también algún libro de poesía y ha colaborado con otros artistas.

La vida personal de Joaquín Sabina ha estado marcada por episodios de excesos y dificultades de salud. En 2001, sufrió un infarto cerebral que lo mantuvo alejado de los escenarios por un tiempo, y en 2020, se cayó del escenario durante un concierto en el Wizink Center de Madrid, lo que le provocó múltiples lesiones. A pesar de estos contratiempos, Sabina ha continuado creando y actuando, demostrando su pasión y compromiso con su profesión. Aunque ya no nos queden 500 noches juntos, lo que está claro es que este último baile será el punto y final a una trayectoria de leyenda.